La marioneta que no veía los hilos

El cuento es de un clásico, trata de una marioneta que se creía águila, sentía que volaba con autonomía, no veía, o mejor, no quería ver los hilos que la gobernaban. Por supuesto, cada momento metía mucho la pata, o quizá deberíamos decir, las alas que no tenía. El final del cuento es triste, la marioneta se enreda con los hilos que no ve.

El cuento es aleccionador para los políticos que no se ubican en el tiempo que les tocó vivir, que son absorbidos por un bloque geopolítico y no lo perciben. Hablamos de los políticos menores, los que se creen independientes cuando en realidad son meras piezas de madera de un gran ajedrez donde ellos no tienen arte ni parte; los grandes políticos tienen vida propia, independiente, soberanos más allá de la declaración. Fidel es un ejemplo de político grande, como escribió el Che:

"He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días"…

Es así, los estadistas, los verdaderos dirigentes, brillan en su actuación; las marionetas se enredan en los hilos de sus propias falsedades. La crisis del Caribe, es saludable recordarlo, fue un enfrentamiento entre los dos bloques de aquella guerra fría, el bloque Soviético y el bloque capitalista gringo. Fidel hizo valer en esas circunstancias de peligro atómico para la humanidad su dignidad soberana, la Revolución Cubana se irguió entre las dos potencias con su decoro y su independencia.

Hoy el mundo es diferente, más hipócrita, más imperialista, los enfrentamientos son solapados, disimulados, la farsa sustituyó al drama de aquellos días. La guerra fría está presente, pero con más temor: el mundo capitalista es un frágil tejido planetario, lo que pase en un mercado (antiguos países) repercute en todo el globo.

Los rusos y los chinos se "enfrentan" a los gringos y a los europeos, en el medio de estos dos bloques está el resto de los países, amarrados por los hilos mezquinos de la guerra fría, sólo los grandes pueden escapar a esa lógica.

Esta semana en la ONU se escenificó un episodio menor de esta guerra fría acobardada: la refriega, la toma de fuerza, fue entre los dos bloques geopolíticos; la excusa, el gobierno de maduro, darle un barniz de respeto a los derechos humanos. El resultado fue la evidencia de los dos bloques. Casi con precisión milimétrica, los dos bloques se repartieron la influencia en la ONU, escasos votos separaron los resultados. El madurismo canta victoria, dicen que vencieron a los gringos; los rusos y los chinos, como buenos diplomáticos conocedores de los intríngulis de la guerra fría y de la realidad del capitalismo, no hacen bulla, callan.

El país mal conducido por este gobierno queda sujeto al bloque ruso-chino, perdió autonomía, no tiene política internacional propia, y la política nacional se basa en la mentira y la improvisación de los ignaros. Es así, la suerte del país reside en Moscú y en Washington. La tarea de los revolucionarios es rescatar la soberanía perdida, la internacional y la nacional.



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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