La democracia, tiene un principio de legitimidad; el pueblo

La verdadera democracia socialista es política y depende de una estructura que dinamiza la relación entre lo social y económico. Ahora hay grietas profundas que la relacionan con esa realidad y, el poder de las multinacionales ha fomentado junto a los medios planetarios un orden injusto, donde un aproximado de dos tercios de la población mundial, padece de hambre. Muchos filósofos y autores contemporáneos le han dado un nodal de definiciones a la democracia, pero, ella se encuentra relacionada con el comunitarismo y enfrenta desde la mitad del siglo XX, el modelo neoliberal representativo y sus fórmulas han ganado terreno, producto de la crisis en que vivimos y, donde Venezuela es atacada, no por una guerra económica, sino por un grupo acaudalado y de baja realeza que golpea al pueblo bajo una concepción socialista fraudulenta.

La existencia de los partidos políticos es consustancial a los regímenes democráticos representativos, pero no es exclusiva de ellos; hay ejemplos históricos y actuales de los llamados sistemas de partido único o la presencia –clandestina o cosmética- de partidos en regímenes autoritarios y totalitarios. No obstante, en general, la discusión sobre los partidos políticos suele circunscribirse a los regímenes democráticos.

La democracia como principio de legitimidad postula que el poder deriva del "demos", el pueblo, y se basa en el consenso verificado, no presunto, de los ciudadanos.

Por lo tanto, la actual, Asamblea Nacional Constituyente no se encuentra facultada para desoír al pueblo y dibujar una dictadura, fuera de su contexto geopolítico.

La discusión sobre la definición acerca de la democracia está atravesada por diferentes debates. Desde los antiguos griegos hasta Rousseau, se pensaba a la democracia como democracia directa, en la cual los ciudadanos ejercen el derecho a la participación en la toma de decisiones sin intermediación. La democracia se asocia desde entonces con soberanía popular, voluntad general e interés común. Esta concepción tradicional de la democracia se articula en torno al protagonismo central del pueblo concebido como soberano, como un todo homogéneo y capaz de producir una voluntad colectiva. Los protagonistas de este tipo de democracias son los sujetos, capaces de identificar aquello que constituye el bien común. Estas concepciones fueron elaboradas para sociedades simples y apenas industrializadas.

Pero con la aparición de sociedades más complejas, de masa, con mayor diferenciación, la democracia directa presenta una imposibilidad objetiva. Por tanto, el proceso de surgimiento de estas nuevas sociedades fue acompañado por modificaciones en la teoría de la democracia, en la que se incorporarán los mecanismos de la representación y la dimensión vertical, esto es, la constitución de autoridad. La democracia empieza a ser pensada como representativa frente a la imposibilidad del autogobierno. En el concepto de democracia moderna -a diferencia de los antiguos- se incorpora el tema de la división entre la titularidad y el ejercicio del poder, el principio de la mayoría, el constitucionalismo y la representación política. Se habla entonces de democracia representativa, régimen que acompaña la conformación de un Estado liberal-constitucional. Si bien el término liberalismo y su derivado liberal, son de cuño relativamente reciente, autores como Locke, Montesquieu, Madison, Hamilton, Constant, pasando por Tocqueville y Stuart Mill, podrían considerarse liberales en tanto han hablado de un Estado controlado, liberal, constitucional. Tocqueville, por su parte, adiciona el concepto de democracia social al incorporar la idea igualdad, del ethos igualitario. Equipara libertad e igualdad: con la democratizan se supone una sociedad cuyo ethos implica que sus miembros son social mente iguales, es decir una sociedad caracterizada por la igualdad de condiciones.

Lo largo de esta historia, varios son los modelos de democracia discutidos a partir de la conformación de sociedades complejas, de masas, con economía de mercado, donde la democracia debe ser pensada en su forma representativa. Nos referiremos brevemente a algunos de estos modelos, aquellos que han primado en el debate contemporáneo: el modelo competitivo elitista, el modelo pluralista y la democracia participativa.

Fue, el comandante Hugo Chávez Frías, quien le dio un verdadero giro a la democracia y su entrevista con Toni Blair fue clave para dimensionarla a un rango protagónica y representativa y que le valió validar al Congreso Nacional- Hoy, Asamblea Nacional- validarla y lograr un comercio más amplio y dinamizar la lucha de clases a su verdadera realidad.

