De un venezolano: Una carta me llegó de México

Está en México, como tantos otros, en ese mismo país y regados por el mundo. Fue allá a encontrar tranquilidad y seguridad para los suyos. Es su derecho y aspiración de todo. Está en su propia piel y esto para mí significa que tiene su particular visión del mundo. Difícilmente podría ser de otra manera. Uno no puede pedirle se sacrifique y sacrifique los suyos por algo que no entiende y menos le ve ventajas. En el fondo, eso se percibe en la emotividad de sus notas, que está allá pero desearía estar en su país tal como lo quiere y ese es su derecho. No es oponente a ultranza ni movido por el odio, más bien por el amor. No se califica de perseguido político y menos exiliado. Sólo que no entiende cabalmente, motivos sobran, lo que aquí acontece y eso, en medio de estas circunstancias, para un tipo como él, quien por los pocos datos que me ha suministrado es un profesional y de eso que llaman clase media, que sueña y con justificación, desde distintos ángulos, con una determinada expectativa de vida, es perfectamente justificable y entendible.

En este caso, la palabra ventaja no tiene el sentido cuantitativo, pedestre que cualquiera quisquilloso pudiera hallarle. No. Tiene el sentido muy humano de conducir su vida asegurando su futuro y el de los suyos sobre bases sólidas y dentro de mayor tranquilidad. Cualquiera, por lo menos en mi tiempo eso era habitual, ahora la palabra como que si pasó de moda, pudiera decir, refiriéndose a la actitud de ese joven, como quien dice algo inteligente y agudo, es una intrascendente aspiración "muy pequeño burguesa". Y quizás lo sea; pero eso no es nada despreciable ni indigno, salvo le juzgue un atolondrado y desmedido que no tiene idea del mundo o la tierra que pisa o ante sí asuntos íntimos que atender. Porque preocuparse por el futuro de sus hijos y de su familia toda, es algo meritorio y muy edificante. Pudiera parecer algo egoísta, pero habría que contar con suficientes razones, un muy claro discurso y un transcurrir al frente que lo ganen o estimulen para lo trascendente, que le haga subliminal eso tan humano y hasta bello que es el futuro y la familia.

Somos parte de una generación que se formó en la idea de cambiar al país, hacerlo diferente, poderoso, soberano, democrático e independiente. Nos embarcamos en la tarea de derrocar una dictadura de verdad, no una inventada como quien se pinta un mundo a su justa conveniencia, para luego continuar aquella tarea concebida. Eso no se quedaba en darle retoques a la sociedad, como eso que podamos votar cada cuatro o cinco años, elegir un presidente que asume el país como una hacienda suya y donde sus capataces, quienes le acompañan en el gabinete o en los demás poderes del Estado, como siempre fue hasta que intentamos impulsar la Revolución Bolivariana. Por eso, después de caída la dictadura de Pérez Jiménez, nos vimos embarcados en combatir gobiernos, tan y más represivos e inhumanos como los Betancourt y Leoni. La democracia que soñamos y seguimos soñando debe fundamentarse en el trabajo de todos, nadie viviendo de los otros, nadie acumulando desmedidamente sin aportar nada, nadie de holgazán viviendo de la caridad del Estado y menos que los funcionarios de éste se apropien de lo que no les pertenece. Tampoco inducir a grupos humanos a que se sientan inútiles, hasta sujetos al desprecio por acostumbrarlos a la dádiva con tal de garantizar el voto a quien gobierne. Eso mismo hizo la llamada IV República y lo repudiamos. Que los empresarios no se roben las divisas de los venezolanos sino que las usen para crear riqueza y bienestar para todos. Que políticos no asuman el país como una ubre y al gobierno como una palanca para hacer negocios, como lo está en la concepción hasta filosófica de la derecha; tampoco eso hagan los partidos del mismo signo y aun los enchufados en gobiernos progresistas.

Que ninguna empresa o entidad ajena a lo nacional nos despoje de nuestros bienes o riquezas ni tampoco nos utilice como base para hacer lo mismo a los demás hermanos de América.

Ese país soñamos desde jóvenes y además tuvimos el atrevimiento de sentirnos responsables de esa tarea. Por eso luchamos, hicimos lo posible por estar en la vanguardia y en estos casos uno tiende a sobreponerse a la realidad cotidiana y forjarse deberes más allá de lo común. Cuando se llega a eso, no nos ubicamos entre esos, pocos lo logran, con el perdón de quiénes creen haberlo logrado, se tiende a sobreponer el interés inmediato, familiar, personal por lo colectivo.

Porque lo común en una sociedad capitalista, no hablamos de otra porque no existe ahora mismo, para no mentir, es que los hombres piensen fundamentalmente en sí mismos y sus cercanos parientes. Pueden haber variantes, donde no existe la gran propiedad nacional privada, porque ella está en manos del Estado y la multitud se siente solidaria, pero al mismo tiempo sujeta a los designios de aquél y quienes lo manejen. Pero aún así, el individuo siempre se sentirá inclinado y en la obligación de proteger primero a su núcleo familiar. Porque la idea de familia colectiva no existe en ninguna sociedad existente.

El cuadro político venezolano parece confuso. De un lado están quienes gobiernan y a este respaldan, portadores de un loable discurso e iniciativa de construir un país independiente, soberano y solidario. Pero un país envuelto en una crisis profunda por diversos factores, como las agresiones, trabas imperiales, las prácticas felonas de grupos empresariales y políticos interesados en apoderarse del Estado para ponerle a su servicio y del otro un gobierno que no halla los caminos para alcanzar sus metas.

De esa pugnacidad resulta una crisis económica sin precedentes en la vida nacional que al común de los venezolanos desespera y le hace sentir desasistido. Agregándole a eso el grado de inseguridad, no tanto como el de muchos países, hasta México mismo, pero si al cual el venezolano no termina por habituarse.

Por esas cosas y no por repudiar intentemos hacer del país una cosa distinta a lo que fue en la IV República, sino por sentirse altamente frustrados y desesperados, muchos venezolanos optan por salir del país. Y este amigo, según lo que me dice, todo lleno de nostalgia, se fue por esos motivos. Y le entiendo y eso me compunge.



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Eligio Damas


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