El inadmisible dilema de dos Nicolás Maduro

Cada vez que se compra algo en Venezuela se exacerba el enojo de los compradores, y es que no hay dinero que valga ante esa locura golpista de los comerciantes incrementando los precios de una manera alevosa, premeditada, concertada, en contra de las medidas de recuperación económica aplicadas por el presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros. Los aumentos se dan en efecto dominó, comienza uno, al mismo tiempo siguen los otros, y en cuestión de horas están todos cartelizados con los nuevos montos en bolívares soberanos o en dólares. Y ningún ser humano en la Patria de Bolívar escapa a este perverso cerco comercial que mantiene acorralado al pueblo.

Otra cosa es que esas alzas compulsivas están bien coordinadas y organizadas, no dejan alternativas, me explico: toman en cuenta los hábitos alimenticios del venezolano, y si aumentan la harina precocida, aumentan el pan, la yuca, los plátanos, los topochos; aumentan la carne, y aumentan el pollo, el cochino, el chivo, el carnero, el hígado, los riñones, la costilla, los huesos...

Si incrementan el precio del arroz, incrementan en la misma proporción la pasta, los granos, las verduras, las hortalizas, de tal manera, que el fin no es hacer incomprable un producto o algunos productos de la cesta básica, sino que no se puede adquirir el desayuno, el almuerzo, la cena, porque en esta guerra económica declarada por la oposición al pueblo venezolano en combinación con el imperio norteamericano, el objetivo es que la gente pase hambre y si muere es mejor.

Igual ocurre con las medicinas, sino todas, la mayoría de las farmacias aplican el mismo discurso, "estos fármacos son importados" y colocan al enfermo entre el dinero y la muerte. Y la gente se queja, pero si puede, paga, primero la vida. Ahora, los que no tienen plata, ¿cómo hacen?

Cualquiera se enoja con estos precios que injustamente muchos endosan a Nicolás Maduro, y cualquiera diría a simple vista que tienen razón, es el Primer Mandatario Nacional, el máximo líder de la revolución bolivariana, sin embargo, creo que antes de hacerse un juicio al respecto, debemos, sin sesgos ideológicos, ni políticos, ni partidistas, ni de ningún aspecto, plantear algunas consideraciones que en estos momentos formularé como una venezolana que, aunque lejos, sufre con su familia las consecuencias de la crisis.

Contamos con un Presidente que no deja de combatir esa dura situación, lucha todos los días, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, pero paralelamente tenemos un grupo de conspiradores apalancados por el imperio gringo, que igualmente batalla todos los días, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, destruyendo cada una de sus medidas, todo ese esfuerzo que hace con el propósito de llevarle bienestar al pueblo. Y eso debemos tomarlo en cuenta. Seamos honestos con nosotros mismos. Veamos lo que en realidad ocurre. Eso es una verdad que los enemigos llenos de odio, aunque niegan, no lo pueden ocultar.

Lo grafico de una manera sencillita: es como si un albañil está construyendo una casa y hoy pega cien bloques y en la noche, llega un enemigo y se los tumba, el albañil pega de nuevo los cien bloques y en la noche siguiente, el enemigo llega y se los vuelve a tumbar, de esa forma, es muy difícil que el constructor logre hacer la vivienda. Y eso ocurre con Maduro. Trabaja y trabaja intentando superar la crisis económica y los opositores que solo quieren el poder, llegar a Miraflores, están pendiente esperando cada una de sus medidas, para sabotearlas y evitar la construcción de la Venezuela que nosotros queremos y anhelamos.

No comparto, en consecuencia, que cuando el Presidente toma unas medidas que comienzan a surtir efecto y la gente siente los beneficios, lo aplaude, lo vitorea, lo glorifica. Ahora, cuando los enemigos se activan buscando la forma de perjudicar sus programas o proyectos, como ocurre actualmente con el plan de recuperación económica, no son capaces de discernir, entender, y enseguida lo critican, lo satanizan.

Entiendo la angustia, la desesperación, porque repito, aunque en la distancia, la vivo con mi familia, pero seamos conscientes y caigamos en cuenta de una vez por todas, que no tenemos un Nicolás Maduro bueno y un Nicolás Maduro malo, lo que tenemos es una oposición empecinada en un golpe de estado que siempre quiere dar al traste con los beneficios del máximo líder de la revolución.

En contra de esos enemigos de la Patria debemos enfilar los esfuerzos, para seguir derrotándolos, si pretendemos un país libre y soberano sin violencia, sin terrorismo, y sin la hegemonía del imperio yanqui.

No hay dos Nicolás Maduro, tenemos uno solo que trabaja por el pueblo que, a pesar de sus detractores en lo personal y como jefe del Gobierno bolivariano, hace esfuerzos por llevar una caja de comida a cada venezolano, de darles viviendas dignas, que quiere diálogo, que quiere paz, que cree en la tolerancia y el perdón, tenemos un Nicolás Maduro que es y debe seguir siendo el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el Presidente de esta Patria que nos dejó El Gigante Hugo Chávez. ¡A mucha honra!

lorenamavarez@gmail.com



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