Entregan la revolución a los "privados" por flojos y por miedosos

Concepción Campa Huero, quien descubrió la vacuna contra la meningitis B y C, confiesa en una entrevista que el verdadero descubridor de la vacuna fue Fidel Castro. Lo dice por el empeño, casi diario que puso su jefe –como ella le decía- para que la investigación tuviera éxito. Su "jefe" Fidel llegó a aportar ideas muy valiosas y orientarla sobre el alcance que debería tener la vacuna a fin de ayudar a la mayor cantidad gente posible, aquella fuera proclive a la enfermedad.

Uno se pregunta cómo debe ser un verdadero líder revolucionario y piensa en Fidel ¿Por qué?: porque se preocupaba por el bienestar de la humanidad, comenzando por los más vulnerables, los que menos tienen, los enfermos, los desvalidos de cultura y conocimientos para poder vivir con fuerza y dignidad, los pueblos pobres, en resumidas cuentas por el futuro de la humanidad y del planeta. Pero lo hacía desde la atención diaria que ponía en los detalles: desde una investigación científica –como la de la doctora Campa-, hasta la preocupación que puso en el calentamiento global, aportando cifras estadísticas y todo tipo de datos; pasando por la producción económica de su país y del continente y la administración de los recursos; establecimiento prioridades, siempre pensando en los desposeídos; atendiendo personalmente la marcha de lo era lo prioritario… siempre sobre la base de un ideal de justicia, de principios bien entendidos; es decir, Fidel es el ejemplo de un buen líder porque puso en práctica, en su vida cotidiana, todo el interés en el destino de los hombre y mujeres concretos, el interés en aquello que creyó.

En la mente del líder no está dar buenos ejemplos con su conducta. Lo más seguro es que él sepa que un líder debe dar buenos ejemplos, sin embargo todo lo que hace no lo hace con la mente puesta en eso, lo hace solo obedeciendo a sus principios. Entre otras cosas, le toca recordarle a sus compañeros que deben dar buenos ejemplos, o lo que es lo mismo, que deben ser consecuentes con sus principios y discursos, para no confundir a la gente menos convencida y menos preparada, perpleja. Pero él mismo no tiene en mente esa idea del querer ser un buen ejemplo porque podría distraerse de los detalles fundamentales en la consecución de su tarea como líder, supervisando, orientando, planificando, recordando, educando en socialismo.

Se trata de no distraerse jamás de su deber como revolucionario. Demás está decir que un líder así inevitablemente da buenos ejemplos siempre, por la rectitud de su carácter de cara a sus principios.

La otra cara de la moneda es la comodidad de vivir sin carácter, voluble, como una veleta oscilando a donde sople el viento; la flojera de hacerse un carácter sobre principios firmes; y el miedo a cambiar. Creo que detrás de esta pantomima de revolución hay de las tres clases, de los tres niveles de reculada, o falta de voluntad. Lo primero es la comodidad de vivir de la mentira y mintiendo, adulando y dejándose adular, revolcado en el caldo de sus propios vicios y mañas (con poder y dinero todo eso se exacerba). Lo segundo es, la persona que conoce el valor de "hacerse un carácter" pero que su vida solo da para disimularlo en una pantomima, imitarlo, mimetizarse como los animales oportunistas; y tercero, el miedo y el dolor del cambio, el cual paraliza, aterra, debajo de una lluvia de escrúpulos y deudas sociales; en esta etapa pareciera que aflorara en la consciencia todo lo gregario de la vida del hombre común, la revolución se les hace cuesta arriba paralizados de terror.

Asumir el bien de toda la humanidad como una tarea personal y cotidiana nada tiene que ver con aparentarlo. Esto último es lo que suelen hacer los líderes falsos con sus discursos ampulosos o encendidos, pero hueros, sin un correlativo en sus vidas personales y en sus prácticas políticas. Es lo propio del falso líder, burócrata cansado, dicen una cosa y hacen otra totalmente distinta.

No se puede decir que somos socialistas si nuestros intereses personales son mezquinos e indiferentes ante el malestar de la sociedad, de TODA la sociedad (exceptuando a los ricos propietarios, mafiosos, corruptos, oportunistas de toda clase): indiferentes a la vida de la gente común, que usa el transporte público, que trabaja todo el día y todos los días y debe desayunar y almorzar; a las familias y sus hijos, a sus enfermedades, a los niños y jóvenes abandonados, los que comen de la basura y caminan descalzos por Sabana Grande, de la calle, indiferentes a los males reales y vivos, cotidianos que sufre la sociedad (hambre, enfermedades, carencias, escasez, burocratismo, abusos de poder…!!!!). Un verdadero líder se ocupa tanto de los detalles como de las fórmulas generales para la solución de los problemas como una sola tarea. La política, en un líder revolucionario, no puede ser otro jueguito de poder entre bandos de seres fritos de espíritu.



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Marcos Luna


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