¿Matar, matar para qué?

La muerte siempre está cerca de los venezolanos, aunque por lo general nadie tiene la facultad de no morir. En nuestro país si te quedas mueres y, si te vas mueres fuera, es como si la muerte se apoderó de los venezolanos que somos como el plato fuerte del día a día y, el que no, queda en lista de espera y, por más que se hagan la cruz que la CEV enseña como salvación al más allá, escaparán ellos por santos, pero los demás vivientes no tienen a qué atenerse al no tener santo ni seña que los salve.

Y, el lema que más se oye es: ¡no quiero morir, no quiero morir! Pero nadie nos salva, nadie nos oye, ni Trump que nos quiere tanto, tanto como Pompeo a Guaidó que está más seguro que el mismo Maduro que, le tienen unas ganas y por allí anda con su marca alrededor tratando de sobrevivir para que otros vivan que, los que escapan de los yanquis, la muerte los persigue sin importar que Bachelet que tanto se preocupa por nosotros como los parias que somos de mal vivir que, ni los colombianos nos quieren, aunque tienen su gran negocio por los desplazados que valen dólares y, para esos menesteres de una vida menos, no la toman en cuenta y, mire que ella sufre en el alma por los venezolanos, lo que no hace el papa Francisco que nos incluye en sus oraciones domingueros que desde el Vaticano pide clemencia y nadie lo oye.

Y Guaidó que es otro que reza por nosotros por alcanzar el poder, aunque es presidente, no tiene fuerza que lo sostenga y de marcha en marcha se preocupa más de lo que debería por nosotros y por nuestra muerte, porque con él viviríamos mejor sin tener que pedir ayuda humanitaria y en su peregrinar de autoproclamado ni el cielo lo oye y, como un obstinado que es el único en el país que no le teme a la muerte pues, ni la debe ni la teme, es el ejemplo más convincente de lucha que gracias a Trump nos cayó como nuestro salvador, que por él se implican a morir otros que ni idea tienen de su liderazgo que, será de muchos años mientras los gringos vivan.

Y es que la muerte está en cualquier rincón del mundo donde habite un venezolano, no importa su sexo, ni su edad, ni su raza, ni su condición social, todos somos unos desprevenidos que vivimos pensando en la muerte pues, el hambre acosa, el peligro por la inseguridad es terrible y terrible es también que te agarren preso que, no se sabe si te van a mandar para el otro mundo de paseo y, si llegara a suceder, por lo menos: el fiscal general se preocupa de solicitar una investigación, porqué, muere el venezolano dentro, porque fuera no puede hacer nada, por ser caso de Trump o de Bachelet o, de ambos, si el muerto vale la pena como caso político que desacredite al dictador que no puede ser Guaidó que, siendo presidente, sin fuerza no mata ni manda a matar a nadie que, mejor prefiere esperar para arrasar con los chavista que presos irán, pero no como políticos, sino como malos activistas que no han sabido hacer con él ni en las buenas ni en las malas, haga lo que haga, que lo mismo da y, el fiscal general no tiene fiscales programados para tal caso y desde hace tiempo es un caso cerrado.

Ahora bien, cuando de morir se trata, mejor es morir de muerte natural que de muerte desconocida y, más cuando hay organismos del Estado supuestamente implicados en muertes rara que a los venezolanos les pueda suceder, estén o no implicados en actos terroristas por realizar, pero después de muerto nadie habla, claro sino habla en el más allá que, puede ser en el Paraíso o en el infierno o, a través de los espíritus trascendentales que siempre vagando en el espacio andan.

Pero como dice la canción: yo quiero morir en Venezuela con el cuatro en el corazón, fuera sale caro y, nadie sabe dónde lo van a enterrar y, mire que después de muerto es que uno vale, en vida no, porque la vida siempre es sufrimiento pues, sufre el que vive y, sí se es pobre más ligero y, el que se va es por mala vida en busca de mejor vida y mejor vida después de muerto que, es cuando dicen, fulano pasó a mejor vida y se fue del infierno que ahora es Venezuela que, para vivir sufriendo, sino tiene como de qué pensar o, es de mal pensar piense en otra cosa y, no piense en la muerte que eso no es vida que, la vida está en otra parte y, el que vive bien morirá con gusto a dónde le dé la gana que se sabe donde se nace, pero no donde nos van a enterrar, ni cerca ni lejos de Venezuela que, la muerte asecha estés donde estés y, morir de un susto tampoco es bueno.



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Esteban Rojas


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