Frías, analizó, las teorías de Estado a nivel internacional y advino a conceptualizar tres elementos claves, una potencia soberana, que dice representar o expresar un marco en la colectividad, un marco jurídico- administrativo que define las reglas de convivencias social y una instancia concerniente a la colectividad general

Así que, el único conocedor de los sueños de Hugo Chávez Frías, es el sociólogo Elías Jagua Milano que viene desempeñándose en el Ministerio Popular para la Educación

Las teorías sociológicas que describen las relaciones Estado-sociedad civil y conceptos tales como poder, legitimidad y ciudadanía, facilitan la comprensión en cuanto al funcionamiento y evolución de los modelos democráticos, y particularmente los contemporáneos, que se distinguen por la diversidad de formas ampliamente adjetivadas.

Entre las teorías sociológicas del Estado a que hacen referencia Bobbio, (2007), figuran principalmente tres: la Teoría Marxista (Marx y Engels), la Teoría Funcionalista (Parsons) y la Teoría de Sistemas Políticos (Easton y Almond). La primera de estas teorías, la concepción marxista, distingue en toda sociedad, dos dimensiones: una base estructural de naturaleza económica y otra denominada superestructura, conformada por las instituciones

políticas del Estado. La base económica o de relaciones económicas consiste en una determinada forma de producción y es el momento determinante de la superestructura y, por tanto, del Estado (Bobbio, 2002).

Es decir, tanto la base económica como la superestructura no están dispuestas en el mismo nivel en cuanto a su capacidad para influir en el desarrollo de la sociedad y en el paso de una sociedad a otra. En la

concepción del materialismo histórico, se plantea que la transformación social es producto de la evolución de los diversos modos de producción (Gabaldón, 2008). Zaida Mireya Osto Gómez

La Teoría Funcionalista, por su parte, concibe a la sociedad dividida en cuatro subsistemas, cada uno de los cuales se distingue por las funciones que desempeña para la conservación del equilibrio social, y cada una de

estas funciones son igualmente importantes para dicho objetivo. Corresponde al subsistema político, la función política, fundamental para el funcionamiento del sistema social

Para América Latina y Colombia hay que hacer una alerta sobre libertad y democracia.

La filosofía nace en Grecia, junto con la democracia. La filosofía necesita de y contribuye a crear un ambiente social de libre discusión y argumentación en el que ideas antagónicas puedan ser contrarrestadas, sin que ello signifique que los desacuerdos ideológicos se tengan que resolver por la fuerza. En realidad, eso mismo es la democracia. A diferencia de lo que ocurre en la guerra, en la cual el objetivo es matar al enemigo para ganarla, en la democracia ya no hay enemigos sino antagonistas. Se trata es de derrotar políticamente al antagonista, no de matarlo. Todos somos ciudadanos, compartimos un mismo ‘ethos democrático’ aunque tengamos diferencias ideológicas. Vivimos un momento histórico en el que, por primera vez, los venezolanos y colombianos, tenemos la oportunidad de construir una democracia real en la que los enemigos de antes puedan vivir como antagonistas.

Hubo distintas corrientes, muchas enfrentadas entre sí. En los años 50 y 60, yo destacaría la figura de Hannah Arendt, quien puso de relieve la importancia de las instituciones democráticas después del auge de los totalitarismos en Europa. En los 70 y 80, las palmas se las llevó la obra de John Rawls, de gran influencia en Colombia. Él desarrolla una teoría normativa de la justicia que va más allá del liberalismo clásico y el utilitarismo. En polémica con Rawls, nace en los 90 el "comunitarismo", que destaca la importancia de los valores cívicos y éticos asentados en la tradición de comunidades históricas específicas. También en los 80 y 90 se empieza a desarrollar una corriente que podríamos denominar a grandes rasgos posmarxismo, empeñada en corregir el tradicional déficit de teorización política en el marxismo. Por último, y también en polémica con el liberalismo, destacaría el redescubrimiento de la tradición republicana gracias a autores como Quentin Skinner, John Pocock y Philipe Pettit.



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Emiro Vera Suárez


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