Asidero

Guaidó, ¿ Un hombre para el diálogo o la desesperanza.?

El sistema político venezolano jamás abre sus espacios sobre la discusión de la plurinacionalidad y, en cambio utiliza todos los recursos de los que dispone para imponer sus contenidos del discurso de la gobernabilidad, necesitamos con urgencia conectarlos movimientos sociales que se encuentran desconectados del sistema político para dar un debate en una sola dirección, aquélla de la gobernabilidad. No es normal el ambiente actual de nuestra sociedad. Si hace unas décadas había una cultura que crecía de no-violencia, hoy la cultura que crece sin freno es la de la violencia. Basta con leer la prensa o escuchar la radio cualquier día para pensar quedarse en su casa y no salir. Además de las conductas delictivas violentas, que siempre han existido, nos encontramos cómo la violencia abarca muchos entornos cotidianos.

Resulta que andan muy airados los empresarios venezolanos y, la vieja dirigencia de la MUD, (Coordinadora Democrática). Es que la economía esta en desaceleración por el bloqueo estadounidense que, afecta a todos por igual y, los sueldos de los empleados como obreros se queda achicados y, nadie puede invertir o arreglar sus cosas. Es que la agenda que se aplica, jamás puede generar un cambio en mi país de origen, dando una imagen que ya somos damnificados sociales.

Las consecuencias las sufren aquellos que tienen empleo, y pueden perderlo, o los potenciales trabajadores que se quedan sin esa opción. Los ciudadanos, vamos. Así, ante la evidente impotencia que crea hablar con interlocutores que actúan cual columnas, ya han paralizado planes de futuro, o los han modificado con intenciones más prudentes, de contratación e inversión, que irán a peor ante sus peores augurios. En definitiva, más incertidumbre que obliga a la austeridad. Ya saben lo que viene después. O sabemos, lo que viene.

Somos corresponsables todos de la sociedad, no vale ponerse de «perfil», tampoco vale simplemente el concepto de paz, como concepto vacío de falta de violencia física, pues eso es dejar la sociedad en manos del más fuerte, la ley de la selva. Y veo, eso es lo que representa Guaido, la destrucción del país, más allá de nuestra sensibilidad y lo que vemos a diario en nuestros adolescentes y ciudadanos que van a los hospitales a recibir una sola respuesta, hoy, me entere que una pastilla que de vez en cuando ingiero, ya cuesta 10000 bolívares y hace un año, su costo era de doscientos bolívares.

Cuando hablo de PAZ, con mayúsculas, es cuando está basada en valores de justicia, libertad y no-violencia, nunca del miedo o la fuerza. Esta paz se ejerce como estilo de vida de una manera educacional, racionalidad y la convicción de que es lo mejor para vivir en la sociedad los seres humanos. Una convicción que puede partir del primer no-violento de la historia, Jesús de Nazaret, que indicó que había que poner la otra mejilla, o desde una ética humanista. Ante esta cultura de violencia, vislumbro que está el dios dinero, sino qué sentido tiene la guerra fría armamentística que estamos viviendo en el mundo.

Si Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Alemania, simplemente se gastaran un tercio menos de su gasto en nuevos barcos y aviones militares de última generación, se podría acabar en todo el mundo la epidemia del hambre, la falta de agua potable y la depuración de aguas residuales. Tampoco tiene sentido aquí en nuestro país que, por índices de audiencia televisivas, que se convierten en dinero en publicidad, cómo la información de la violencia se ha trasformado por el morbo por la violencia, reiterándose imágenes inútiles de violencia, acostumbrándonos a ver como normal lo anormal. En este ámbito, omito adjetivos con tanta programación de películas y series, a cualquier horario, cargada con «salsa de tomate» y donde uno se puede preguntar, ¿quién es más violento el bueno o el malo?

No es cuestión de leyes ni de tener un policía en cada esquina; es cuestión de recuperar valores como son los de tolerancia, respeto, diálogo. La reacción sensata es que cada uno, se eduque en sus actitudes y trate de trasformar su entorno más cercano, cambiemos el rumbo de la sociedad, no sólo por nosotros sino por las generaciones juveniles, infantiles y las que vendrán.


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Emiro Vera Suárez


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