Guerra económica y la óptica del bateador. Como en el juego de pelota

Este trabajo se justifica porque hay mucha gente buena que insiste en creer que nosotros no creemos en lo de la guerra económica. Pese lo que decimos, insisten en creer eso y nos envían uno tras otros trabajos muy enjundiosos para "convencernos o persuadirnos". Ojala sigan enviándonoslos y no nos priven de esa excelente información, pero también comprendan que el gato tiene cuatro patas.

El juego está en la parte de abajo del noveno inning, para quienes poco saben del beisbol, es el último inning y última oportunidad del equipo de la casa. Hay dos out – o "au", como decimos los venezolanos – el equipo visitante gana por una carrera. Pero hay un corredor en primera y se asoma al plato, o lugar de los bateadores, el cuarto bate o el mejor de ellos del equipo. Algo así, aunque no exactamente, como en el futbol, porque en este deporte no se pueden anotar dos goles en una sola jugada, pero si uno para empatar y buscar el alargamiento o tiempo adicional en una eliminatoria, como si faltando segundos apenas para el final del partido, jugando ya el tiempo adicional, al equipo perdedor le tocase cobrar un tiro libre a media distancia por intermedio de su mejor hombre en esas circunstancias.

Cuando el bateador se asoma al plato, el lanzador, quien acaba de entrar en juego para el cierre, ya ha hecho sus últimos lanzamientos de calentamiento. Está por iniciarse un acto de suprema emoción e interés en aquel juego. El bateador es hábil y poderoso, puede decidir el juego con un batazo que lleve la pelota por encima de la barda que separa al campo de juego, el espacio de los jardineros, del graderío del público; tiene como hacerlo y de esa manera acabar con el desafío a favor de su equipo. El "pitcher" o lanzador cerrador, es un experimentado en esas circunstancias, es su especialidad. Con la suficiente capacidad para concentrarse y dosificar sus hábiles y rápidos lanzamientos en aquella situación como dramática y contener el ansia del bateador que enfrenta. Generalmente dispone de lanzamientos en recta que pueden pasar de 100 millas; es decir de alta velocidad que siempre resultan difíciles de conectar para cualquier bateador; más cuando los utiliza de manera inesperada para sorprender a su oponente. Los puede poner en el centro y en las cuatro esquinas del plato. Ese tipo de lanzador es de los mismos con un amplio repertorio de lanzamientos en curvas que buscan las esquinas, adentro y afuera; que pueden ascender y descender, incluso hasta llegar al nivel de la tierra llegando al plato. También cambios de velocidad, lanzamientos donde la pelota lanzada a gran velocidad toma una rotación que la hace descender de repente y caer a un menor ritmo al que traía al inicio, lo que suele dejar al bateador "descolgado"; es decir pasar el bate sin fuerza porque en el último momento, al percatarse del descenso y cambio de rumbo del lanzamiento, intenta contener el bate, sin poder hacerlo y se poncha o entrega el tercer out del juego y cerrar el final de éste.. o subir y obligar al bateador a producir un elevado fácil de atrapar por la defensiva

El lanzador está descansado, acaba de entrar en juego y preparado psicológicamente para aquella tarea; es su rutina. Tiene la ventaja de dos outs, lo que le permite jugar con el bateador en varios escenarios. Llevarle a la máxima cuenta de tres y dos y hasta permitir que se le envase un hombre más en las almohadillas; eso no cambia los riesgos. El bateador de turno no puede fallar; de hacerlo su equipo pierde el juego.

Es decir, las cartas están echadas. La única sorpresa es que en la cuenta máxima de tres y dos, el bateador se "vaya", como se dice en el argot, con un lanzamiento hacia afuera o logre conectar un lanzamiento que debiendo girar del centro hacia una de las esquinas, se "quede" colgado y aquél lo "pesque" y ponga la bola en las gradas para cerrar el partido a favor del equipo de la casa. No hay secreto alguno y nadie puede sorprenderse de lo que ocurra, lo que no niega que unos celebren y otros queden compungidos.

En el lenguaje coloquial venezolano, se dice en los casos como ese del beisbol que hemos descrito, "en guerra avisada no muere soldado" y también "quien va a la guerra no debe esperar lo reciban con flores".

El pitcher está obligado a hacer gala de su habilidad, astucia y hasta rico repertorio de lanzamientos con que cuenta y el bateador de su destreza y fuerza para liquidar el juego en el próximo bola que le lancen. En ese sentido las cartas están abiertas.

