Earle Herrera y la importancia de la palabra

El ataque a Earle Herrera no se justifica desde un punto de vista más político, nos referimos cuando viene de gente que dice ser chavista. La urgencia de defender al país de los embates del imperio ha puesto en estado de shock a la mayoría de los chavistas, ahora incapaces de pensar con serenidad la dimensión del problema en el cual estamos metidos. Earle solo señala un asunto que siempre ha estado ahogado detrás de las continuas "sirenas antiaéreas". La llamada "Venezuela Potencia" es uno de estos asuntos, que hoy se muestra como solución, y no es una solución, es más bien combustible que aviva el fuego.

A Earle Herrera le incomoda la palabra "potencia" porque la opone a otra más incómoda todavía, que es "colonia": donde hay una potencia hay una o muchas colonias; ese es el sentido que asume Earle de la palabra potencia y lo dice.

Pero más adelante hace una referencia a un comentario que haría Chávez acerca de eliminar el ministerio de las comunas: "A veces pienso para qué creamos un ministerio de las comunas" (palabras más o menos); yo estoy seguro que el sentido de su comentario (el de Herrera) va en una dirección crítica distinta, o mejor dicho, va más adentro de la superficie en donde lo quieren dejar aplastado sus críticos. Es un franco reproche a lo inútil que es tener un Ministerio de las Comunas, considerando que las comunas deberían ser una forma de organización de la sociedad en sí mismas; un ministerio de las comunas es como si tuviéramos un ministerio de las alcaldías. Lo de Herrera es un llamado a la reflexión. Pero mucha gente es sensible a "pensar", digo, se irritan al pensar, de las dos formas, les da rabia y comezón.

Es sano que Earle Herrera escriba alguna vez "mirando hacia dentro", y olvide un poco a los Barbaros, que llegan, llegan y llegan y nunca terminan de llegar (como el poema de Kavafis, aquel que leyó Chávez una tarde, recomendado por el gordo Barreto, "Ahí vienen los bárbaros"): simplemente los bárbaros no llegan porque están aquí. De alguna manera Earle Herrera se dio cuenta de este hecho, y que no hay que buscar a los enemigos afuera, sino precavernos de ellos adentro.

¡Eso irrita! Eso molesta saberlo. Pero mucho más no saberlo; que uno se haya pasado todos estos años (cinco años) esperando que nos invadan, que una potencia extranjera nos quiera penetrar, que estemos "así" de perder nuestra independencia a causa de la "planta insolente…" y ¡de repente! nos enteramos que hace rato que estamos durmiendo con el enemigo.

Pero Chávez no nada más pensaba en voz alta lo que sentía (no referimos a lo del Ministerio de las Comuna), también señaló en su programa de gobierno los aspectos centrales para tomar el camino hacia el "punto de no retorno" del socialismo. Dos asuntos centrales lo preocuparon: consolidar la independencia y consolidar el poder popular, dos objetivos que son uno solo. Por eso lo absurdo de un Ministerio de las Comunas, el cual actúa como otro apéndice del estado presidencialista burgués, ese que nace, como el ave Fénix, de sus cenizas, cada seis años, gracias a la ayuda divina de las ninfas de las elecciones, también burguesas. Dice Chávez en el Plan de la Patria, en su "presentación": "Éste es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI."

Nadie que piense que el "pleno ejercicio del poder popular protagónico" sea "insustituible" puede creer mucho en un ministerio de las comunas, eso (o ese) sería sustituible, más aun, eliminable, porque se trataría de un simple nombre para otro añadido burocrático.

Respecto a lo de Potencia, Earle claramente se refiere a que no le gusta la palabra, le molesta dentro en un cuerpo de pensamiento socialista, y estamos de acuerdo con él. Así como hizo Chávez, sustituyendo la palabra "poder", en algunos casos aplicados al pueblo pobre, por "poderío", o el verbo "empoderarse", para distinguir esa acción de tomar el "poder" (quizá pensando en que era éste poder el mismo poder al cual queríamos vencer), también, de seguro, con más tiempo, hubiera sustituido la palabra "potencia" por otra menos sugerente. Es una buena observación sobre un tema principal: las ideas, las palabras que las connotan, el cuerpo teórico donde nos movemos los revolucionarios. Sin las ideas claras en la cabeza es difícil emprender un buen proyecto social, de eso habla la crítica de Earle.

¿Qué se deriva de la confusión? El fascismo. Mientras más ignorantes y prejuiciosos somos, más fascistas y acobardados andamos en la vida ¿Dónde estaban las comunas socialistas, dónde estaba la ideología, cuando volaron la estatua del Che en Caracas? Es bueno que los señores irritados se lo pregunten ahora.

Nuestra carencia de ideas y de ideología es evidente, pendientes todos de cómo salir de aquí algún día, como comer, o curarnos de alguna enfermedad crónica, lograr trasladarnos vivos a nuestros trabajos y casas, o en su defecto, en cómo poder empotrar la cocina, cambiar los muebles, etc, así haya que robar…

Apostando por Maduro y su "nuevo (viejo) comienzo" capitalista terminamos siempre sin el chivo y sin el mecate. Nos falta poco para incendiar la ciudad y matar chavistas en las calles; pobres contra pobres, por sentirnos "engañados" por el socialismo; que el "socialismo en lo social" de Maduro no ha sido "un trabajo eficaz", como si todo se tratara de magia, de brujería, como siempre pasa con todo pueblo supersticioso e inculto, carente de ideas, de ideología, de formación política y moral.

Dejamos de escuchar a Chávez. De lo importante que es el ser por encima del tener, como lo decía y escribió el comandante en el Plan de la Patria (ahí está todo, en el original); hasta la más miserable de las mujeres se lamenta de no tener porcelanas en las paredes, mientras otras son capaces de echar a sus hijos recién nacidos en una letrina por falta de recursos ¿O por qué otra cosa puede ser?

Es evidente que frente a este dilema de vida: "socialismo o barbarie", heredado de la clarividencia política de Rosa Luxemburgo, optamos por el socialismo, pero siempre y cuando sepamos dónde está y cómo conquistarlo; y resulta que está dentro de nosotros mismos y se conquista afuera, peleando por él, venciendo al enemigo dónde quiera que este esté; no importa que nos desengañemos de nosotros mismos en el tiempo, siempre que lo hagamos, eso es mejor que morir durmiendo.



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Marcos Luna


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