Venezuela entre la guerra y la paz o entre Trump y Maduro

De la reunión del inmoral Grupo de Lima con los Estados Unidos, el pasado 06 de agosto para tratar la crisis de Venezuela, solo salió humo negro para inundar a Venezuela de una gran oscuridad, terror y caos, en vista de los fracasos desesperados para sacar del poder al presidente Nicolás Maduro. La última orden de Trump a su títere Juan Guaidó no tuvo éxito cuándo éste convocó a la decaída Asamblea Nacional a aprobar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), cuya decisión que fue revocada por el TSJ de Venezuela, ya que el país no forma parte de este tratado desde el año 2013, por su carácter vandálico belicista de los EE.UU. En este sentido, la amenaza sigue latente hasta que el imperio no logre su objetivo de sacar a Maduro por la fuerza. Es parte de una guerra que se viene librando contra el país, cada vez peor. Que sepa el mundo que los venezolanos estamos viviendo un bloqueo económico que no se compara con la historia de ningún país, supera en su conjunto al que ha sufrido el valiente pueblo cubano durante más de 60 años. La nueva amenaza desde la oficina del ilegítimo de Trump, que en esencia es una acción contra el pueblo venezolano, es una medida que consiste en un embargo económico total, cuya orden tendrá lugar un reforzamiento de todas las acciones de prohibición a cualquier relacionamiento con el Estado venezolano, por parte de cualquier empresa en suelo estadounidense o que esté relacionada con este país. Esta medida impone el embargo a los bienes del país (de todos los venezolanos), que se encuentren en territorio gringo, como PDVSA, CITGO; por lo tanto, extensiva la aplicación de la medida sancionatoria a cualquier individuo u organización que sostenga operaciones comerciales o preste cualquier tipo de respaldo al gobierno de Venezuela; es decir, la medida ilegal afecta a todos los venezolanos, porque los activos del Estado venezolano que se encuentren dentro y fuera de nuestro territorio no son del presidente de la República, en todo caso él es el administrador de la Hacienda Pública Nacional, más no el propietario de nuestros bienes; nos pertenece a todos en colectivo y esto lo sabe la oposición pero prefieren el guión de su amo, indicando que solo afecta a Maduro.

La ultraderecha venezolana, el Grupo de Lima y Donald Trump pretenden llevar a Venezuela al camino de la guerra por el petróleo. Nosotros debemos escoger entre la guerra y la paz, o entre Trump y Maduro; entre Trump y la Patria, o mejor dicho entre la guerra de Trump y la Patria en defensa por el petróleo, por lo que es nuestro. Hoy el imperio nos ataca para continuar con el saqueo que no concluyó el imperio español. Su falso positivo es continuar con la etiqueta “hasta que cese la usurpación del dictador Maduro”, porque mata a la gente por falta de alimentos y medicamentos. Siendo así las cosas, la guerra es entonces contra Donald Trump y Maduro, la representación del Opus Dei contra los que se revelan por el sistema capitalista; la barbarie contra el humanismo de los pueblos, el reinado de la oscuridad de la imposición contra el despertar de los pueblos; el poder económico mundial contra el progreso de los pueblos oprimidos. La oposición apátrida apoya a Trump, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras apoyamos a Maduro. Sin embargo, no es necesario ser chavista para apoyar a Maduro en esta coyuntura, es necesario ser Bolivariano, consciente de la batalla que se enfrenta, haciendo respetar la honra de nuestros libertadores; no siendo genuflexos ante el imperio porque de rodillas solo nos tendrán rendidos y entregados jamás, porque somos hijos de una gran gesta histórica que venimos de vencer a un gran ejército español que se vanaglorió de ser el más fuerte de todos los ejércitos y los derrotamos, lo que hay que tener es dignidad. Si la ofensiva es contra Trump y la Patria de Bolívar, sigo apoyando a mi Patria, porque no quiero a mis niños y mis niñas en una jaula para luego ser violados; mi Patria es primero porque hay que ser sencillamente inhumanos para querer un país destruido como Siria, Irak, Afganistán, Haití o Libia; quiero mi Patria libre de imposiciones ficticias como el dólar que penetró en nuestra economía para dividirnos y crear más hambre, miseria, haciéndonos creer que existe un sueño americano que va a liberar a los que viven en el “patio trasero”. Defiendo a mi Patria ante el genocida de Trump porque, a pesar de la traición del Grupo de Lima, lucho para que nunca les toque el turno de este tipo de guerras que vivimos a ninguno de estos pueblos, seguro en algún lugar del planeta otros buitres quieran decidir su futuro.

Tomo las palabras de Rómulo Gallegos de su primera novela “El último Solar” en 1920, reeditada luego en 1930 con el nombre de “Reinaldo Solar”: lo decía el brasero sin oficio, el industrial y el comerciante que se afanaban en un trabajo ímprobo, el capitalista que veía en peligro su hacienda, el intelectual que atesoraba los más puros valores espirituales y vivía temeroso de encontrar un día violentada y prostituida su riqueza. Es necesario escapar… Más adelante, en una encendida discusión de Reinaldo con su amigo Antonio Menéndez, éste esgrime: “¿A ti te parece que el deber de nosotros es la expatriación? Yo opino lo contrario. Creo que nuestro deber está en quedarnos aquí, para sufrir con todo el corazón la parte que nos corresponde en el dolor de la Patria, para desaparecer con ella, si ella perece; para tener la satisfacción de decir más tarde, si ella se salva y prospera: yo tengo derecho a este bienestar porque la compré con mi dolor”. Hoy Rómulo Gallegos nos eriza la piel con esta memoria viva a través de su letra. Yo, parafraseando a Gallegos, digo “No es necesario escapar. Nuestro deber está en quedarnos aquí para luchar con el corazón, con la vida, la parte que nos corresponde por la Patria, la que me dejó Bolívar hasta no dejar descansar su brazo ni su alma; la que amó Manuela Sáenz como si fuera suya; la que me enseñó a cantar Alí Primera para defenderla contra los que quieran manosearla; la que me enseñó a amar Chávez de defenderla hasta con mis ovarios, la que defiende Maduro porque es su compromiso con nuestros ancestros, la que protege nuestros indígenas, nuestros niños, campesinos y los trabajadores, porque nuestra tierra es cuna de valientes; incluso, la que dejó los que no lucharon porque tuvieron miedo, porque fueron víctimas del dolor de la guerra, para ellos también es esta Patria y la nueva Patria que formaremos; para cantar en una sola voz “Gloria al Bravo Pueblo”, la América toda existe en la Venezuela unida, ganamos la libertad con nuestra constancia, con nuestra unión, con el orgullo de ser diferentes en nuestras ideologías, pero con el abrazo de nuestra Patria bajo la estirpe de ser Bolivarianos. Los que queremos Patria queremos la Paz, pero si para obtenerla es necesario hacer la guerra, la haremos hasta que nazca el Alba de la libertad.


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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración

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