El Golpe que no cesa

1.- Cuando la propaganda de la Coordinadora Democrática llamaba a participar en El Firmazo mediante una campaña apabullante de radio, prensa y televisión, terminaba diciendo que “con El Firmazo no hay pele”. Aquello era una clamorosa admisión de que con lo que sí hubo pele, con lo que hubo un inmenso y contundente pelón fue con ese intento de Golpe de Estado que se llamó Paro Cívico Nacional Activo, convocado por la Coordinadora Democrática, FEDECAMARAS, y la CTV, a partir del dos de diciembre de 2002 y levantado con el llamado Firmazo el dos de febrero de 2003.

Decirle a la nación que El Firmazo era a la orilla a la que querían llegar, y por la que lanzaron un ataque tan bestial, tan abierta y manifiestamente anticonstitucional, es una mentira tamaño baño. Se pretendía barrer bajo la alfombra la vergüenza política de levantar el Paro Cívico Nacional Activo apoyando un cotillón de posibilidades constitucionales, entre las que estaba el Referéndum Revocatorio por el que se había pronunciado Chávez en reiteradas oportunidades, pero además sin PDVSA. Eso era y es una derrota. El boomerang que lanzó la Dirección golpista de la Coordinadora Democrática con la intención de defenestrar al gobierno, al no dar en el blanco gracias a la serena resistencia del pueblo, se abalanza ahora sobre ella. La destitución de Rafael Marín, ex-secretario general de Acción Democrática, es tan sólo una muestra.

Antes de salir a cantar ninguna victoria, las explosiones en las misiones diplomáticas de Colombia y España nos recuerdan que sería muy iluso pensar que al Estado Mayor que decidió el sabotaje contra la industria petrolera, se le hayan acabado los recursos, o se le hayan acabado las bombas. La primera tarea que está planteada es comprender la dinámica profunda de este Golpe que no cesa, para poder seguir no sólo derrotándolo, como hasta ahora, sino incrementando la capacidad para hacer otras cosas además de enfrentarlo.

2.- Es necesario caracterizar lo que ha ocurrido para poder incidir en mejores condiciones en el devenir inmediato. Esa innegable derrota del sector golpista de la oposición, se corresponde con una victoria de la capacidad de resistencia manifestada por el pueblo y su gobierno, pero quienes piensen que el examen de la capacidad de resistencia terminaba el dos de febrero con El Firmazo, se equivocan. A menos de 25 días de levantado el intento de Golpe de Estado por la vía del lock-out patronal y el sabotaje de la industria petrolera, las explosiones contra las misiones diplomáticas de Colombia y España, exhiben el modo en que desestabilizar es un verbo de infinitas declinaciones, hasta la del terrorismo. No es que no haya una victoria del proceso que celebrar, que sí la hay y muy importante, es que no tenemos tiempo para celebraciones. Por otra parte, son también el movimiento popular venezolano y el Gobierno del Presidente Chávez los llamados a dar un conjunto de respuestas inmediatas a la grave situación económica que se arrastraba y que el sabotaje petrolero profundizó. Es para tener el tiempo de dar estas respuestas que se debe utilizar la fuerza que nos ha dejado el haber derrotado la intentona de Golpe de la oposición. No para desgastarla en conflictos subalternos que parecieran diseñados para satisfacer egos.

El hecho de que la oposición haya reiniciado en la Asamblea Nacional la ruta para llegar a un nuevo Consejo Nacional Electoral es una señal del modo en el que se asume la tarea de resolver el árbitro electoral confiable como paso previo indispensable a cualquier consulta comicial. Eso es una victoria del sentido común que tiene que resaltarse. Ya por lo menos no estamos sometidos a la ignominia de que se pretendiera hacer algún conteo con un árbitro totalmente descalificado.

