Días de abril, días de furia...

Cada vez que recuerdo esos "azarosos" días, me asaltan millones de
preguntas que aún no logro responder. Me asalta el asombro, el temor, la
incertidumbre. Me asalta la sinrazón.

Cómo explicarme, cómo explicar a Venezuela, cómo explicar ese pedazo de
historia que nos partió en un antes y en un después, que no termina de
llegar, porque abril ha sido un largo mes que no concluye, porque en
diciembre, volvimos a estar en abril, con su carga de terrorismo mediático,
con esa sensación de que el país se nos caía a pedacitos como un frágil
cristal y, casi lo sentía: plin-plin, y ahora sé que no era metafórico, era
real: en uno de esos días, nuestra producción y nuestra exportación
petrolera llegó casi a cero.

Cómo entonces, decía, abordar el transcurrir de estos 365 intensos días,
inmersa en medio de este largo enfrentamiento de baja intensidad, como
alguna vez lo definió Chávez, si la memoria no me falla. Cómo abordarlo en
medio de esta absurda guerra contra Iraq que hoy conmueve al mundo -o a casi
todo- y que nos hace sentir que el hombre, mil años después, no ha aprendido
nada ¿Cómo?

En abril, un gran número de venezolanos sufrimos algo que solo conocíamos
por referencia, pero ahora nos tocaba vivir: un golpe de estado. En mi caso,
la historia más inmediata era el golpe contra Allende, que lo sentimos y los
padecimos como si nos pasará a nosotros. Pero nunca es igual. Chile nos
marcó y dejó en nosotros la convicción de que algo así jamás debería pasar
aquí, pero como siempre, la realidad supera a cualquier imaginación. Lo que
vimos y sentimos esas 48 horas fue un abreboca de lo que hubiésemos vivido,
de no haber regresado el presidente Hugo Chávez, de haber triunfado la
carmonada.

Los días previos al golpe, la tensión era de tal magnitud que hasta dormir
era una odisea, sin saber, sin tener idea de qué República tendríamos
cuando despertáramos. Más de una vez tuve casi la certeza de que no
amanecíamos y recordaba la frase de Cabrujas cuando afirmaba que Venezuela
era como una equivocación en la historia, en el sentido de que aquí pasan
muchas cosas que escapan a cualquier explicación medianamente racional, cómo
sino es así, entender lo que pasó y lo que pasa: este intento fascista de
acabar con un gobierno que ha sido legitimado en más 7 proceso electorales,
irrespetando todo: constitución, voluntad popular, instituciones,
legitimidad, todo. Cómo si no es así, entender el acto irracional de querer
acabar con Venezuela. Cómo si no es así, entender que la oposición no sepa
diferenciar entre Estado y Gobierno, destrozando y arrasando nuestra
industria petrolera, lo más vital de nuestra economía ¿Cómo?

Luego vino el 13 de abril, maravillosa fecha, que nos enseñó una de las más
intensas lecciones de dignidad y valentía que nos ha sido dada vivir. Ver
cientos, miles de rostros, congregarse frente al diario Panorama (en
contraste con el resto del país, que se reunió frente a la plaza Bolívar) en
un gesto de intuición sinigual, sin ningún tipo de convocatoria previa,
superando a cualquier dirigencia, sabiendo que la historia no había
terminado, que apenas comenzaba, que la estábamos escribiendo y que,
además, era totalmente inédita. La historia universal de los golpes de
estado no registra nada similar, por lo menos en América Latina: el regreso
al poder, en menos de 48 horas, de un presidente derrocado. Tal vez tenga
razón Ramonet cuando afirma que Venezuela siempre ha tenido un rol precursor
en la historia.

Hoy, a 12 meses de esas emociones tan encontrados, sé que hay muchas
lecciones por asimilar, pero creo que una de la más importante es que la
voluntad popular debe ser respetada por encima de todo, que debemos
esforzarnos por entender lo que a favor de la República se fragua
diariamente a lo largo y ancho de esta tierra de gracia, ante lo cual hace
falta conocer y entender a estos nuevos saberes, sin gríngolas, ni
cortapisas. Ese es el verdadero reto, comprender (comprendernos) a Venezuela
a la luz de estas nuevas realidades, de estas nuevas circunstancia,
entendernos a nosotros, que ­después de abril- ya no somos los mismos.

Morelis Gonzalo Vega
Periodista
Maracaibo-Venezuela


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Morelis Gonzalo Vega


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