Trabalenguas «decolonizado»

De los mismos autores de los socialistas al poder, de los mismos autores de crear la realidad con palabras, viene sonando desde hace tiempo el ritmo de la «decolonización».

No se confundan. No es la descolonización jurídico-política, obsoleta y cuartorepublicana, auspiciada hipócritamente por la ONU. Esa ya la libramos nosotros mejor que ellos con nuestros marcos juridiccionales inéditos que sólo requieren «situaciones sobrevenidas» para cambiar a discreción y en favor del «Estado Comunal». La decolonización es un ritmo «nuevo», alimentado por intelectuales sesudos y auténticamente revolucionarios, quienes a riesgo de sus propias vidas, amenazadas a cada instante por el imperio, las trasnacionales y sus lacayos, están abriendo juicio contra todas las perversidades inoculadas en nuestras mentes por nuestros «dominadores históricos».

A ellos, a estos hombres y mujeres sacrificados y sacrificadas (no olvidemos la inclusión de la mujer y la eliminación de nuestra gramática del odioso género neutro que la invisibilizaba y que ahora la coloca en el sitial que se merece), a esas mentes preclaras, decía, debemos hoy el nacimiento del Instituto Nacional para la Decolonización en Venezuela. ¿Y quién si no Ernesto Villegas, el elegido por la patria para tamaña hazaña del pensamiento? ¿Quién puede tener dudas que desde sus gestiones ministeriales e institucionales nos decolonizararemos?

En materia de gestión, quizás haga falta introducir el concepto en el curriculum de educación básica y media general, porque ya reina poderosísimo en las universidades creadas por esta «revolución», en las cuales, gracias al encomiable trabajo del camarada Hugbel Roa, diariamente se decoloniza el conocimiento y se producen «saberes» que nos convierten en una Potencia en Ciencia y Tecnología. Para contribuir en esa misión patriótica decolonizadora, nosotros, el vulgo colonizado con representaciones sociales tóxicas, producto de la manipulación ideológica de nuestros opresores imperiales, hemos creído oportuno aportar un compendio de trabalenguas para «destrabar» esos códigos ocultos con los cuales nuestros enemigos buscan que nosotros repliquemos sus propias prácticas. A ellos le respondemos: No lo lograrán. Y para ello nuestro gobierno revolucionario creó el Instituto Nacional de Decolonización, en el cual trabajarán funcionarios decolonizados y prestos a descolonizarnos de una vez y para siempre, de modo que alcancemos aquello de la «suprema felicidad».

De seguro los flamantes funcionarios a cargo de estas nuevas instituciones, sabrán valorar «decolonizadamente» estas fórmulas mágicas, que en nuestro enmarañado pensamiento esclavo, logramos producir:

«Ernesto Villegas dice estar decolonizando

¿Y quién lo decolonizará?

El decolonizador que lo decolonizare

Buen decolonizador será»

 

«Cuando nuestros gobernantes cuenten cuentos

contemos cuántos cuentos nos cuentan

porque si no contamos cuántos cuentos nos cuentan

no nos daremos cuenta de las cuentas

para que un día unos cuantos puedan cobrar la cuenta»

 

«Como cobro poco, no compro ni un coco,

y como poco coco compro, poco coco como

Y si todos comen como como…

y tú comes como comes,

¿cómo dices que como lo que comes?»

 

«María Chucena decolonizaba una choza,

y un decolonizador le dijo:

María Chucena, Tú decolonizas tu choza o decolonizas la ajena?

Ni decolonizo mi choza, ni decolonizo la ajena,

decolonizo la choza de María Chucena»

 

«Unos revolucionarios

muy revolucionariados

crearon un pueblo

muy institucionalizado

Ni los mejores revolucionarios,

ni los más revolucionariados

pudieron institucionalizar

a aquel pueblo tan desinstitucionalizado»

 

«Los pueblos siempre tienen un gallo

de agallas

que no calla,

apoyado en una valla de malla de su talla.

Si un día oyes gallear su gallo,

no vayas a saltar la valla

no sea que la valla sea tu talla

y te galleen sobre la malla»

 

«Tres tristes transeúntes

con tres trapos traceados

hacen trampas truculentas contra su estrago

No pueden tragar un trago ni comer un trozo,

gracias a tramposos trajeados de rojo.

Traidores, trajinados de poder»

 

«¡Jamás jalé jalón

y jamás lo jalaré!,

gemía el funcionario

mientras jalaba el jalón»

 

Si se animan a practicar estos trabalenguas, leen a nuestras estrellas de la filosofía de la patria grande, y se incorporan a las tareas que emprenderá el Instituto Nacional para la Decolonización en Venezuela, ya no les importará si no se alimentan bien, si llegó enfermo (¡y enferma!) a un centro de salud y le dijeron que no hay insumos para aminorar sus padecimientos, o si tienen los zapatos rotos y está lloviendo, o si se encuentran asfixiados y asfixiadas en los vagones-tortura del metro, porque otra realidad se habrá instalado en su consciencia. Y quizás, poco a poco, algún día podamos estar a la altura discursiva de nuestros gobernantes, y comprender de una vez por todas que no nos corresponden pensar con nuestra mente colonizada, sino seguir las lecciones que nos ofrecen los cuadros políticos del partido único, (¡disculpen!) el partido unido de Venezuela.



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Gladys Emilia Guevara


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