Junto a eso, el hecho de las explosiones nos recuerda una vez más que la oposición no es un cuerpo homogéneo. Un sector de ésta abre el juego de lo electoral, levantando en la Asamblea Nacional el saboteo a la Comisión de Nominaciones, y otro recurre a actos terroristas para impedir el retorno a la normalidad. No parecen querer exactamente lo mismo Henry Ramos Allup y Gustavo Cisneros, por poner un ejemplo, aunque ambos conformen la oposición. Esa primera tarea que planteo, de comprender la dinámica profunda de este Golpe que no cesa, pasa por profundizar en las contradicciones de la oposición a fin de estar en capacidad para desarticular su juego.

La segunda tarea está en el ámbito del universo electoral. Tras el avance que significó la instalación de la Comisión de Nominaciones para llegar a la designación de un nuevo CNE, se tendría que estar como los Boy-Scouts, “siempre listos” para cualquier Referéndum o consulta electoral. Esto significa que decirse chavista, o del proceso constituyente, o del proceso revolucionario bolivariano, si se tiene dieciocho o más años, implica tener una Cédula de Identidad laminada y tener actualizada la inscripción en el Registro Electoral Permanente. Esta tarea, que debiera significar transformaciones en las dependencias del gobierno que, como la DIEX, tienen responsabilidad en lo de la Cédula de Identidad laminada, tendría que ser la prioridad absoluta de los partidos políticos y las organizaciones sociales que sienten su devenir vinculado al desarrollo de este proceso.

3.- Pocas veces nos ha pasado algo tan aleccionador como haber confrontado y derrotado dos intentos de Golpe de Estado en diez meses. La dinámica social que está expuesta en la concatenación de esos hechos históricos transforma al país en una gigantesca aula, en la que se desarrolla la más espectacular antes vista clase magistral sobre Ciencias Políticas. Para quienes han pretendido desde siempre que el pueblo permanezca en la ignorancia, esta es una primera grave derrota.

Las fuerzas políticas que hacen vida en la Coordinadora Democrática, la CTV y FEDECAMARAS, junto al sector del alto mando militar con el que se coaligaron, transformaron el 11 de abril de 2002 una manifestación ciudadana en la última fase de un Golpe de Estado preconcebido y madurado a lo largo de un feroz bombardeo mediático que tenía más de dos años. Tras los muertos que tenían calculados para intentar justificar la felonía contra la Constitución Nacional, en las horas finales de ese día derrocaron al Presidente Chávez, quien fue llevado a Fuerte Tiuna en calidad de prisionero.

El pueblo hizo un silencio sepulcral. El mensaje social era demasiado obvio y carecía de sutileza. Se resumía en que los pobres lloraban y los ricos reían.

El viernes doce de abril de 2002 el diario “El Universal” mentía a ocho columnas titulando “¡SE ACABO!” justo cuando todo recomenzaba. En la tarde de ese día, leyendo su primer acto de gobierno, los ricos quitaron a Bolívar del nombre de Venezuela, y desde ese momento ya no hubo para nadie: el pueblo se desbordó.

Hicimos en la noche de ese día un inmenso ruido, un gigantesco grito metálico de protesta que nos hizo saber quiénes éramos y dónde estábamos. Al día siguiente, sábado trece de abril de 2002, civiles y militares, salimos a sacar al gobierno de la Coordinadora Democrática, la CTV y FEDECAMARAS, presidido por Pedro Carmona Estanga, como quien se saca una espinilla.

En las primeras horas de la noche del sábado trece se constituye el Gobierno Provisional del Presidente encargado Diosdado Cabello y, en las primeras horas de la madrugada del domingo 14 de abril de 2002, sorprendiendo en la Isla de La Orchila a la máxima autoridad de la Iglesia Católica Venezolana, Monseñor Ignacio Cardenal Velasco, en la indigna tarea de intentar convencer al Presidente Chávez para que renunciase, un comando helitransportado leal a éste lo rescata y lo lleva a Miraflores ante el indescriptible delirio de la multitud. Antes de que amaneciera aquel domingo catorce de abril de 2002, el Presidente Chávez se dirigió al país en la primera alocución post-golpe pidiendo perdón por sus excesos y abriendo para el diálogo nacional un espacio central.

