En favor del socialismo, empoderar a los trabajadores y a los más necesitados

Los Clap son una organización gubernamental, llamados comités pero representan al gobierno, obedecen a sus políticas, sin el poder de mediar sobre las decisiones que toman las alcaldías o los gobiernos regionales y central. Están ahí para distribuir alimentos, pero no son comités verdaderos en representación de los intereses del pueblo pobre, en fin, no deciden sobre nada, no cuentan con verdadero poder, que no sea el de negar o favorecer a discreción la distribución de las cajas dentro de la población a la cual se las asigna, mientras la contraloría social se ha convertido en una forma de extorción… sin la conciencia del "deber social" todas esas instituciones de papel funcional al revés.

Las Comunas igual: o no existen o solo obedecen a las necesidades electorales del partido (ahora se las identifican con los Clap) ¡No existe verdadero poder popular en estas formas de organización!, o mejor dicho, en estas entidades "abstractas" ¡no hay poder popular!, que, cuando más "concretas", son un engranaje en la máquina electoral del partido de gobierno. A demás se les da el nombre de Comunas a pequeños centros de producción los cuales benefician solo a unos cuantos y de forma limitada; a pequeñas empresas llamadas "emprendimientos", sin el poder de influir en la economía capitalista de ninguna manera, siendo mucha de ellas, si no todas, estimuladas por la ganancia.

Los Consejos Comunales son gestorías, bancos comunales, en todo lo demás solo existen en el papel; fueron hecho ley, es decir, productos suspendidos en el éter del deseo. Consejos comunales sin verdaderos intereses de clase –intereses para empoderar a la clase trabajadora y expropiada, generar el poder, usarlo y sostenerlo, los consejos comunales, consejos estudiantiles, consejos escolares, campesinos, deberían estar a la base del edificio-, bien, ¡eso no existe!, solo catapultas para oportunistas y gente humilde manipulada.

La revolución falsa utiliza estas formas organizativas (nada más que "propuestas" en una ley, idealizadas y deseadas por Chávez) como una manera de contener la ira y engañar la confusión de la gente en un falso empoderamiento (¡Empoderamiento de qué o quién!, uno se pregunta)

Los Consejos comunales y las comunas han debido ser ser zonas socialistas, laboratorios socialistas, ensayos para discutir sobre temas organizativos concernientes al socialismo; o sobre el socialismo concerniente a cómo organizarlo desde ahora mismo, a fin de ganar tiempo y más espacios políticos, funcionales para equilibrar las diferencias de los que más necesitan con los que más tienen y más pueden, "dar a cada quién según sus necesidades y exigir de cada quién según sus capacidades".

Pero lo que hay es un sistema de distribución de alimentos según las políticas de "compras de simpatías y votos", un chantaje velado. Un carnet (de la Patria de aquellos que lo tienen) para optar a esas raciones, a bonos dentro de una "lotería navideña", y a algunos servicios públicos indispensables como el acceso a medicamentos, una copia vulgar de la caja de "Don Chepe" y la tarjeta Mi Negra: ¡qué torpeza! ¡Qué falta de originalidad!

No obstante el sistema de los Clap y el Carnet impiden el avance de la conciencia socialista, es su contrasentido; la gente se pelea por ellos, se trafica con las cajas, se acaparan productos, se organiza de forma espontánea una mafia para el tráfico de prebendas: los clap es otra arista de la economía subterránea (mercado negro), así como lo es el mercado del dinero efectivo, ahora mismo el más próspero de todos.

Sin conciencia socialista, sin conciencia del deber social, de que se libra una lucha de clases, la única motivación para la acción social resulta fraccionada; sigue siendo el beneficio del dinero y las cosas materiales de forma egoísta, personal ¡Mientras más necesidades tienes acumuladas, menos conciencia de la lucha social y de clases!; dentro de la urgencia y la competencia no piensas en la suerte de los demás, no te apiadas de nadie; cuando mucho le das una limosna a un farsante dentro de los vagones del Metro para salvar tu alma.

Convertir a las Comunas, Consejos comunales, más crear todas las formas de organización popular revolucionarias que sean necesarias en los sitios de trabajo, el campo, barrios, es fundamental para avanzar hacia la retoma del poder, pero ahora en nombre de la revolución socialista, de la clase de los trabajadores y de los que menos tienen. Sobre estos cambios solo ha habido hasta ahora una ilusión de empoderamiento, la cual duró mientras Chávez estuvo vivo. Pero ahora es fundamental volver a la organización de los grupos sociales revolucionarios, fuera de la órbita del gobierno y de su ideología pequeñoburguesa.

Hay que discutir en estos espacios el valor revolucionario de estar distribuyendo alimentos y trabajar inútilmente de elección en elección para que nada cambie, sin avanzar hacia la transformación profunda de la economía y de la sociedad; que se una la sociedad en torno a objetivos socialistas verdaderos, a la idea rectora de Chávez delineada en el Plan de la Patria original, y no en torno a los intereses mezquinos y personalistas del gobierno: unidad en torno al socialismo y con socialistas, con los trabajadores con los humildes, ¡con los capitalistas nada, con los fascistas, nada!

Ahora sabemos que junto a Chávez fuimos traicionados. El poder vuelve, sin mucha resistencia y en "sana paz", a manos de los verdaderos expropiadores de la sociedad: la burguesía, sus agentes y servidores; a través de sus mañas y de las mañas enquistadas en la burocracia del Estado burgués.

Siempre habrá una oportunidad para retomar el camino. La revolución Rusa no se hizo en cuatro años, ni en diez, o veinte. Fueron muchos años para madurar la estrategia y los métodos adecuados, atravesar el velo pequeñoburgués no es fácil. Nosotros contamos con esa experiencia, la de Cuba y otras más a nuestro favor. Ahora nos toca entender que cada crisis es una oportunidad, el por qué se pierde la revolución, pero también qué hemos ganado políticamente de ella; educar y educarnos para la retoma del poder, como clase social estafada, develar la trampa burguesa y seguir luchando por el socialismo verdadero.



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Marcos Luna


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