Elías Jaua en "El pueblo tiene derechos" se distancia del gobierno

Elías, pareciera que quisiera comenzar a desplegar su vuelo. Estuvo atado por años a aquella ave gigantesca, el águila, que siéndolo, no estaba dispuesta a perder el tiempo en cazar moscas. Con ella estuvo en el gobierno intentando ayudar a hacer lo que soñaba y aprendiendo quizás, eso creyó él, con quien manejaba los mecanismos pertinentes. Del pequeño grupo en el cual se formó, aquel que soñó y llevó a cabo la idea que ser revolucionario era armarse de cuanto cosa hallase a su lado en su recorrido por las calles para lanzarlas contra todo lo que simbolizase el poder, sobre todo las fuerzas que lo sustentasen policialmente, que era como una manera de vengar la afrenta de la explotación, sujeción y dominio, aunque aquello no pasase de allí, un simple gesto irreverente, saltó al poder, casi sin percatarse de lo que había sucedido, pero bajo las alas de aquella gigantesca ave, ante la cual él y todos los demás, no tenían nada que aportar sino su disposición a cumplir órdenes. Aquellos muchachos creyeron que cambiar la sociedad era como armarse de un martillo y comenzar a tumbar paredes viejas y detrás se levantarían nuevas como aquellas miles de flores de las que habló Mao.

Sucedieron tantas cosas imprevistas, como el vuelo definitivo del águila y Elías sintió que en aquella herencia algo había para él. El escogido lo fue porque alguno tenía que ser. Y la escogencia hasta fue mejor de lo que hubiera Elías deseado. Si bien no fue él y tampoco uno de los suyos, egresado de la universidad y formante de aquellos grupos entre los cuales se movía antes que el águila expandiese sus alas para cobijarlos, si alguien con quien hizo buenas relaciones y proveniente de un mundo en el cual podía convivir con sus ideas. Por lo menos eso logró por un brevísimo tiempo.

Pero el mundo es como demasiado complicado y suele dar sus saltos bruscos. Elías de repente, cuando casi nadie lo esperaba, pues no había dado señal alguna, por lo menos visible, que estuviese desplegando su equipo de vuelo personal, sus pequeñas alas, salió volando, dicho así para no herirle. Pareciera que su compañero de herencia, el escogido por aquella águila inmensa, hubiera optado por nuevos agrupamientos. Elías no molestaba. Al contrario se sentía cómodo, por lo menos eso parecía. Compartía el poder en los niveles más altos. Hasta jugó el rol de aparecer como la proa del grupo o de aquella nave. Fue hasta la punta de lanza de su grupo, el mismo del presidente, en la lucha interna. ¡Cuánto se ocupó de dejar ver su poder y respaldo! Hasta se atrevió a adelantar jugadas, aunque sólo fuese en un pequeño e improvisado tablero, para pulsar las reacciones. Pero sucedieron algunas cosas que pudieran haber pasado desapercibidas, pero se vinieron como de repente y en seguidillas que a esta altura se ven como demasiado asociadas en el tiempo. Jorge Rodríguez comenzó también a desplegar sus fuerzas, a ocupar demasiado espacio y hasta asumir delicadas y pesadas responsabilidades. Además, empezó a mover con habilidad y desafío la figura como apagada de su hermana. Es decir, dentro del grupo en el cual se afilió Elías, le salió competencia, entre de los tantos que apoyaron íntimamente o mejor ensimismados vieron y se refugiaron bajo las extensas alas del águila.

En el momento que las fuerzas deciden ponerse de acuerdo "respecto a las condiciones de un acto trascendental", como lo fue sobreponer la unidad interna del chavismo, allí como sí se alborotó un avispero. Elías quedó tal que cuña que no dejaba se cerrase la grieta y hubo un acto de amputación. No sé si lo cortaron o él optó por tomar la iniciativa. A lo mejor Elías, quien suele mostrarse callado y taciturno, es como muy activo a la sombra. El acuerdo entre Diosdado y Maduro, en base no sólo a la unidad sino a la lealtad, este manto sagrado al cual el primero alude con obstinada frecuencia, significó al parecer, llevarse a Elías por delante.

Cuando salió del Ministerio de Educación de manera sorpresiva, pues uno le suponía muy ligado al presidente, no por los detalles del inicio, sino por el cómo se venía desarrollando la confrontación interna, alguien muy atento a los rumores y los pequeños detalles, explicó aquello en que Elías "venía rumorando sus desacuerdos entre amigos y grupos". Por supuesto, pareció liderar formal y públicamente una corriente de opinión o una fuerza que en el momento del choque lo dejó al escampado. Por eso comenzó a manifestar sus desacuerdos con sutileza y hasta demasiado disimulo, pero eso sí públicamente. Ahora acaba decir, que "En una Revolución nada justifica la criminalización de la masa trabajadora. La lucha del pueblo trabajador por sus justos derechos frente al capital y a la burocracia autoritaria fortalece al proceso revolucionario."* No hay duda, Elías está haciendo acusaciones y manifestando las razones de sus desentendimientos.

Y justamente Elías dice eso en el momento que la "masa trabajadora" en todo el país comienza a movilizarse por "sus justos derechos", aquellos establecidos en distintos mecanismos como los contratos colectivos, que ahora mismo están siendo negados por "el capital y la burocracia autoritaria", como ha sentenciado. Y él bien lo sabe y siente, pues firmó a los trabajadores de la docencia un contrato que ahora la "burocracia autoritaria" desconoce.

Ante el confuso discurso oficial que en veces habla de estar construyendo el socialismo y por tanto estamos en estado de transición, con lo cual se descalifican los sueños, Elías decide dejar las cosas muy claras, pese le cueste más de lo que ahora le está costando, y dice "No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista".** Y eso, pese no lo parezca, es un denunciar que mucho de lo acontecido ha sido, por lo menos, como en vano,

Pero Elías llega a más, pareciera romper con su habitual mansedumbre y afirma, como si fuese portavoz de la clase trabajadora, "Sin embargo, reconocer los errores cometidos por los trabajadores y trabajadoras no implica que se justifique la violación de derechos laborales y menos la represión ilegal frente al justo reclamo."***

Leamos bien. Hay allí una denuncia grave, sobre todo viniendo de alguien que hasta hace poco fue gobierno y formó parte de la intimidad del presidente. Habla del desconocimiento o "violación de los derechos laborales"; y lo hace en un momento que en el país la masa laboral, como no había sucedido en muchos años, se levanta en relamo de sus derechos contractuales que el gobierno pareciera ignorar y Elías, de manera sorpresiva habla de una "represión ilegal frente al justo reclamo". Habla Elías "de acoso laboral y político por parte de organismos de seguridad del Estado en connivencia con la patronal e indefensión por la omisión del sistema de protección laboral, o por el desacato a las decisiones de estos."

Y esto que acontece y se refleja en la conducta de Elías Jaua, quien por lo que dice no quiere aparecer como un agente del imperialismo y por supuesto tampoco de la clase patronal interna.

Elías pareciera no sólo estar inconforme con el camino que toma el gobierno sino que pareciera dispuesto a enfrentarlo.

*Elías Jaua. "El pueblo tiene derechos".

https://www.aporrea.org/actualidad/a271130.html

**-*** idem.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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