Siento escalofrío

Me topé con un conocido y, sin preámbulos, me soltó: "amigo, siento escalofrío al pensar en la encrucijada en que se encuentra Venezuela. Observo una posición radical por parte de la jerarquía eclesiástica, respecto al diálogo. Y me confundo más en este dolor de quien quiere a su país, cuando veo que la Conferencia Episcopal se aleja del mensaje del Papa Francisco, quien ha insistido en que la única forma de solucionar los problemas, sea donde sea y del tipo que sea, es a través del diálogo. Coincido con la idea del Papa. No hay otra, señor. No hay otra forma de que los venezolanos nos entendamos y comencemos a trabajar, todos juntos, por Venezuela, sino nos sentamos a conversar como gente pensante, como personas responsables, que sentimos y amamos a la patria de Bolívar. Tanto el gobierno, como la oposición tienen que limar esperezas y, con sinceridad abordar el diálogo como único elemento válido para salir de esta crisis. No entiendo cómo el Cardenal Urosa pueda estar en contra del diálogo. Es cosa de Satanás.".

Yo no había tomado aire para responder a su preocupación, cuando oí: "Siento escalofrío porque sé que puede sobrevenirnos si no nos entendemos. Presiento que vendría una matazón entre unos y otros. Entre chavistas y no chavistas. Entre gente de izquierda y gente de derecha. Entre vecinos y vecinos. Sería el caos. Sería una tragedia de magnitud impredecible. Urge, según mi criterio, una flexibilización de las mentes de unos y otros. Ahora cada quien opera con una mente rígida. La rigidez mental nos entorpece, nos dificulta ver más allá de nuestras narices. Es más, nos convierte en máquinas estúpidas, en unos desquiciados de donde no sale nada bueno. Todo lo contrario: destrucción, aniquilación y muerte. Estamos convertidos en personas recalcitrantes, que no somos capaces de reconocernos unos a los otros, y sólo pensamos en nuestros intereses personales. Mientras el país se hunde más y más en el estiércol del diablo".

Pensé que ahora sí me tocaba mi turno. Me equivoqué: "Mire, amigo, le digo esto porque lo conozco y se cómo piensa en el fondo de su corazón. Siento escalofrío porque la dureza y la rigidez mental están asociadas a la muerte. Vea lo que sucede entre Donald Trump, y Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte. Estas personas son de mentes rígidas y duras como una roca. Y de ellas depende la paz o la guerra. Pero las señales que están enviando al mundo son de guerra, de destrucción y de muerte. No piensan en sus países, piensan en sus egos. No piensan en la humanidad. Y esa actitud la percibo en los líderes de la política nacional. No quieren sentarse a dialogar con buenos deseos, con voz y mano franca… ¿Y entonces? ¿Hacia dónde vamos? Observo que un sector quiere desplazar al otro del poder, sea como sea. Aquí y ahora. Mientras que el otro sector está dispuesto al diálogo. Nicolás Maduro ha llamado al dialogo desde que asumió la presidencia. En repetidas ocasiones ha hecho el llamado y ha aceptado el acompañamiento de tres ex presidentes y de un delegado del Papa Francisco. Ha sido evidente el llamado sincero del presidente al diálogo. Esa es la verdad. La pura verdad. Soy de los que piensan que mientras persistan la dureza y la rigidez mental, de un sector, el devenir se nos presenta con un color negro. Negro penetrante y asfixiante y cargado de muerte".

Me adelanté. Le quité el bocado de la boca, para no permitir que me matara el hambre de hablar. Le dije: "Comparto casi todo lo que me ha dicho. Mientras mantengamos un pensamiento rígido, los resultados de nuestras acciones serán torpes, casi suicidas. Leí que "La fuerza del pensamiento flexible radica en que a pesar de la resistencia y los obstáculos, nos permite inventarnos a nosotros mismos y fluir con los eventos de la vida sin lastimar ni lastimarse…". En efecto, la rigidez mental conduce a la provocación, a la violencia, a la destrucción y a la muerte. No tiene fisura para la flexibilidad. Y eso es peligroso, como usted lo ha apuntado. Muy peligroso. Ahora mismo, Venezuela, un país de paz, está sometido a una olla de presión que no se sabe cuándo pueda explotar, debido a la terquedad, a la avaricia de poder, y a la insensatez. Se corre el peligro que sean otros que vengan a ponernos de "acuerdo" (ustedes saben quiénes pueden ser), tal como lo pide un sector totalmente desquiciado. Venezuela: la patria de Bolívar y Chávez, no se merece lo que está viviéndose en sus cuatro costados… Urge la intervención de Dios. Sólo Dios puede alumbrar la mente de los dirigentes de este país, pero sobre todo a los líderes. El Señor tiene la palabra… Que meta su mano y su corazón el 19 de abril… ¡Viva el diálogo! ¡Viva la paz!



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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