Desde el lunes quince de abril de 2002, al lunes dos de diciembre de 2002, fecha en la que se inició como operación de cerco, asedio y asfixia, el llamado Paro Cívico Nacional Activo, los medios privados de comunicación social no sólo no pidieron perdón alguno por mentir a ocho columnas, o por intentar borrar con muñequitos, con comiquitas, las históricas horas en las que un pueblo recuperaba el poder perdido, sino que siguieron en su operación de “tierra arrasada” con bombardeos masivos de propaganda tendente al enfrentamiento y la violencia, día tras día, todos los días hasta que, después de derrotar a los sectores de la oposición que se oponían a paros insurreccionales y otras aventuras dirigidas a demoler la Constitución Nacional primero, y derrocar al Presidente Chávez después; lanzaron el dos de diciembre de 2002 la ofensiva total de sus fuerzas con la promesa, no sólo de que las hallacas se comerían sin Chávez, sino que además, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela sería sólo una pesadilla que se alejaría en el recuerdo.

Al movimiento popular venezolano le corresponde un cuidadoso análisis de esos sesenta días de nuestra historia republicana en los que cayeron mitos fundacionales de la política nacional como el de PDVSA. La oposición no sólo paró la industria petrolera, sino que saboteó la rehabilitación de las instalaciones y procesos de producción, almacenamiento y comercialización, y el Gobierno no sólo no cayó, sino que salió más fuerte. En este sentido la tercera tarea del presente momento es impedir que se olvide ese nuevo hito en la vida de la Nación, en la historia del movimiento popular venezolano. Esos dos meses en los que se intentó un Golpe de Estado contra el Gobierno Constitucional del Presidente Hugo Chávez de modo abierto y desembozado, en los que se suspendió la producción petrolera nacional, con las terroríficas y caotizantes consecuencias que esto acarrea, hasta que el Presidente renunciara, o convocara unas anticonstitucionales elecciones inmediatas. Dos meses en los que un lock-out patronal, un cierre de las operaciones ordenado y determinado por los dueños de las empresas, puso en peligro la existencia de alimentos de consumo masivo, como la pasta, dos meses en los que se quiso derrotar por hambre a la resistencia de un pueblo. Dos meses en los que los militares de Altamira no cesaron de instigar a los militares activos de la FAN a la insurrección contra el gobierno constitucional, en los que figurones de la oposición, como Enrique Tejera París y Jorge Olavarría entre otros, llamaban en cada una de sus apariciones públicas en los canales privados de televisión a desconocer la constitución y derrocar al Presidente Chávez, dos meses en los que se pretendió abolir la Navidad hasta su caída, dos meses terribles, de incomodidad e incertidumbre en las colas del gas doméstico y el combustible. Dos meses criminales que afectarán muy negativamente la disponibilidad de recursos en el futuro inmediato, pero que han sido una de las experiencias que más ha influido en la profundización del actual proceso de cambios. Al margen de futuras consideraciones sobre esto, admitamos que si algo ha cambiado, que si algo es hoy diferente, es la conciencia del pueblo sobre sí mismo, sobre sus intereses, sobre la realidad que construyen los medios privados de comunicación social y sobre la percepción del proceso que se esta viviendo.

El Paro Cívico Nacional Activo era hasta que el Gobierno del Presidente Chávez cayera. Carlos Fernández (FEDECAMARAS), Carlos Ortega (CTV) y Juan Fernández (Gente del Petróleo), portavoces diarios de la Coordinadora Democrática en los macabramente llamados “partes de guerra” de las seis de la tarde, dragonearon hasta el hartazgo de que el botado era el Presidente Chávez, que Alí Rodríguez los podía despedir a todos, pero que el botado era el Presidente Chávez.

