Adiós Kino Táchira adiós Reyes Magos

Los venezolanos mantuvimos durante 50 años una fe increíble en los juegos de envite y azar. La Lotería de Caracas, la Lotería del Zulia, la Lotería del Táchira, y posteriormente la Lotería de Oriente, ocuparon la atención de la radio cada noche a las 7:45 pm, porque Radio Rumbos, Radio Continente, La Voz del Torbes, Radio Mundial Margarita, Radio Nueva Esparta, Radio Oriente, Radio Carúpano, La Voz de El Tigre, entre otras tantas del interior del país, revelaban los triples ganadores. En los mercados y calles deambulaban los vendedores de tickets, y proliferaron durante décadas los kioscos dedicados a la venta de periódicos, revistas, gacetas hípicas y loterías. También las rifas de supercherías se guiaban por los terminales de las loterías, de manera que muchas doñitas rifaban desde una gallina patona hasta una bacinilla de peltre, con unos talonarios que expendían en las librerías. Con la excusa de comprar los periódicos hoy inexistentes, compraban igualmente la lotería.

Influyó en ello la aparición de un mecanismo depredador del bolsillo maltrecho de nuestra economía. A los raspaítos y lotos quits de antaño, se sumaron las empresas de los animalitos, sumando cada una de estas ramas del envite y azar hasta seis sorteos diarios. Las loterías de los números realizaban apuestas a las 10 am, 1 pm, 5 pm y 7:45 pm. Un exabrupto. Ninguna suerte humana aguanta cuatro golpes en un día, y en el caso de los animalitos, había que jugarse toda la fauna de la carambola para pegar un perro, un león, un gallo, un conejo, o pegarle un tiro a un venado. La suerte se iba volando cada mañana, cada tarde y cada noche. También nuestros bolívares devaluados y escasos.

Por ello, la suerte de los venezolanos desapareció. Se nos fue la suerte. Murió la suerte. Quizás por ser una hija solapada del capitalismo la mató el socialismo mismo. Para las niñas pobres era una suerte casarse con un rico, y para un campesino de hato era una suerte casarse con la viuda millonaria. Hasta los otrora suertudos trabajadores de Pdvsa eran demandados por hermosas damas porque ganaban bien y brindan mejor; pero hoy nadie da medio por ellos. Las damas huyen de los trabajadores de Pdvsa por arruinados.

La Lotería del Táchira ideó el Kino Táchira en los años noventa.

Eso significó una fiebre, y "pegarse el Kino" fue sinónimo de iluminado, de bendecido, de hombre rico y poderoso. Hasta un vendedor de cochinos de Pariaguán apodado "Zurrapa" se hizo merecedor de la fortuna, y cambio los marranos por negocios de licores y otras empresas, hasta que esa misma fortuna, a decir del vulgo, maldita y pavosa, se esfumó y sobrevino la ruina, la pobreza y la muerte. Estigma que los viejos de antes asocian siempre al dinero habido de manera fácil o sin trabajo.

El sorteo televisado del Kino Táchira era una fiesta ilusionista, que a pesar de parecer boba y falsa, encantaba a grandes y pequeños. Maestros de escuelas, profesores, estudiantes, amas de casa, comerciantes informales, pescadores y agricultores, choferes de líneas por puesto y locutores y periodistas acudían al circo dominical en procura de los 15 aciertos para sacarse "el pote", el "acumulado". Ese acumulado se convirtió en un sistemático engaño, en una falsa. Una rimbombante animadora y actriz de postín gritaba eufórica: "¿Hubo o no hubo ganador con 15 aciertos? ¿Hubo o no hubo ganador con 15 aciertos?.... Señores, NO HUBO GANADOR!!!… Y el Kino se acumula para 300.000.000,oo"… "El cartón de mañana será de color violeta, salgan a comprarlo".

La Lotería del Táchira y su correspondiente Junta de Beneficencia Pública, como lo fue también en la isla de Margarita la Junta de Beneficencia del Super Cuatro, mostraba a enfermos y ancianos, tullidos y griposos que recibían modestos cheques para suprimir sus males. Todo eso pavoneado con una bondad plástica y lágrimas de cocodrilos que nos incentivaban a comprar kinos por toneles. Pero un día nos cansamos de la falsa y por fin en diciembre de 2018 se declaró la quiebra absoluta del famoso sorteo. ¿Culpa del gobierno? ¿Consecuencia de las medidas económicas y de Dólar Today? ¿Culpa de la mala suerte? Tendrán los sociólogos que indagar razones. Yo me voy por el camino más expedido, y creo que una buena camada de venezolanos nos dimos cuenta que éramos bien pendejos, y dejamos de probar suerte en ese saco sin fondo. Lo mismo pasó con los animalitos, el juego de los caballos, los pool, los raspaítos y el Triple Gordo. Con esos juegos no se come ni se engorda. Además, nuestra pobreza crítica colectiva no soporta esos desagües. De paso, no hay dinero en efectivo para derrocharlo precisamente en la guillotina del juego de azar.

