La fortuna verdadera es una cuestión básica

Que afortunado somos cuando encontramos el verdadero sentido de la vida, nuestro rol en este mundo se trata de ser constante, la perseverancia en hacer las cosas de acuerdo a un orden natural del esfuerzo laboral e intelectual; se puede interpretar como una práctica de auténtica inteligencia. El ser inteligente significa encuadrar un esquema de beneficios que produzcan felicidad de forma ponderada y fácil de auto controlar, la triste realidad es que la acumulación constante de beneficios termina por ser un problema con una fuerte carga de angustia. Los acopios desproporcionados de riquezas, terminan por robar los estándares de tranquilidad, que cualquier ser humano necesita para vivir. Tener por exceso y de manera exponencial, nos aleja de la realidad media, allí donde se identifican innumerables pesares que no permite vernos entre iguales.

Son muchos los seres humanos que pierden las perspectivas de vida, con ese asunto de la riqueza, estos olvidan elementos que permiten la articulación armónica poblacional. El interés irracional del manejo material se convierte en su combustible de vida, dejando de lado, el derecho natural de tener ambiciones racionales. Se genera una carrera materialista sin sentido común, activando condiciones generadoras de efectos codiciosos, destructores de las relaciones humanas. A esta altura se deja de trabajar para vivir, la acción se convierte en la triste y vergonzosa realidad de vivir para trabajar. Se abandona la familia, los auténticos amigos y la salud, dejando en el camino referencias pusilánimes que llevaran sobre sus hombros sus descendientes familiares. Aspectos relacionados con lo ético y lo moral se convertirán en argumentos, que basados en realidades comprobadas, terminaran por sofocar a individuos que se vinculan con este y no tuvieron responsabilidad directa de presuntas acciones contraventoras; practicadas para la consecución de las fortunas financieras que se registran en el patrimonio familiar.

No se piensa en lo básico para vivir, ya es cosa de ostentar lo material sin darle el significado real que este posee, quienes practican este estilo de vida reúnen las características de verdaderos capitalista. La capacidad de consumo por impulso para el presumir, les gana la batalla de la sensatez, son acumuladores compulsivos. Su afición de que se le reconozca en una clase social superior, es su primera opción para el sentido de su existencia. Estas personas adoptan una postura pluralista de los bienes, se convierten en coleccionista de la moda de turno, sin medir el gasto que esto le represente.



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Joselino Serrano


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