El fantasma de la guerra civil fue reiteradamente invocado en el tono abiertamente provocador de las manifestaciones opositoras, los picos de conflictividad que buscaron tuvieron extremos delirantes como atacar la funeraria en la que se velaba a los caídos a manos de la policía de Alfredo Peña, el tres de enero en La Bandera.

En su carácter de derrota doble, ya que perdió como Golpe de Estado en tanto en cuanto no tumbó al gobierno como había sido su promesa, y porque en el intento de dar el Golpe de Estado, utilizando para ello el control que tenían sobre PDVSA, también perdieron éste; el Paro Cívico Nacional Activo, aún cuando ha significado una gravísima pérdida económica para la nación, ha sentado las bases para un despliegue totalmente renovado del proceso. Ayer le pagábamos millones de dólares a la CIA para que nos tuviera minuciosamente vigilados. Hoy, rescindido el contrato con INTESA, comienza a recuperarse el control sobre los sistemas de información de la principal empresa del país.

4.- El Golpe va a seguir en la medida en que el sector golpista de la oposición siga ostentando la dirección política de la misma, tal y como lo demuestran los sucesos de abril de 2002 y los de diciembre-febrero 2002-2003. Ese sector golpista de la oposición, al que hay que aislar como lo que es, un peligro, tiene también una mirada sobre lo que ha ocurrido. No necesita que nadie le explique de dónde está agarrado un gobierno que aguanta dos Golpes de Estado en diez meses. Sospechosamente, fanfarronea de una fuerza electoral abrumadora, con la que barrería a Chávez, pero no habla ni por asomo de Referéndum Revocatorio. Plantea unas anticonstitucionales elecciones ya en la medida en que sabe que estas no son posibles, pero sobre las próximas posibles elecciones, las previstas en el Referéndum Revocatorio, a pesar de que están contempladas en términos ampliamente favorables a la oposición, en la medida en que los fuerza a unirse por más divididos que estén, sobre esto no sólo no se pronuncia, sino que además elude el fijar posición. Se podría pensar que este sector golpista en realidad cree que las fuerzas de oposición son minoría y que a pesar de eso se tiene que recuperar el poder perdido. Que los pobres son muchos más que los ricos y que los pobres están abrumadoramente con el Presidente Chávez. Que toda salida electoral redundaría en una confirmación de su Gobierno, y que en esa medida, de acuerdo a su lógica, las primeras elecciones que tenga Venezuela deben ser sin Chávez como candidato. No en balde el investigador norteamericano James Petras pronostica más desestabilización para inducir a una confrontación bélica interna de modo que haga “necesaria”, “por razones humanitarias”, una intervención militar norteamericana.

Enfrentar el Golpe que no cesa pasa por dar un salto cualitativo como gobierno y como pueblo. Vienen tiempos de crisis. Una de las cosas más delicadas que se debe tener en cuenta es el modo como la situación venezolana es redimensionada por la inminente Guerra de Bush contra Irak. La temperatura social tenderá a elevarse. Pero es ante esos tiempos de crisis que debemos crecernos. Una clave dada por la experiencia es salir a buscarse los problemas para impedir que sean ellos los que nos encuentren.

Una tarea final, que es concomitante con las otras tareas planteadas en el presente material es gobernar. Abjurar de la excusa de que no nos dejan gobernar y gobernar. Organizar lo que haya que organizar y gobernar: derrotar el dengue, educar infancia y juventud, generar empleos, enfrentar la pobreza extrema, construir las soluciones a los problemas planteados en infraestructura, vivienda, servicios, ejecutar todos los presupuestos a plenitud, movilizar la economía, reciclar deshechos sólidos, reforestar, administrar justicia, operar las apendicitis que se presenten en los hospitales, gobernar.


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Santiago Arconada Rodríguez


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