El odio reta a la muerte: pensar pasó de moda

Mucha gente sale a marchar por lo que cree es un acto de valor ante las injusticias de una dictadura. Los mayores de sesenta años imaginan estar en presencia de una gesta heroica, libertadora de la democracia, similar a los previos de la caída de Pérez Jiménez. Otros solo se sienten imbuidos del "ánimo democrático" al marchar juntos contra de la dictadura de Maduro. En general, solo existe un algo liberador en esas manifestaciones, se sostienen por fuerzas constreñidas que se liberan: las madres y amas de casa participando en algo desconocido, haciendo de colectivo defendiendo una misma causa, el derecho a odiar, gritan en contra del gobierno, en contra del comunismo, del chavismo y de Chávez, de los marginales, maldicen, insultan, se denudan, cagan en la calle, se desprenden de los maridos y de las esposas aunque sea unas horas, toman, algunas comen en la Huerta, otros se disfrazan de jóvenes rebeldes, se visten como sus héroes de juegos, películas y noticieros extranjeros, usan pasamontañas, pueden lanzar molotov botellas y piedras, se drogan, tienen sexo, y sienten la adrenalina full, retando la muerte.

Morir, en el caso de los más jóvenes, en ciertas condiciones mentales, no los inhibe de enfrentar una tanqueta de la GN, como si defendieran a Leningrado. Si no todos, algunos son mercenarios. Pero otros no, las víctimas, los muertos, esos no. Estas víctimas van con el mismo entusiasmo, como los ancianos, o adultos mayores, las mujeres adultas, amas de casa etc. van a las marcha con la certeza que siempre habrá una víctima, algún muerto, pero convencidos que son otros los que se mueren, no ellos, se mueren ¡por allá!, ¡lejos!, en la televisión. Hasta que es asesinado algún familiar, o un amigo cercano, o el muerto es él mismo cándido.

Ese consuelo de que muere siempre el otro, los hace protegerse en la masa, como los cardúmenes de arenques. Es una verdadera experiencia liberadora, totalmente irracional, un cardumen de arenques, en una fiesta de elfos. Y subyace un sentimiento de que no hay razones para no hacerlo, cuando la vida en este país es una mierda, es una ladilla, es una vergüenza. Es algo de querer morir con cierta dignidad antes que marchitarse por el tedio, o "primero muerto que pensando en los problemas domésticos, en los maridos, en los padres, en las esposas, en el dinero, en los jefes". Sin embargo el suicidio es, además de pecado, una vergüenza, "un acto de cobardía", mejor que sea Dios o el destino quién decida qué hacer con nosotros (con ellos).

El carácter de Show mediático, de "Reality Show", de estas marchas, democratiza el protagonismo de toda la sociedad –la clase media, mediática, pequeñoburguesa y más- en el gran Show de la lucha por la libertad. Aquella muchacha de las tetitas bellas ya ganó un puesto en las redes y en la historia, también esa valiente señora que se liberó por completo en el cafetal (cuántas veces en su vida no habría soñado con eso, poder cagar en la calle medio desnuda), ahora debe tener muchas "visitas" en las redes. Eso es lo de ahora, el protagonismo, el destacarnos en las redes, atraer la atención de muchos ¡liberarse del anonimato! Y de la familia, y de los maridos, salir del closet del anonimato, ser tendencia.

Muchos recordarán estas "vacaciones" como las mejores de su vida. Otros no, las peores, porque murieron sus seres querido. Pareciera que el desenlace no es lo más importante, lo que importa es la catarsis.

La traición es un lugar común del gobierno y de la oposición. Pero, en este estado de irracionalidad colectiva nadie piensa en eso, lo importante es obtener un resultado, en la pugna por el poder. Y ese resultado nadie sabe dónde está, cual será. Solo se conoce al enemigo, un enemigo común: el fantasma de teer una razón sagrada para la lucha, porque para matarnos no es necesaria.

"Poder popular" es el nombre perfecto para un gobierno súper ejecutivo e impenetrable. En el terreno de la oposición nadie de la grey se pregunta porque aún no han asesinado a Muchacho o a Borges, o a Capriles, o a Corina Machado, por qué siempre matan a un estudiante distraído o a una pendeja. A la oposición que marcha, la traición se les escapa de sus perspectivas. Solo se sienten traicionados cuando sus jefes tránsfugas no les permiten destrozar ventanas, quemar, lanzar piedras, gritar mentadas de madre con furia. Unos traicionan a Chávez y a un ideal, y engañan a sus acólitos, otros traicionan todas sus banderas de lucha: la libertad, la democracia, la justicia y enferman y manipulan a los suyos.

Y de la traición a los principios pasamos a una guerra fratricida, otro Show para CCN, para Yahoo, para Noticas 24, para toda la TV del mundo, otro Show para Twittrer, y similares. El dolor se diluye comentando los sucesos del día, las muertes, los destrozos, las bombas, en los "caffes" del mundo, en el San Ignacio, desde Miami, comiendo galleticas y tomando té verde ¿Será inútil decir que tenemos que despertar?



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Marcos Luna


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