En defensa de Gustavo Martínez y de la crítica

…"Si tal como afirmas Gustavo, el gobierno-PSUV está entregando el país al imperio, ¿Por qué están empeñados, con mucha más fuerza que nunca, en derrocarlos? ¿No te parece que tienes ahí una contradicción mayúscula? … Estuvieran aplaudiendo a Maduro según tu óptica, pero que cosas…"… Esto lo escribe un señor llamado Joel Romero, como un argumento a favor del gobierno de Maduro, no tardaron mucho en usarlo. Es un argumento falaz, como todos los falsos: el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos ataque al de Maduro no hace de este último, revolucionario; no quiere decir que no esté entregando la soberanía y el país al imperio. Solo nos dice que con Maduro hay una oportunidad más clara para ellos de recuperar todo lo perdido con Chávez, sin necesidad de asesinarlo.

Maduro no es una amenaza para los Estado Unidos, la amenaza real es el chavismo y el recuerdo de Chávez, su legado moral. Maduro (o sea, su gobierno) solo es una amenaza para los venezolanos y sobre todo para el chavismo (crítico o no). Es su tarea borrar de la memoria colectiva a Chávez, falsificar sus proyectos y olvidar los ideales. Esto lo tenemos claro quienes pensamos con la cabeza fría y no desde el miedo.

Repetir los subterfugios del gobierno para justificar la entrega del país a trasnacionales y a los capitales nacionales; hablar de Paz, de "Guerra económica", financiera, y a la vez no tocar un solo cabello de los responsables directos, es suficiente evidencia del engaño, de la estafa política. Las conversaciones secretas con la derecha, las cifras ocultas de inflación, de la deuda externa, de los que estafaron a la nación con los dólares baratos, todo eso y mucho más es evidente: que el señor "miedo" no lo perciba es un defecto físico que se origina en nervio de la voluntad.

Sus escasos argumentos son las mismas mentiras que usan para ocultar la realidad, el estado de deterioro de la economía y del país en general. ¡Salga a la calle y abra los ojos, señor miedo!, no hacen falta tantos argumentos. Su situación lo compromete: o usted no existe y es una máquina, o tiene mucho miedo (tuve un amigo que se dormía cuando escuchaba cualquier historia dolorosa o vergonzosa de su familia). El miedo muchas veces nos enceguece o nos duerme. Este comentario es solo una prevención, no es un argumento para nada.

El asunto de estas disputas con gente tan pendenciera es que uno debe degradar la discusión política a los niveles del chisme y la ofensa personal. Pero hay que contestarles, no se vale que nos dejemos arropar por la mentira y la calumnia, por el "espíritu" fascista. Todo el que critica al gobierno de Maduro es agredido, ofendido, son pocos los que argumentan de verdad. La mayoría se comporta como "cabillero", al estilo gobierno, que se disfraza de legalidad y de revolucionario para acosar y calumniar a sus contrarios, en especial, a los chavistas: "habladores de paja", "traidores", "trotskistas" inclusive llegó a acusar el presidente a algunos de sus críticos, transfiriendo la responsabilidad de sus ataques más rudos al Fiscal y a su vicepresidente, pero también están ahí con él Mario Silva, Alberto Aranguibel, y todos los canales del Estado con sus periodistas y presentadores, hablando por la misma línea, desde la misma masa, y otros más, entre diputados y ministros, gobernadores y alcaldes, concejales, en fin clientes de esta nueva etapa de la revolución.

Su trabajo es, además, destruir la reputación de muchas personas honestas, calumniar muchas veces, siempre que se atrevan a cuestionar al Gobierno; la verdad es que si esas personas no fueran honestas no serían críticas, y no las perseguirían, por supuesto. Cada uno de los que hemos censurado las desviaciones de este gobierno hacia la derecha y sus maneras y contradicciones tiene sus motivos y su tono personal, pero eso no los hace delincuentes o locos y tampoco traidores de nada. La crítica es sana, así sea "destructiva" (la crítica constructiva y la destructiva no existen; toda crítica es constructiva, así sea muy dura, es un llamado a la reflexión).

Quienes dedicamos tiempo a pensar la revolución y el socialismo, criticamos porque es revolucionario hacerlo, y sano, pues de ese ejercicio depende nuestra salud, control, lucidez, consciencia. El otro lado, el de aquellos que la persiguen, incapaces de debatir ideas, porque no las tienen o se avergüenzan de ellas, solo calumnias y descalifican, es el lado oscuro: hay que denunciarlo, defendernos de una acción bien concebida y colectiva a la vez, de represión y hostigamiento; hay que señalarlo sin caer en personalismos lo menos posible, porque ellos, los agentes de ese hostigamiento, solo "representan" un sistema emocional que está por encima de ellos: el fascismo, una peste emocional colectiva.

 07/01/2017

 

 



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Marcos Luna


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