¡No lo dejemos solo, el compromiso es de todos!

En el marco de este enfrentamiento, donde los poderes económicos hacen todo lo posible por obstaculizar el funcionamiento y desarrollo de este proceso revolucionario, uno de los frentes desde donde buscan quebrar la moral y la esperanza del pueblo es el económico, para lo cual se están valiendo de todas las armas a su alcance, incluyendo la utilización del pueblo contra el pueblo, ante la falta de control y vigilancia en el manejo adecuado de las normas de comercialización de los productos de consumo masivo en los sectores populares. Esta estrategia viene cumpliendo su objetivo ante el descuido y la falta de profesionalismo y responsabilidad, de quienes tienen entre sus deberes hacer cumplir las leyes que en esa materia viene creando el ejecutivo nacional. Bueno sería que los jefes de la guardia nacional, de la policía bolivariana, los alcaldes, gobernadores y la Sundde, se enteraran de que en las calles de Venezuela, la falta de autoridad ha dejado en manos de inescrupulosos y especuladores, a trabajadores y amas de casa, quienes se ven obligados a cancelar altos precios por productos que han sido regulados en acuerdos entre el Estado y los comerciantes, pero que la falta de humanidad y mentalidad social no les permite entender que deben ceñirse a estas normas, dejando de poner los precios que a ellos les da la gana, en desmedidas ansias de ganarse un dinero, sobre la base de golpear el ya menguado salario del trabajador y las amas de casa, que deben hacer milagros para estirarlo. Ante esta delincuencial conducta, debemos asumir que los comerciantes y transportistas le han declarado la guerra al gobierno, por lo tanto este gobierno debe actuar en consecuencia, y como corresponde a un Estado que esta obligado a proteger al pueblo de especuladores, agiotistas, acaparadores, malandros y usureros; para quienes los valores, la ética y la conducta ciudadana se mide por unos cuantos centavos demás, que pueda quitarle a un semejante, el que solo cuenta con su salario para llevar el pan a su hogar. Estamos llegando a donde hay que decir lo que corresponde y como corresponde, y hacer lo que hay que hacer. Ya quedó claro que no se puede dialogar ni concensuar con quienes no entienden de eso. El gobierno se reúne con los transportistas, acuerdan un pasaje que cumplen por unos días, luego lo suben por capricho. El gobierno se reúne con Fedenagas, acuerdan un precio y desaparece la carne. Así con los huevos, el pollo, el queso, etc, etc. Para como está planteada esta guerra, necesitamos asumir que nos enfrentamos a un enemigo que vende alimentos, medicinas, que transporta pasajeros, que maneja las finanzas y administra salud, que maneja la prensa mintiendo y manipulando. Vamos a asumir cada quien su responsabilidad .y no dejarle todo el trabajo que ello implica, a un solo hombre. Todos somos testigos del esfuerzo del presidente para campear este temporal, haciendo todo lo que se debe hacer en estos casos, tomando medidas, corrigiendo aquí, allá, mientras vemos como organismos con competencia en la materia, actúan por decir lo menos, de una forma que nadie entiende; por lo que es bastante notorio y muy comentado entre los sectores populares, por ser ellos las principales víctimas de estos desalmados. Por ejemplo, en la Plaza Pérez Bonalde de la parroquia Sucre, los bachaqueros libremente venden todos los producto Clap a precios altísimos; todo en presencia de la guardia nacional y la policía bolivariana, quienes de vez en cuando, detienen a un joven, le piden identificación, revisan su bolso y ya, mientras los sin gobierno, venden aceite, harinas, arroz, azúcar, y pare de contar. Los policías y guardias, bien gracias. Como todo sucedía ante nuestros ojos, no pudiendo aguantar la curiosidad ante cosa tan rara, preguntamos a los guardias por qué si está prohibido este tipo de comercio y estando ellos allí para poner orden, no actuaban; nos comentaron, que ellos no podía intervenir en eso, por órdenes de su capitán. Buscamos a la policía haciéndoles la misma pregunta, aquí las repuestas fueron evasivas, vacilantes y nada convincentes. Lo cierto de todo esto, es que no sabemos por qué no están haciendo su trabajo. No creemos que esta realidad de la Plaza Pérez Bonalde, la desconozcan los jefes de la guardia y la policía boliivariana; pues ha sido denunciada en programas de televisión de masiva audiencia, como la hojilla y cayendo y corriendo. Entonces señores Generales, gober nadores y alcaldes, ¿tendrá nuestro presidente que aparecerse un día en esta Plaza y arrodillarsele a los bachaqueros, implorándoles que dejen de robar al pueblo y burlase del gobierno? Este patebolismo ha logrado en parte el objetivo de enviar un mensaje muy negativo de que aquí no hay gobierno, porque en la calle, todo el mundo hace lo que le de la gana y no pasa nada. Es eso precisamente lo que busca el enemigo de la revolución, infundir el caos y la ingobernabilidad entre la población, quebrar la moral y la esperanza en los sectores y movimientos sociales. No sabemos si los encargados de velar porque se cumplan las leyes y normas, saben eso. Lo que sí estamos claros, es que no se ve que hagan mucho por ayudar al compañero presidente, en una guerra que no es solo suya, sino que es una pelea de todos, por defender nuestro derecho a ser libres y darnos el tipo de gobierno que querramos y que más nos convenga. La revolución bolivariana no puede continuar pidiéndole favores a los comerciantes, a los transportistas, a los banqueros, ni a los laboratorios ni a los empresarios, ni a nadie que quiera usar su empresa, o su negocio para obstaculizar el desarrollo de este proyecto político. Todos sabemos en que andan y cuáles son sus intenciones. No podemos continuar intentando que actúen como políticos sensatos, capaces de entender el papel que les