La cacería de las brujas

Cuando una Revolución atenta contra su propia ideología, cuando canibaliza su andamiaje teórico, entra en un espiral de derrumbe que toca a todos los elementos de su estructura: lo político se desdibuja, lo económico naufraga, lo social se deforma. El signo inequívoco de que una revolución entró en esta espiral fatídica es el linchamiento, el fusilamiento, la guillotina que decapita moral o físicamente a los dirigentes revolucionarios, se establece una especie de "terror" que al final termina con sus propios actores.

No es poca cosa que este proceso haya negado al Plan de la Patria, desoído los consejos de Chávez de "ir al socialismo, cuidado con el reformismo, votar por Maduro"; esos tres mandamientos fueron reducidos a votar por Maduro. Y el gobierno de Maduro, despojado por él mismo y sus consejeros de la ideología socialista, entró en la espiral fatídica. El deterioro está a la vista, sólo se atreven a negarlo los enceguecidos por la bruma del poder.

Entramos en la etapa de la guillotina moral (por ahora). Con la excusa de una rara lucha contra la corrupción, se volcó a la opinión pública contra PDVSA, se desbarató ese bastión moral triunfador contra el Sabotaje petrolero, soporte del gobierno del Comandante Chávez, reservorio de la Revolución. Se transformó de golpe en una empresa forajida, culpable de todos los males, habitada por ladrones. Se pescó a unos desvalijadores de carro, unos sobreprecios, y se armó el gran espectáculo. Se desmoralizó la empresa, se desprestigió la línea de mando, ahora todo gerente es ladrón, todo contrato es leonino, toda compra tiene sobreprecio, el que se mueva incurre en delito. Sólo los ilusos creen que a este linchamiento lo mueve una sana lucha contra la corrupción, mentiras.

Todo esta ofuscación represiva, toda esta cacería de brujas, la sed de sangre, necesitaba un fetiche, un satanás, estaba incompleta. El festín de sangre reclama víctima de mayor monta, y allí se juntan las ganas del público del circo con las necesidades mezquinas de la costra. Hay que apuntar alto, la cabeza es Ramírez, está condenado de antemano, o se entrega a los brazos de las brujas o es traidor.

Nadie lo defiende, el que lo haga es secuaz, o está pagado. Se le juzga en los medios, se condena en las declaraciones. La cacería de las brujas no puede parar. El argumento que lo condena es flojo: "el era el jefe debía saber". Pero el otro jefe de más arriba también debía saber, y el otro de más arriba también debía saber, y el de antes, y el de ahora, todos debían saber, todos deben ser linchados. El argumento se alimenta a sí mismo y se lleva por delante a todos. ¿Dónde parar?

La historia está llena de estas situaciones, de estos ejemplos. Aquí se repite. El gobierno de la restauración del capitalismo entró en espiral, no se detiene el deterioro. La persecución, las acusaciones a mansalva son los signos de la debacle.

Todos los dirigentes chavistas han sido permisivos, dejaron que arrollaran al Socialismo. En nombre de una falsa lealtad callaron, ahora padecemos la cacería de las brujas.

Es necesario detener a la rueda de la infamia antes de que haga tierra arrasada, hay que derrotar la locura.

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Toby Valderrama Antonio Aponte

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