El Niño Jesús y Los Reyes Magos aparecieron degollados en esta navidad de 2018. Los regalitos del gobierno vía Consejos Comunales y Claps no bastaron. Los juguetes, escasos y costosos, se sacrificaron por un cartón de huevos, un kilo de arroz o un kilo de carne. Tres meses de aguinaldos de un trabajador con salario mínimo no alcanzó para alimentar a cuatro miembros del núcleo familiar durante una semana. Ni zapatos ni pantalones, ropa interior ni medias se pudieron adquirir. Fueron muy pocos los juegos artificiales que se dejaron sentir la noche del 24 y la noche del 31 de diciembre. El pueblo andaba muy triste en las calles, resignados, como rebaños conducidos al matadero. Dio lástima presenciar este espectáculo. Las palabras de aliento, salidas de las catacumbas del alma, no eran menos pesarosas: "Estamos vivos y eso es lo importante, pero fíjese, todo lo que cargo encima esta roto y viejo. No pude comprar ropa ni para mis hijos. Hoy me acuesto temprano".

La falta de pernil y hallacas, panetones y pan de jamón no fue lo que hizo tristes y pasmosas nuestras recientes navidades. Fue la carencia absoluta de acceso a bienes y servicios elementales lo que creó la pesadilla interior, el vacío interior y la derrota interior. Perdimos la fe en todo. En Niños Jesús y en Nicolás Maduro, en Reyes Magos y en Asamblea Constituyente, en el Año Nuevo y el Nuevo Gobierno del 10E. Todas las suertes se esfumaron. No tenemos fe en nada. Aferrarse a la vida como única consolación, con el pretexto un poco insulso de que "vendrán tiempos mejores", no basta porque los comercios chinos remarcan tarde a tarde los productos de consumo masivo "polque el dólar subió a mil". E salario de un profesional con doctorado es de apenas 13 dólares mensauales, y el de un obrero con salario mínimo es de 4,5 dólares. ¿Culpa de la guerra económica? ¿Culpa de los boliburgueses y corruptos del gobierno? ¿Culpa de Dios o del Diablo? ¡Por favor!...

Toda persona sensata debe suprimir de sus hábitos las apuestas de loterías, sean las que sean y prometan lo que prometan; además, debe dejar de lado los vicios de tabaco, cigarrillo, alcohol y drogas. Debe dejar de lados los placeres, incluyendo las amantes siempre costosas y exigentes, las dobles fachadas sexuales y centrarse en la pareja y la familia. No por asuntos de ahorro, pues nadie ahorra nada, sino por criterios de gastos y costos. Por la sobrevivencia. Tampoco pudimos viajar porque viajar resulta imposible.

En menos de cuarenta días las cooperativas que ofrecen servicios de "carritos" entre Puerto La Cruz y Maturín, Puerto La Cruz y Cumaná. Puerto La Cruz y Caracas o Puerto La Cruz y El Tigre, por ejemplo, cuadruplicaron sus precios sin que exista ninguna normativa legal que lo justifique. Sólo la directiva de cada línea se toma semejantes atribuciones basados en el dólar paralelo, los costos del parque automotor y la hiperinflación. Las cooperativas de transporte de El Tigre hacia Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz, Maturín, Anaco o Pariaguán aplicaron tarifas depredadoras y malsanas. No parecen venezolanas estas personas. La idea del lucro va por encima de la idea del servicio. Y sus carros o unidades son verdaderas chatarras, ausentes de air bags, cinturones de seguridad o pólizas de seguros para el casco y los pasajeros. Si por mala suerte explota uno de sus cauchos lisos, y ocurre un volcamiento o un choque, estas empresas se lavan las manos como Pilatos. ¿Quién cubrirá los gastos médicos? ¡Nadie! Son más bien estafadores públicos.

Sin poder viajar y sin poder comer, sin poder bailar por falta de zapatos ni poder creer en la suerte, nuestras tristes navidades quedaron atrás como una mala ilusión. Parecen un botín de guerra aunque no huele ni a pólvora. Aunque nos quede la vida, eso no basta. Estos meses de enero, febrero, marzo y abril de 2019 serán muy difíciles para los venezolanos en términos económicos, y subsecuentemente en nuestras condiciones alimenticias, de salud, de sustentabilidad, pagos y medios de subsistencia.

Aunque el gobierno habla de período de cosechas, no hay nada más engañoso. ¿Qué vamos a cosechar en este verano? Que lo expliquen y demuestren. Una hambruna más bien grandooota es la que nos espera en el horizonte. Si alguien ve pasar los Reyes Magos este seis de enero de 2019 sobre sus lánguidos camellos, veámonos en las patas de esos míticos cuadrúpedos, y no paremos de sufrir, porque en Venezuela no hay ni agua potable, menos gas doméstico, transporte público ni cauchos para las bicicletas. Nuestros pies no aguantan ya de tanto caminar y si no terminamos en camellos en 2018, creo que se nos avizoran en el lomo las prominencias de la metamorfosis porque de seguro terminamos en camellos tristones o zamuros carroñeros del desierto en 2019. Nada bueno se ve en el horizonte. Es mi perspectiva, muy personal, muy sincera y muy dolida. No hay suerte que aguante tanta desidia. Ni cuerpo que lo resista.



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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