corresponde jugar como una oposición seria y responsable. Habrá entonces que tratarlos como lo que son: conspiradores tarifados, apátridas al servicio de intereses capitalistas, con quienes ya bastante claro ha quedado que no hay nada bueno que esperar de ellos. Al pueblo debe hablársele de esto, y darle tareas y lineamientos concretos en este sentido. Los movimientos sociales, los consejos comunales, las ubch, la clase obrera, todos como un solo ejército, debemos en lo concreto poner nuestro hombro para que el esfuerzo sea de todos y por todos, que sea el pueblo el que enfrente a los transportistas guarimberos, a los comerciantes hambreadotes, a banqueros y empresarios conspiradores, bachaqueros, delincuentes, lumpens, desclasados. El presidente debe mandar con el pueblo, asumiendo su papel protagónico; para eso son los organismos de masas que se crean en revolución. En cuanto a los órganos que les compete el control y vigilancia del ordenamiento para hacer cumplir las leyes, tienen que revisarse su funcionamiento a todos los niveles, porque el hecho de que un policía, un guardia nacional, o cualquier otro funcionario no cumpla con su deber de hacer cumplir las leyes, tiene mucho que ver su jefe y las orientaciones que imparte. Por eso ante estos oscuros vacíos que dejan estos funcionarios y sus organismos, ya deberíamos ir pensando en los comités de defensa de la revolución con gente política e ideológicamente preparada, seria, honesta y responsable. En otras partes, estos equipos han cumplido un extraordinario papel político y organizativo en los procesos revolucionarios. Que digan lo que quieran decir; pero como van las cosas, necesario es que se enteren que lo que somos, es buenos demócratas, y no demócratas buenones. Planteamientos como este, tienen su origen en que muchos ya estamos cansados de ver tanta impunidad, tanta flojera y patebolismo en quienes tienen obligaciones con la revolución y con nuestro hermano presidente, a quien vemos tarde, mañana, noche y madrugada echándole un camión contra enemigos de adentro y de afuera; esos que trabajan a media máquina, o los que se hacen de la vista gorda ante los ataques y políticas que buscan caotizar al país. A esos "buena gente" con los especuladores, bachaqueros y malandros del comercio, debería servirle de estímulo ese esfuerzo y la voluntad que nuestro presidente le pone a su responsabilidad para salir victorioso. En todo caso, no hay que caer en el juego de quienes buscan provocar al pueblo, haciéndolo pasar trabajo con precios altos, con alimentos y medicinas que no se encuentran, con quinta columnas que no cumplen su responsabilidad con mística y compromiso revolucionario, con transportistas prestados al boicot y la conspiración. En otros tiempos, hubiésemos pisado esa concha de cambúr arrasando abastos y supermercados, quemando camionetas y autobuses, en natural repuesta a quienes a falta de proyecto político, y un programa para el país, siempre han recurrido al sabotaje, chantaje y la maniobra, sin importarles que es el pueblo el que sufre las consecuencias. Hoy ya hemos aprendido a responder políticamente, porque somos más maduros y sabemos de qué se trata. Ellos buscan embochinchar y caotizar al país para sacar provecho político, presentando una imagen del mismo, donde supuestamente reina el caos, que es de donde los incapaces y los mediocres pueden sacar dividendos .Por eso, hoy mas que nunca está planteado gobernar y trabajar políticamente junto al pueblo organizado. La fortaleza y solidez de la revolución, está en un capital social bien formado sobre la base de sólidos valores éticos y nacionalistas, informado e identificado con su herencia histórica; única forma de poder construir una patria solidaria, trabajadora, consciente de los retos que debe enfrentar y vencer, para lograr hacer de Venezuela una nación libre y soberana. Ya los apátridas y traidores han probado de lo que somos capaces por la defensa de la revolución bolivariana, y seguiremos por este camino. Hagan lo hagan, continuaremos construyendo la organización consciente, con claridad política, donde la intervención humana es necesaria para lograr contrarrestar, la actual ofensiva imperial y sumirla en una derrota histórica; y mas allá, para alcanzar una revolución socialista victoriosa, que será cuando el descontento grite "que se vayan todos", y todos serán, los que especulan, roban y saquean al pueblo con los precios de los alimentos y medicinas; los que chantajean al gobierno escondiendo la carne y otros artículos regulados, los que guarimbean con el transporte y demás servicios públicos y también, aquellos que tienen la obligación de hacer cumplir las leyes revolucionarias en la calle y no lo hacen: alcaldes, gobernadores, comandantes, militares y policiales, etc etc. La revolución avanzará si se trabaja en función de ello, y quien esté dudando, y/o no tenga clara su misión, o responda a otros compromisos, no sirve para lograr este objetivo. La lamentable realidad que viven actualmente países hermanos de la región, es producto del descuido y el engolosinamiento de poder, que no permite el vínculo e identificación con los sectores sociales; motivo y razón fundamental de la irrversibilidad de los procesos de cambios. Es ahora cuando hay que hacer lo que se debe hacer, después sobrarán los análisis, el intercambio de culpas y los razonamientos a destiempo. Lo que quiere el pueblo ahora mismo es que el funcionario cumpla su función, que el dirigente esté a la altura de su responsabilidad y de que el revolucionario esté plenamente consciente, de que aun cuando es muy difícil, el anda por el camino correcto. Lo que quiere el pueblo, es que se le de el luchador social que pide, y el revolucionario que el momento reclama y merece.

José Ramón Blasco (Guameño)

Octubre 2018



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