Asidero

Liderazgos para una credibilidad en Venezuela

Se debe estar claro, sí la tormenta es fuerte y los vientos soplan y golpean al barco. Nos destruimos. Estamos a punto de perderlo todo, donde los venezolanos tienen que ser videntes, Fuimos colonizados por España y, lo que sucede a la Península Ibérica, nos sucede a nosotros de una manera directa, jamás seremos ingleses o rusos, menos chinos. Porque los asiáticos nos ven como ciudadanos, fuera de una realidad cosmética, solo desean que seamos sus esclavos y le demos nuestras riquezas naturales.

Los tiempos cambian, así como las necesidades y las formas de pensar de la humanidad, no estemos desprevenidos, luchemos por mantener nuestra forma de pensar, pero ante todo el respeto por los demás. Siempre hemos escuchado "divide y vencerás" pero estemos alerta, la unidad de un país siempre lo llevará a lograr el éxito.

Todos reclaman por todo, cada decisión que se toma divide, cada paso para solucionar un problema lleva consigo la crítica, la intriga y la discordia entre tripulantes, marineros y por supuesto, los pasajeros. Casi todo está perdido, el barco viaja a la deriva y los pasajeros desconcertados, mal informados, asustados, indignados están a punto de perder la esperanza.

Así es, el barco es mi país, Venezuela, que viaja a la deriva entre los avatares de una sociedad que cambia vertiginosamente, un Estado que cada día tiene menos resultados y una clase política que no escucha y no sabe dialogar con la sociedad. La tripulación es el gobierno de turno, que claramente se enfrenta a desafíos complejos y rezagos históricos, de mantenimiento y de orden y disciplina en el barco. Los pasajeros somos nosotros, los 5 millones de costarricenses que viajamos en el barco y que vemos, cómo se pierden la credibilidad y esperanza de un futuro mejor, un puerto seguro donde llegar, una luz al final del túnel. Las brújulas son las organizaciones que en su momento fueron la luz que permitía definir el camino a seguir en medio de la tormenta o la oscuridad. Sí, la universidad, la iglesia, los partidos políticos, las organizaciones sindicales, las cámaras empresariales y por qué no, los medios de comunicación colectiva. Todos han caído en un mismo ciclo de perverso resultado, miran hacia adentro y han perdido su capacidad para iluminar el camino de los que están fuera de ellos.

Algo, quedo en el camino, y son los partidos políticos, maquinarias electorales. Tienen que vigorizarse y dejar atrás sus niveles amorfos y pocos reflexivos. El verdadero creador de La República Bolivariana de Venezuela, tiene este sueño. Todos ello, Los Libertadores y verdaderos patriotas, en su momento fueron las brújulas de nuestra sociedad, llego el momento de calibrarlas y quitar el daño que le han hecho unos pseudo comunistas y socialistas en su etapa de transición al verdadero eje democrático. Allí vemos a Urdaneta, Sucre y Bolívar.

La esperanza de tantos venezolanos honestos que hoy salen a trabajar por sus familias, por sus organizaciones o empresas, que hacen esfuerzo para completar su jornada y regresar a casa, entre gritos, bloqueos y pancartas. Esos criollos humildes, sencillos y honestos. Esos son la verdadera esperanza de que el país puede estar mejor. A esos venezolanos que lo dan todo en silencio, que suman y no restan, que ayudan y no critican todo, que aportan soluciones, que dan el paso al frente y que contribuyen, pagando la seguridad social, pagando sus impuestos, aportando trabajo voluntario en sus comunidades y organizaciones, a ellos les digo, no perdamos la esperanza, sigamos adelante que la luz está en mirar a esos y no a los otros, sumemos y hagamos posible que nuestro barco llegue a un buen puerto, seguro y en paz. Somos muchos más los que estamos de ese lado y que podemos cambiar las cosas, hagamos posible el retomar el rumbo.

Por eso —y a pesar de que sufrimos dolorosos casos de violencia doméstica y de que la criminalidad se ha hecho muy cruel— nos resultan chocantes las manifestaciones de fuerza y rechazamos muy mayoritariamente la violencia

Hoy la violencia es una amenaza cercana. Fácilmente a manifestantes o a las autoridades se les puede escapar de las manos el control de los acontecimientos y se puede desembocar en confrontaciones violentas, que tendrían resultados lamentables y no resolverían nada.

Vivimos una realidad fiscal y económica que nos deja pocos grados de libertad: un déficit fiscal y una deuda pública muy altos y crecientes, pobreza estancada, desempleo alto, informalidad y desigualdad crecientes y una producción que se desacelera.

El hambre no llega como un ladrón en la noche. Señales de advertencia fueron claramente divisadas mucho antes de que se emitiera la alerta en enero de 2017. Los niveles de desnutrición aguda ya estaban creciendo. Un incremento en la severidad y longevidad de los conflictos ha causado el mayor número de personas forzosamente desplazadas desde la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, más personas son vulnerables ante los desastres ocasionados por el cambio climático tales como las sequías, cada vez más frecuentes e intensas. En medio de esto, la brecha entre las necesidades humanitarias y el financiamiento para paliarlas se está ampliando y debe hacerse cumplir.



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Emiro Vera Suárez


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