La izquierda, ¿Ha fracasado en Sudamérica?

El fracaso del abrazo revolucionario en el Sur, viene plasmado en un constante elemento de enfrentamiento y negociación de nuestras riquezas hacia países nórdicos y europeos. El vaticinado problema de la gobernabilidad, derivado de esto, ha sido relativamente controlado por el período de bonanza económica que atraviesa el país, sobre la base de una muy baja carga impositiva a la producción ganadera y agrícola, el endeudamiento estratégico creciente aún controlado y la inflación dada o contenida, con la consecuencia de un nivel de desarrollo humano y de inversión en bienestar social muy bajos. Según el informe del Banco Mundial para el Sur, los países atraviesan un período de crecimiento muy próspero, pero bajo socialmente, un criterio significativo cuando se convierta en un modelo inclusivo y sustentable.

La Venezuela, de las oportunidades económicas se sostiene sobre la división y la expulsión social, cuyo problema se percibe tanto en el mercado laboral, con una proliferación de trabajo informal, como en el acceso a la salud, con un sistema público muy desfinanciado. Esto se ve complejizado por un sistema de retiro y jubilación de muy baja cobertura y una pobreza que hace alrededor de cuatro años que viene evolucionando.

Estos procesos políticos en el Sur, abren el interrogante respecto de la representación y de la idea de que la sociedad civil organizada puede modificar decisiones de la élite de gobierno, hipótesis parcialmente corroborada por los casos en los que, presión popular mediante, se logró remover de sus cargos a funcionarios con causas comprobadas de enriquecimiento ilícito y malversación de fondos. Casos del Perú y Brasil. Argentina en cierto modo.

El contexto de derechización del discurso político, la insistencia de los argumentos en contra de la diversidad sexual y las mujeres, y la política internacional antirregionalista posicionan a Brasil, Chile, Argentina y Colombia en las antípodas del progresismo, como un presidente conservador que dirige un país con crecimiento económico ininterrumpido por 15 años y que se enfrenta a una sociedad que está aprendiendo nuevas formas de protesta, para complementar aquellas ya arraigadas en sus prácticas de resistencia.

La industria del petróleo viene deformando nuestra economía y la sociedad se convulsiona ante ese recurso determinante para el mundo. En un principio dio lugar al chavismo que se ha mantenido hasta el presente con suficiente arraigo popular bajo el tutelaje militar en el gobierno. Si bien Chávez intento un golpe militar previo, aceptemos que llegó al poder mediante el voto popular, habiendo desarrollado una gestión muy importante desde el punto de vista de la conquista de las voluntades populares con su asistencialismo económico, de salud, educación y cultura.

El gran problema del presidente Maduro, es su total dependencia de los militares, cuando somos un país netamente democrático, acatando todo lo que dicen y paga con todo tipo de benéficios, a su vez, hagan lo que les de la gana en las alcabalas cobrando una porción de dinero soberano a cada ciudadano que papeles en regla transita por las vías del país, o sea, en su propio territorio.

Espero, que la reunión en Noruega sea positiva y, se vea muy bien lo que representa el populismo. Necesitamos una relación cierta entre sociedad y Estado, donde los partidos políticos se asienten en su capacidad de contener afinidades ideológicas, abriendo espacios en los elementos que conforman un debate incorporar actores, cuya participación sea necesaria para conformar un nuevo espacio público

La ciudadanía aspira a un cambio radical en el gobierno progresista y, que los funcionarios den razones de peso sobre su realidad geopolítica. Las criticas positivas o negativas hay que dejarlas atrás y se debe reforzar la representatividad en el Congreso Nacional con nuevas elecciones libres, claro, con un Nuevo Consejo Nacional Electoral, (CNE).

Venezuela debe deshacerse de sus disonancias cognitivas, especialmente de aquellas que tanto daño nos hacen en política y valores, recordando nuestra historia. Debemos recordar las épocas de dictadura, cuando el voto no tenía cabida; debemos recordar lo difícil que es levantarse después de una crisis económica; debemos recordar la revolución para alcanzar la igualdad social; pero, sobre todo, debemos recordar y reconstruir el orgullo nacional, no con base en organismos internacionales o a ideologías contradictorias. Más bien, desde la legalidad y la legitimidad; desde la intención de tener una Venezuela próspera, con compañerismo entre venezolanos. Todos los demás buscan intereses propios.



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Emiro Vera Suárez


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