Bailando en un tusero

—Paisano ¿ha oído los rumores?

—Cuál, ¿la canción de Wilfrido Vargas? ¿Aquella del Venao?

—Bueno, esos son otros; pero no nos vamos a meter en esas honduras.

Me refiero, a lo que se dice por hay.

—No, no he oído nada; porque he estado ocupado con otras cosas.

Pero cuente, eche pa´fuera.

—Bueno, unos dicen que todo estaba listo para el día del comienzo de la cruz de mayo. Ya, y que estaba todo cuadrado.

Bien planificado.

—Siga contando, porque tengo que atender un racimito de plátano que tengo en el patio.

—El pájaro y que estaba calentando las alas. Y la primera, por allá en Placido Domingo o Santo Domingo, ahí tengo confusión.

—Ah bueno, la cosa estaba adelantada entonces.

—¿Adelantada? Ya cuadrada en sus últimos detalles.

—Qué más dicen.

—Bueno, palabreao el asunto con el tocayo de apellido, con el mestizo y el jefe de una casa. El asunto era que se iba.

—Y aquella lo esperaba allá.

—Así mismo.

—¿Y qué pasó que no se concretó el negocio?

—Al que tira los dados, cómo que lo habían dejado por fuera y con todos los cables pelaos. A lo que se enteró, empezó a llamar de madrugada al mestizo.

Fue él primero que salió para donde Jacinta, fue el que dejaron por fuera. Asustado y que estaba.

—Y quién no. Que lo dejen como la guayabera.

—Aquel hombre asustao llamando a medio mundo, lo que estaba era defendiendo el pellejo. Porque lo que estaba era bailando en un tusero.

Y estoy convencío que al tocayo lo mandó para donde están los pájaros. ¿Qué tenía que hacer ese hombre allá? Sí hay no hay nada que buscar.

—Eso es verdad. A mí, le confieso, me olio raro esa jugada.

Mucho alboroto para enconcharse después.

—Eso mismo lo pensé yo.

—Y el hombrecito ese.

—Quién.

—El tocayo de apellido. Esos son curruñas, y se pusieron de acuerdo para esfaratar el negocio. Y lo lograron.

Los catires estaban que echaban candela. Y rumoran que el mestizo pidió una boloña de plata, como todo trampero.

—Y qué más va a hacer. Si ese y los otros no saben hacer más nada. Solo viven de la trampa.

—Ahora el negocio está cero a cero, como en el futbol. Yo creo que la cosa va a ser por penalti cantado. Atrincherao y que está el hombre.

—No va a estar. Ni la mama lo quiere ver.

—Mentira no es. Ni espejos tiene para no verse la cara el mismo. Lo que se rumora es eso.

Otro dicen que los osos y que no lo dejaron salir. Pero, esa versión no la creo porque ya esos tienen lo suyo asegurado.

—Desde hace rato. Esos saben hacer buenos negocios, no como estos que han entregado hasta el alma de uno.

—Y usted ¿para cuándo cree que esté amarillo ese racimo de plátano?

—Yo le doy hasta julio. Desde que lo vi abrirse, dije éste está listo para julio.

Lo querían hacer tostones para estos días.

—En ese caso, lleva mucho aceite o manteca de la buena.

—De julio no pasa el muérgano. Cuando esté amarrillo se cae solito. Ahora lo que rondan son unas abejas, a ver que chupan.

—Hay que esperar, porque a cada cochino le llega su sábado.

—A pues, no lo va a saber el marrano. Si cuando se acerca diciembre se pone remolón.

—Para la próxima, el tocayo no salva al de los dados. Ese debe estar negociando en serio, porque pá dónde va a coger con esa pata hinchá.

—Bueno, voy a ver el racimito; no vaya hacer que algún muchacho lo sabanee.

Mientras tanto apriete.



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Obed Delfín


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