El caballo vallo de Roberto Malaver

Vea usted pues que sin ir a extra inning, Roberto Malaver, no pudo montarse en su caballo bayo y se monto en el otro en el -vallo- que muchos piensan y se olvidan que la bola se va, se va y se fue de jonrón y él ni se enteró por ir mal montado disfrazado de stradivarius que hoy cuesta conseguirlos y más que todos tocarlos, pero como al mejor cazador se le va la liebre ésta vez fue dentro del estadio esperando un dopleplay que no llegó y que hizo que el juego se viera pésimo que hasta nuestro bachiller no pudo graduarse esa noche de buen deportista como si estuviera en la AN levantando las manos como político oposicionista que, lo que no se aprueba queda en veremos y éstos son otros tiempos que la oposición manda con Guaidó sin estar en la ANC.

A veces la bola de pimpón pasa de un lado para otra mientras que, la raqueta espera, y mire que lleva años esperar porque unos y otros se pongan de acuerdo y, así el papá de Margot deja de fastidiarnos con esa tiradera de puertas que a veces asusta y, más si cojea sin fuerza ni voluntad de que otro aguante la puerta que, semana tras semana pareciera que se le va a salir un vozne y él ni se da cuenta por cada zafarrancho que coge por sus compañeros, pero como la vida continúa y los políticos se multiplican como pollitos de diferentes plumaje -de allá y de acá- que cada años hay más y todos bien pulimentados, no así el caballo blanco amarillo que monta Roberto Malaver que no es vallo, a no ser que lo haya pintado como se pinta en los partidos políticos, a ver si de verdad le sale un bayo que ése si mantiene su color, aunque la cola pueda ser blanca como negra y, siempre hay que tener cuidados con ellos que a veces tumban a la gente y, después para levantarse cuesta, sin muchas ganas de hablar.

Lo que pudo ser un juego perfecto sin carreras, ni bases por bolas, todo un público pendiente que camarón que se duerme se lo comen los turistas, todo despiertos y el bachiller pendiente que la pelota es redonda y en cualquier momento lo vea alguien y, entonces sí, se acabó el juego perfecto, un espectador fue visto fuera muy lejos de donde debía estar y entonces si que había que montarlo en un caballo vallo y pasearlo por Nueva York que a lo mejor no lo veían, se vuelven invisibles que ni los medios están pendientes de reportar y, el otro día por haber dicho que las cosas iban de mal en peor, pero que, en cualquier momento llegaba el desempate y, Venezuela como siempre y, por Tacarigua pasaron dos palomitas volando y, a veces hasta el cansancio nos somete y nos quedamos sin vista y no vemos bien los colorea, aunque el amarillo, azul y rojo, están fijos en la mente que hasta soñando los vemos como son.

Se me antoja que esta noche alguien soñara que está en Oslo o, quizás en Barbados, menos en los Estados Unidos que son los que nos quieren someter y si está viendo un juego de béisbol que lo disfrute que en sueños se ve mejor, pero como los políticos son incontrovertibles quien quita que mañana que será sábado la luna amanezca en Venezuela y podamos ver, no montados en un caballo vallo, que estemos donde estemos hay que tener arrogancia de ser venezolanos, aunque Trump nos quiera cambiar, pero en las buenas como en las malas el que lleva la pelota más lejos no implica que vale más, sino que batea más y, ellos saben mucho del juego de pelota, y echar una canita al aire de vez en cuando no cae mal, aunque se sea un pobre bachiller con poder.

¡Ay, Roberto Malaver!, como decía Luis Herrera: animal que no conozcas no le jurungues el rabo, aunque tengan cuatro patas y sea blanco amarillo que bailando y cantando en paz en paz viviremos, no importa donde estemos, total, de algún mal nos quejaremos siempre que haya lugar como decía, Sancho.



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Esteban Rojas


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