¡Los últimos serán los primeros! [sí se cuentan al revés]

A propósito de contar os cuento que anoche, junto con la Institutriz que me asiste, vi el "Mazo dando" y eso estuvo bien bueno, extraordinario, se nota que Diosdado progresa bien en su manera de decir cuántas cosas necesarias de comunicar, aunque él, para fortuna, no sea un histriónico Ottolina sino un Diosdado popular, por lo que precisamente lo aplaudo; no obstante, formulo una crítica que no iniciativa propia de mí sino por mi intermedio, dada la orientación del Ángel de mi guarda [dulce compañía, no me dejes solito / ni de noche ni de día, excepto cuando sea imposible / hasta que descanse en los brazos de "María", que no de la violenta porque eso me asustaría/ y, si mi Ángel me dejase tan solito ¿qué sería de mí? / ¡Ángel de mi guarda, ruega por mí, que prometo comportarme tan bueno, ahora sí! / cuando estoy dormidito como Peter Pancito], y es que él, Diosdado, ha debido mandarle una cartica al señor Niño Jesús para que éste le trajese a Capriles un ejemplar del "Manual de Carreño".

Con respecto al compatriota Henrique Capriles Radonsky habría que recordarle a éste que no por dejar de ser se pierde el considerable valor de haber sido, en el caso que ocupa, candidato presidencial de un significativo sector social y político venezolano, lo que no debería desocuparlo de responsabilidades para con todos, pero especialmente para con sus correligionarios, pese a que él está inhabilitado para ocupar función pública alguna, y tal vez para siempre, dado su reprochable proceder que más que para sí pareciera ser la manifestación de un deliberado o acaso inconsciente desprecio para con todos e inclusive para con sí mismo.

Yo siento un gran respeto para con quienes se destacan pro bien porque esa es una significativa manifestación del espíritu humano; e igualmente detesto con la misma butría a quienes se destacan pro malignidad; me guardo expresar en que bando ubico al señor Capriles pero confieso que hay mucha gente opositora a la que sí guardo gran respeto, y valga el obvio piquete conque digo.

En consecuencia ¿cómo pudo el señor Capriles, exhibir comportamiento tan reprochable, ese de rascarse ese bicho, es decir, meter uñas en ese furrutaco, en público y tan desinhibido que más parece haberlo hecho expresamente, independientemente de que él tuviese una picazón en ese bicho?

Apuesto a que el "Mazo dando" hace mucho bien inclusive a la oposición atrabiliaria, puesto que, de hecho, les proporciona luces referenciales que aunque genéricas, bien pudiesen ayudarles a coger, en vez de la violencia, el camino de la coexistencia en democracia protagónica.

Pues, desde luego que yo celebro que el patriota Diosdado Cabello Peinado y Rondón pelee como un gato panza arriba y haya dado a conocer, y muy bien musicalizado, un videoclip en el que Capriles muestra su talante, para que sus escuálidos seguidores se miren en el funesto espejo de su catadura y recapaciten aunque sea un mínimo puesto que necesitamos una oposición al menos algo sensata.

Os advierto que nunca me he paseado ni pienso pasearme por mojigatería alguna pero lo de esa notable figura opositora, Capriles, es francamente reprochable, patético; o, como diría despectivo el Kamello adeco, que eso del señor Capriles es cromosómico, malviviente, cloroformo, rumiante y el etcétera clásico: petimetre lechugino y lepidóptero.

Respecto a la crítica que hago a Diosdado de al parecer él no abordar más integralmente el asunto de la picazón de Capriles, valga que valerse del Niño Jesús para que éste le proporcionase al susodicho maleducado, acaso un ejemplar del "Manual de Carreño", os digo que esto de haber criticado, aunque apenas como simple vocero de la autoridad e Institutriz de la comarca, me hace evocar las consideraciones que nada más y nada menos hiciese en su oportunidad el gran poetazo austríaco Rainer María Rilke y que él plasmase en diez cartas de respuestas dirigidas al joven poeta Franz Xaver Kappus y quien, dudoso de sus propios versos, escribió una primera carta al ya consagrado Rilke, pidiendo consejos; y mire usted, dilecto lector dilecta lectora, que contestó Rilke, palabras más palabras menos y, en consecuencia, no es sic, que "…las obras de arte son inexpresables, las poesías no son nada en sí mismas, nadie puede aconsejarle más que usted mismo, indague la causa que lo hace escribir, busque en usted mismo una profunda respuesta, hay que sondear las profundidades de donde usted proviene, busque caminos propios,…"; y, por ahí se fue Rilke de modo magistral afrontando el hecho de la crítica.

Estimo que algo de la sabiduría de Rilke, cuya obra visité otrora, impregnó, desde mi ya remota juventud, mi consideración al respecto de la crítica, de tal manera que a veces eso se me sale hasta por los poros por los que sudo y, en honor a un poco de honestidad intelectual, debo confesar que no es original de mí, el desear y expresar que todos puedan ser sí mismos en vez de copiar caricaturas de grandilocuencias chimbas estrofóticas y esternocleidomastoideas que, como es de suponer, proclama, eso sí, el Kmello adeco R Allup.

Ah, pero al grano, y es que seguramente cuando falten cinco pa´ las doce, en cierne, seguramente el burrósofo del Zulia empezará a contar así: ¡uno, dos, tres, cuatro, cinco!, aunque los últimos serán, serían o habrían de ser los primeros, siempre y cuando se comience a contar en reverso, o sea, de atrás´ palante.

 


 



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Guillermo Guzmán


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