El Estado no debe ser eterno; la Constituyente sí

El movimiento modifica el contexto; todo caduca cada cierto tiempo, nada se mantiene como era primitivamente y, hasta las ideas se corroen.

Adivina qué, dónde y desde cuando existe un Estado imperialista, mohoso, anquilosado, séptico, decrépito, inético, pelético, obsoleto y periclitado, malviviente y camorrero, proxeneta estupefaciente, petimetre lechugino y cromosómico, turiferario, nidoepalómico y etcétera, sostenido por una Constitución-data de aproximadamente 250 años y contentiva de apenas 7 artículos y con alrededor de 20 y pico de enmiendas o tal vez cuando mucho 30 y un pelo más, pero, alrededor de esa colcha de retazos.

Pero, ¿qué se esconde en una Constitución de apenas 7 Artículos, en vez de por ejemplo una de 350, no es acaso el delegar la arbitrariedad en el Emperador? ¿Quién designa directamente o por mampuesto a los altos jueces en el imperio, quién, acaso no es la élite por intermedio de su Emperador?

En un reino o en un imperio (cuya diferencia a mi modo de ver es como advertir entre culo o nalga) no hace falta constitución alguna porque "El Estado soy yo", Luis Almagro XIV.

En sentido lato, un Estado indefinido -por no decir que eterno, dado que todo es relativo-, es producto de la aberración mental de quienes lo jefaturan a la fuerza, a la machimberga (quiero decir, a la machimberra), una élite; y coetáneamente se sostiene sobre la justificación de la protesta ahogada de millones que sudan trabajando esclavizados, los obreros especialmente, para que la poderosa plutocracia se dé la vidorra.

Un Estado de tal naturaleza degenera obviamente en una democracia morbosa y cada vez más y más débil en su fundamentación puesto que su ideario se desajusta inequívocamente, por fuerza; el tiempo transfigura todo, ya lo indiqué al principio; la mentalidad de quienes ostentan un Estado de esa naturaleza, tiene que ser, por fuerza, degenerada; un Estado así sólo puede mantenerse por la fuerza de las armas, de la amenaza y la camorra, del chantaje inclusive a sus propios ciudadanos.

Si nos ponemos a escarbar la historia de los viejos imperios nos damos cuenta de que ninguno de ellos ha subsistido ya que tarde o temprano les llegó la hora del derrumbe; ¿dónde está, por ejemplo, el imperio romano?; algunos imperios se dedicaron básicamente a crecer hacia adentro mientras que otros pusieron de relieve su afán por crecer hacia afuera y conquistar tierras infinitas; los que trataron de crecer básicamente hacia adentro de sí mismos alcanzaron cuando menos algunos significativos logros culturales que ellos disfrutaron y que además legaron a la posteridad, y eso cuenta mucho, independientemente de otros aspectos nada constructivos; mas, el imperio del que, al caso intento hacer aquí su retrato hablado, es a mi modo de ver la historia de la humanidad, el más perverso y desquiciado porque representa la más vil degeneración del género humano. Vaya usted a saber.

En contraposición, he acá a la Constitución Bolivariana de 1999, reconocida internacionalmente por los pueblos como una de las más avanzadas del mundo y acaso como la que más, y de apenas 18 años de vigencia, y va en breves días a su adecuación, lo que es extraordinariamente auspicioso; me atrevo a vaticinar que Venezuela se ha puesto a la cabeza de una revolución constituyente y constitucional nunca antes vista por la humanidad y eso debe enaltecer al pueblo venezolano. Por eso el imperio decadente y sus imperiecitos satélites se nos vienen encima.

De modo que estimo haberos presentado, modestamente, lo que a mi manera de ver son las antípodas de dos modelos de Estado habidas y por haber en toda la bolita´ el mundo; y, que cada quien saque sus cuentas.

A todas éstas, válgame resaltar a Bolivar y a Chávez como los padres de la modernidad al respecto, aquende y allende fronteras; permítaseme también considerar que ningún Estado debe ser eterno, y aunque todo es relativo, insisto en ello, todo tiene que ver con todo, digamos que los pueblos sean eternos (siempre y cuando el imperio de marras no implote y arrastre consigo al resto del mundo) y, consecuencialmente, en tanto que constituyentes originarios, he ahí entonces un fundamento dialéctico.

Pienso que ir al proceso constituyente originario venezolano -destaco que, venezolano- es como ir sediento a un remoto y bonito manantial del Turimiquire (y que ojalá exista todavía, lejana evocación) a tomar agua en el hueco de la mano, ¡qué bonito, qué honor! Es que por antonomasia el pueblo no es sólo el manantial de la sabiduría sino, además, de la legitimidad, y así lo entendió, afortunadamente, el Comandante Chávez.

Algunos güelepega (la "h" es muda) dándoselas de sapos rabudos se han lanzado contra la convocatoria que en buena pro ha hecho el señor Presidente de la República Nicolás Maduro, atenido al Art. 348 y vecinos a pata´ e mingo, y que es plausible a toda mecha.

Mas, de trasfondos está hecho todo en la vida; quienes se oponen a la Constituyente, son en verdad consciente o inconscientemente, peones de una política imperial que quiere tragarnos y a quien en verdad se oponen es al derecho del pueblo venezolano a darse su propio camino de libertad.

Mover, modificar la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a partir del 30 de Julio en cierne, significaría modificar el contexto de guerra actual, a paz sustentable.

Otan:

¿Qué las ideas se corroen? ¡Para muestra un botón en "Ópera prima del menchevique Juan Barreto", que os adjunto aquí: para que usted le dé un vistazo https://www.aporrea.org/actualidad/a249535.html

 


 



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Guillermo Guzmán


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