¿Cuál es tu misión en la vida?

Es una pregunta sorprendente, Un amigo mío me quiso poner en shock preguntándome de repente ¿Cuál es tu misión en la vida? Y creo que lo logró. Es una pregunta distractora. Cuando uno está medio borracho y tratando de defender sus principios, su razones políticas y existenciales, como en mi caso, donde no puedo hacer ninguna diferencia entre una y la otra, necesita tiempo para dar una respuesta certera, u honesta; creíble, confiable. Confieso que me la pregunta me confundió. Y sí, estaba tomando, como todo el mundo un sábado a las 4 de la tarde.

"Mi misión en la vida": en principio no existe tal cosa. El fatalismo no existe, o no creo en eso. Nadie tiene una misión definida en la vida. Su misión, si acaso latiene, la va haciendo, la va perfeccionando en la medida misma que va corrigiendo el producto de sus volubilidades, al tiempo en que se va poniendo viejo. Pero la mayoría de los seres humanos coetáneos con nosotros no piensan, ni saben, ni se preguntan: "Cuál será mi misión en la vida"… No, no lo hacen. Y no lo hacen porque se la impone sobre ellos, y no se dan cuenta de ello, la sociedad.

Es lo primero que uno piensa cuando nos hacen esa pregunta "¿Será que este señor es libre del yugo social?" "¿Seré yo libre –se pregunta el señor- de decidir ¡cuál es mi misión en la vida!, decirlo libremente y con fe?".

Sí, con fe. Porque la fe es un fundamento importante para la subsistencia de la humanidad. Así como algunas especies heredan cualidades que los adaptan al medio, los humanos tenemos, para perpetuarnos en la vida el arte, la fe, la herencia de los mejor de nosotros como especie, es decir valores positivos a la especie (no lo peor, Francisco. Lo mejor para perpetuar a la humanidad).

Fe y herencia, eso nos hace, también, seres humanos, humanos, más humanos. Me toca admitir que mi mentor es el viejo Nietzsche, luego siguen, por orden de aparición, Dostoievski, Stendhal, Marx, Lenin, Trotsky, Henry Miller, Oscar Wilde, Thomas Mann, Faulkner, Bolívar, Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, García Márquez , Teresa de la Parra, Mariano Picón Salas, y los modelos vivos de Fabricio Ojeda, de Argimiro Gabaldón, Salvador de la Plaza, muchos despreciados por ser intelectuales y no" ¡echa plomo!"; como si pensar, investigar, arriesgar desde la pasión intelectual, fuera concha de ajo.

Nadie quién critica a vuelo de pájaro conoce el riesgo de rebelarse contra el sistema. Es el mismo caso del Presidente Maduro, el cuál fue preso en la cuarta república. Sin embargo, ese sacrificio no vale hacer lo que nos dé la gana con el destino de todo un pueblo. La cárcel de un Rómulo Betancourt, o de un Miquelena no le dio, a uno y al el otro, autoridad moral para gobernar en nombre de la libertad y la revolución, sin libertad y si revolución alguna. La autoridad se gana en las prácticas políticas sociales y morales. Y estas son: tanto prácticas de vida como reflexiones teóricas. Y la libertad es una actitud personal, un fuerza personal para defenderse, parra reclamar justicia, para crear y cambiar el mundo si así lo creemos necesario. La libertad es siempre una condición positiva y un sentido amplio de responsabilidad por nuestras acciones. La otra libertad es ridícula, pasiva, el lasse faire, de Bastiac, del libaralismo que ha justificado a su nombre cual tio de maldad de los más poderosos. Es decir, la libertad de los poderosos.

Por otro lado, la igualdad socialista no es el maniqueísmo adeco, no es un blanco y negro, no es igualar a todo el mundo en la pobreza. Se trata de cambiar la sociedad desde su concepción espiritual. Cambiar el sistema de valores, imponer otros valores "IMPONER OTROS VALORES", en las prácticas de vida, políticas y sociales.

Igualdad es igualdad de oportunidades, nadie, en el socialismo pretende hacer igual, o uniformar a todo el mundo en sus prácticas de vida cotidiana, en su trabajo, en su vida íntima. Igualdad, en una revolución socialista se refiere a que "a cada quién según sus necesidades y de cada quién según sus capacidades". Es Marx Francisco. Es decir, igualar a la sociedad en sus oportunidades para desarrollarnos todos como INDIVIDUOS. Nada que ver con esa estupidez de que todos seamos pobres; eso es una concepción capitalista: pobres, clase media y ricos propietarios: son categorías instaladas en nuestras mentes cobardonas.

La realidad. Sí, la realidad es distinta, pero, si no fuera distinta ¿para qué vamos a cambiarla? Ese es el reto. Un reto humano. Inteligente, moral, físico, supremo, de gente con cuatro bolas… ¿Qué si es un sueño? Claro, todo es un sueño para quién vive cómodo exacerbando sus defectos morales hasta la muerte, siendo más adulador, más flojo, más resentidos, más acomodaticios, en fin Francisco, más "clase media". Allá la clase media si quiere pensar en su medianía, en su promedio, en su mediocridad, en esa cosa gregaria que da asco, hasta para aquellos que rompen la ley burguesa sin ofender la dignidad humana.



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Marcos Luna


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