Por todas estas cosas, uno duda de la validez del argumento que en su defensa esgrimen los factores del gobierno. Ese, según el cual, los contrarios u opositores le hacen la guerra económica. Y se fundamentan en eso para justificar el grado de deterioro al que ha llegado la economía venezolana y particularmente lo que incumbe a las mayorías, la relación entre el salario y los precios de las mercancías todas. Según eso, la culpa sería del enemigo y además se justifica permanecer como maniatado. Ejército acorralado, incapaz de armar una contraofensiva, hablando en términos militares de lo económico.

Lo de la guerra económica, uno no lo duda. Bien lo sabemos. No es necesario o por lo menos no es determinante en uno, para creer eso, que alguien nos envíe por correo, como pruebas convincentes, trabajos de Pascualina Curzio. Trabajos estos muy serios, valiosos y necesarios para demostrar a quienes no creen en la guerra económica que ella es cierta.

Uno lee esos trabajos para ilustrarse, son muy útiles incluso para mostrarle a muchos que no creen en la guerra económica que ella es tan cierta como que estamos en la tierra. Visto así uno agradece a quienes ellos nos envían. Pero no porque quienes esto hacen crean hallar en nuestras opiniones dudas acerca de la veracidad de esa guerra.

Porque esos trabajos no explican todo y menos que estemos ganando el juego y podamos perderlo en el último inning, porque el bateador alcance un lanzamiento en curva y ponga la bola en las gradas, si nuestro equipo es el de la casa o lo ganemos mediante un lanzamiento hábil en cambio que deje al bateador descolgado, en cuenta de tres y dos, si el nuestro es el visitante. Porque el lanzador, por orden del estratega del equipo, estando el bateador en dos bolas, hace un lanzamiento por el centro del plato al que este inexorablemente intentará batear y en condiciones que le son favorables.

El bateador, estando en dos bolas sin strike, no puede justificarse, si se deja atraer por un lanzamiento alto y produce un elevado que es atrapado fácilmente en el infield o campo de adentro; él tuvo la oportunidad de dejarla pasar, dejar el juego "vivo" y esperar por un lanzamiento en condiciones a favor suyo. Todavía tiene espacio para maniobrar.

Cuando aprobamos la constitución del 99 que permite varias formas de propiedad y el gobierno, fundamentado en ella, posteriormente anuncia lo que se propone, incluso que "socializaría", hasta donde le fuese posible la economía, dentro de los parámetros constitucionales, por sólo hablar de esto, debió suponer que el lanzador apelaría a todos sus recursos y no le pasaría una bola mansa por el plato. Si acaso rectas de humo de esas de más de cien millas. Igualmente, cuando definió su conducta como abiertamente antiimperialista, se batió en Montevideo contra el ALCA, no podía esperar del capitalismo internacional y sobre todo gringo un tratamiento amistoso y solidario. Debió estar claro que contra él vendría una guerra y particularmente económica, sabiendo el grado de la dependencia nuestra del capital internacional como exportador de petróleo, casi lo único que nos produce divisas y comprador de cuanto cosa hace falta para la subsistencia. Aparte de eso, el ya muy viejo discurso de la izquierda venezolano, recogido por Chávez y aún pronunciado por el gobierno, blandía la consigna de la necesidad de enterrar el rentismo petrolero y Chávez insistió mucho en la "soberanía alimentaria".

Es decir, esa guerra estaba avisada y debimos prepararnos con tiempo para enfrentarla, sobre todo cuando el petróleo alcanzó aquellos precios tan elevados. No nos satisface retomar la consigna sin hacer una revisión y autocrítica, por los peligros que eso encierra, como el de aferrarse ahora con el mismo espíritu, al arco minero. El defecto nuestro, el rentismo petrolero, el que nos hace débil ante cualquier guerra, sobre todo económica, no era ni fue nunca un mal encubierto, una enfermedad que se nos presentó de golpe.

Todo lo anterior no se contradice, sino todo lo contrario, con las luchas antiimperialistas. Por eso, nuestro reconocimiento a quienes a ellas se mantienen fieles, incluso al gobierno, si da muestras reales, concretas de mantenerse en esa dirección. No basta querer serlo, por amor al país, defender las clases explotadas y los humildes, es necesario saber y poder hacerlo. Lo que es lo mismo de aquella vieja premisa, "no basta diagnosticar la sociedad, es necesario cambiarla". Diría yo, intentando ser realista y sensato, "hasta dónde ello sea posible". No es la primera vez que los gringos la enfilan contra un gobierno simplemente porque no llena todas sus expectativas. El simple discurso, ese que se suele calificar peyorativamente, como "saludo a la bandera", no es suficiente. Los venezolanos en muy alta proporción están en capacidad de hallar la aguja en el pajar.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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