Maduro no es Walesa ni polaco

Plantear alternativas al margen de la Constitución Bolivariana es un desafío cargado de violencias, es lo que caracteriza a la oposición nacional e internacional en su marcha nupcial, en su contubernio, acá en Venezuela; dejar andar la perniciosa matriz de que Maduro es dictador y nosotros quedarnos de brazos cruzados, no develar a tiempo esa burda aseveración en su maléfico contexto sería como admitir que este pueblo es bobo por elegir así, de eso se trata, llamar dictador a Maduro es ofender a millones de venezolanos que limpiamente lo hemos elegido.

Le toca al Estado, en primer lugar, ir al fondo de esa cosa y meter en cintura a quienes osen por ese camino antes de que sea un segundo tarde y sustanciar su explicación más allá de ello y a pesar de ello, para que sirva de escarmiento, de disuasivo.

En segundo término le toca a los demás, tribunales, ejecutivo, pueblo, en sentido lato, y no sé en que orden de prioridad particularmente, pero tenemos que asumir nuestra responsabilidad de hacernos respetar especialmente por parte de la contaminada comunidad internacional que acosa a nuestro gran país.

Contra nosotros, el pueblo venezolano, se han volcado en sistemático ataque el diablo y toda su gente desatando mil calamidades pero focalizados en la persona de Maduro como para tratar de simplificar la cosa pero en el fondo el feroz ataque imperialista es contra el soberano pueblo venezolano que ha decidido ser libre de tutelaje y dueño de su propio destino, pero no han podido, digamos que contra Maduro, como para entrar en esa corriente, y por algo ha de ser, simple lógica, Maduro ha dado, pese a toda esa avalancha de mierda gringa, acertados pasos en la dirección correcta porque si así no hubiere sido el pueblo no lo hubiese elegido y reelegido, así de sencillo, así de simple.

Afortunadamente Maduro no es Walesa ni polaco, nosotros los trabajadores tampoco somos unos Walesas ni somos polacos, que lo sepan todos; Maduro ni nosotros tampoco somos de anime ni colombianos en su acepción menguada, de modo que ni la OTAN ni el Vaticano ni el imperio estadounidense podrán torcernos el brazo, digamos que torcerle el brazo a Maduro, quien nos representa en su condición de Presidente Constitucional de nuestra República Bolivariana de Venezuela soberana y libre de tutelajes allende y aquende.

Tratamos de apreciar la realidad del mundo que nos rodea y también del más lejano; así que calificar de dictador a Maduro, de manera arbitraria, viene a ser, escarbando el fondo del asunto, un tácito reconocimiento de que Maduro se afianza firme en el liderazgo de la revolución bolivariana, porque es Bolivar su creador originario, y a pesar de tanto golpe, de tanta guerra en contra, Maduro avanza y eso le da culillo al Pato Donald y a toda su gente, bien pato es Donald si cree que él va a poner su pata acá, y nosotros vamos a recibirlo de brazos cruzados.

Para ellos, el Pato y todos sus lambeculo, la política deja de ser claramente una vía para resolver los problemas del pueblo y se convierte en otra vía pero para adelantar sus mafiosos planes personales; nuestra revolución ha resistido demoledores ataques pero avanza, quizá muy lentamente en estos momentos debido a la batalla feroz pero, avanza.

El cartel de Lima -¡qué vergüenza! - habla de transición pero si hemos de tomarles la palabra digamos que la única transición posible aquí en la soberana patria de Bolivar y de Chávez ha de ser hacia la dictadura del proletariado en oposición a la dictadura de las élites lo cual es el subterfugio de esos lambeculo del referido cartel.

Toda realidad anda en permanente transformación pero en un proceso revolucionario la cosa anda o debe andar de prisa, salvo situaciones coyunturales que entorpecen dicha marcha hacia el bienestar de todo el pueblo; a diferencia de los procesos conservadores del "statu quo" tal como en los Estados Unidos donde rige una Constitución que data de ¡dos siglos!, y que es contentiva de apenas siete artículos de prédica mohosa, lo que hace pensar que esa patria amerita de una constituyente popular o en caso contrario, pudiese perecer aplastada bajo su propio peso, algún día.

En Venezuela, en cambio, rige una súpermoderna Constitución de apenas menos de veinte años y ya está en proceso de revisión para readaptarla a la vertiginosa cambiante realidad; como se puede inferir, se trata de la confrontación de dos modelos ejemplares en el mundo, uno opresivo, esclavista, derrochador y otro humanista, revolucionario y bolivariano, ¡a cual más a cual menos!

A eso le teme el imperio. Que la ley no debería ir a la zaga del empuje de la realidad es un axioma incontrovertible. Estas precisiones que para muchos pudiesen pasar inadvertidas tienen mucho que ver para fortalecer la información acerca de las perreras del Pato Donald en contra de nosotros.

La OTAN, el Vaticano y Trump pueden abrigar la certeza de que Maduro no es polaco ni Walesa, -¡fo! - o viceversa, por lo que no se bajará los pantalones ante ellos; obrero sí es, y qué maravilloso es ser obrero, qué bueno es uno poder dar ocupación a nuestras manos callosas.

La rigidez del pensamiento e íd, obvio, en el hacer, es un obstáculo para comprender; no existe escritura ni oralidad perfecta así como tampoco existe un modelo de hombre sea o no presidente, tampoco existe, a mi modo de ver, un modelo de sociedad perfecta, y tampoco percibo que exista un instrumento confiable para medir la conducta de las personas, uno se guía al ojo por ciento, a la machimberga, cuando pretende evaluar una cosa o un fenómeno, y de eso está llena la visión política; yo no veo a Maduro como el non plus ultra pero ese es el presidente que nosotros escogimos y debemos hacerlo respetar por todos y especialmente demandamos respeto de esa fracción de la comunidad internacional que juega a la guerra contra Maduro, que es decir, contra nosotros el pueblo venezolano.

Saber lo que está sucediendo es entrar en ritmo con la vida, en el caso que ocupa, con la vida de Venezuela y la asunción del poder por parte de maduro, ante el Tribunal Supremo de Justicia, es nuestra determinación y de nadie más; así que provocar a un pueblo que tiene una espinita clavada por dentro, es peligroso para quien ose seguir provocando.

Vamos al combate con la idea nada quimérica de que Chávez sigue hablando al pueblo venezolano.




 



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Guillermo Guzmán


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