El salario de un docente activo o jubilado y los bonos de ahora. ¿Para qué haber trabajado?

No voy hablar en abstracto. Ni usar cifras tomadas de un informe salido de cualquier gaveta o uno que dice "a los educadores en lo que va de año se le ha aumentado el salario en 650 por ciento". No. Voy hablar en concreto y de mi propia experiencia y hasta angustia.

Pero debo comenzar por decir que es una trampa, un maniqueísmo, que a los educadores se les ha dado ese aumento. Siendo eso cierto, no significa nada al comparar esa cifra, la que no afirmo ni niego, con la relativa a la inflación en el mismo período; esta es seis u ocho veces superior a aquella. ¡Y cuidado como me quedo corto!

Lo que debe llamar la atención, alarmar y hasta preocupar a quienes dirigen, sobre todo en el sector educativo, es ver a viejos o viejas educadores y educadoras, que se pasaron toda la vida en el aula, entregados con amor y desprendimiento, llegados a la vejez, amenazados por el hambre y todo tipo de dificultades. ¿Cómo esperar una educación eficiente con un maestro o docente atado a un salario que nunca antes, como ahora, fue merecedor del calificativo de miserable?

Tampoco, pese que mi concepto del socialismo es ajeno a lo filantrópico y lo religioso de repartir los panes o darle de comer al hambriento, sin proponer o exigir nada a cambio u ofrecer una alternativa para incorporarle al proceso productivo, lo que podría llamársele también populismo y demagogia, sino más bien está cerca del pensamiento de Confucio de no dar un pez al necesitado sino enseñarle a pescar o el de Marx, según el cual, "a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a sus capacidades", no me opongo que el Estado proteja a los desamparados, empezando por las damas en gestación y en estado de desamparo, que en la Venezuela de hoy es casi como el normal en la mayoría de todas. Pero con eso hay que ser demasiado cuidadoso para no estimular conductas indebidas.

Veamos el asunto de manera sencilla. ¿Cómo imaginar el funcionamiento adecuado de una estructura productiva, una organización dentro de una sociedad como la nuestra donde a todo el mundo se le iguale en el salario, siendo este de paso casi miserable? ¿Cómo esperar del personal con mayores responsabilidades, empezando por la gerencia, con un ingreso o compensación por su trabajo igual y hasta inferior a quienes hacen las tareas más simples o de menor importancia de las de aquellos? ¿Qué hacemos entonces con los estímulos para el crecimiento personal y el estímulo a la eficiencia que por cierto no son ajenos al pensamiento marxista, hasta supuestos momentos del avance real del socialismo? De eso habló Marx. Porque para él, la igualdad, que lo es como globalmente, es una instancia, escalón, superior del desarrollo de la sociedad humana. No puede haber igualdad teórica, obligada, impuesta donde no la hay materialmente, refiriéndonos a las relaciones de producción, y culturalmente hablando.

¿Cómo estimular el crecimiento individual y colectiva si establecemos como norma que basta hallarse en un estado, propio de la condición humana, lo que hasta puede manipularse, para hacerse acreedora o acreedor a un ingreso superior hasta al de un gerente en cualquier área oficial o docente de significativo nivel en el correspondiente sistema educativo?

En la Venezuela de hoy, un docente con pregrado, nivel cuatro o cinco, con más de 32 años de servicio, porque el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente, fue manipulado de manera inadecuada, poniendo de manera arbitraria para alcanzar el nivel V una condición que era exigida para el VI, como lo es el postgrado, habiendo llegado a Director de una Escuela Básica, que incluía niveles desde el preescolar hasta el tercer año de Educación del bachillerato tradicional, con una matrícula de más de 2500 alumnos, jubilado, recibe una remuneración hasta inferior a esa cifra de 700 mil bolívares.

Ese salario, aumentado como dice el actual ministro de Educación, en el 65 por ciento, como queriendo decir que es una cifra fabulosa, correspondiente a un docente como el descrito arriba, es en verdad tan insignificante como que es la misma que ahora se le ha asignado a cada dama que salga embarazada y esté en condiciones de dificultad económica, lo que es la condición de la aplastante mayoría de las embarazadas en la Venezuela de ahora, sin necesidad de inventar o manipular nada, salvo lo del embarazo mismo, porque en efecto, todos los venezolanos y venezolanas, con salario o sin salario, estamos atravesando la misma situación.

¿Qué país, sociedad podríamos construir con esa forma de evaluar el trabajo y los méritos de cada ciudadano? ¿Cómo estimular el crecimiento personal si el esfuerzo que cada quien haga al final no tendrá compensación alguna? ¿Cómo esperar romper la crisis si da igual si usted trabaja, trabajó o no, si al final se le tratará con displicencia o se le valorará sin que aquello tenga valor alguno?

Algunos de esos genios que concurren a la constituyente se les ocurrió ofrecer que propondrían, por eso de lo religioso, empalago de mendicidad y demagogia barata y hasta simplismo, que nada tiene que ver con la visión de un revolucionario, establecer como norma que todo ciudadano, llegado a cierta edad, de hecho se haría acreedor de una pensión de por vida. Eso no es más que promover la mendicidad, el ocio, la irresponsabilidad y propensión a no cumplir con los deberes ciudadanos. Estaría muy bien eso funcione para aquellos que hayan cumplido con sus deberes y exista una norma, planes, de modo especial para proteger ancianos en estado de abandono o mendicidad, con el perdón por repetir la palabra, pero lo otro, sin exigirle nada durante su vida, no sólo es un absurdo, sino además crear bases para que esa sociedad se anquilose. Porque, volviendo a Marx, todos estamos obligados a aportar de acuerdo a nuestras "capacidades". Habrá casos excepcionales, dije excepcionales, que la Ley habrá de prever. Pero no hacer de lo excepcional lo general.

Esos mismos genios están convencidos, porque su visión electoral les obnubila, que a un docente que cumple y cumplió con su deber, sujeto a cualquier evaluación, puede tratársele como un paria o un mendigo.

¿Si esa aquello fuese la norma, no imponer que "cada quien aporte según sus capacidades", siguiendo con Marx, en verdad muy bondadosa, sensiblera, cristiana, hasta generosa, cómo esperar que una sociedad que evalúa con ella avance hacia estadios superiores y hasta disponga de recursos para financiarse?

¿Cómo evaluar una gobernanza, que reparte bonos a diestra y siniestra con fines electorales, promoviendo irresponsablemente hasta el crecimiento vegetativo en un país lleno de dificultades, mientras tantos estudiantes de medicina en noveno y décimo semestre están y pudieran, como mi nieta, abandonar la carrera por falta de recursos?

Nota: Si está interesado en leer este trabajo más extenso, donde hagao apreciaciones sobre el Reglamento del Ejercicio docente, siga el siguinete enlace: http://deeligiodamas.blogspot.com/2018/01/el-salario-de-un-docente-activo-o.html



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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