"Cristo dame vida, no me lleves todavía"

Retomo de la memoria este episodio de mi vida, de la vida de todos, de la historia contemporánea de Venezuela, porque los que somos revolucionarios y llevamos a Chávez clavado en el alma, nunca se nos olvidarán sus palabras y las lágrimas que derramó en una misa en Barinas, en la que destacaban su mamá Elena Frías y su papá Hugo de los Reyes Chávez, los hermanos y los hijos, entre otros asistentes.

"Yo ahora no pude evitar las manos amorosas de mi madre y al mismo tiempo la mano de mi padre, las dos manos, una me sobaba por aquí y otra por aquí y dije Dios, ¿hace cuánto yo no sentía estas dos manos al mismo tiempo?... ¿Hace cuánto tiempo… no sentía la mano zurda de mi padre fuerte pasándomela por el hombre como la sentí ahorita, y la mano de mi madre?…O ese abrazo de mis hermanos, de mis hermanas, de mis hijos…El abrazo de María anoche que apareció de repente, como de la nada…¡Oh María! Los hijos…"

"Ahora si todo lo que uno ha vivido no ha sido suficiente (es lo que siento), le digo a Dios, si lo que uno vivió y ha vivido no ha sido suficiente y me faltaba esto, bienvenido, pero dame vida, aunque sea vida llameante, vida dolorosa, no me importa…Dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro, dame tu cruz, cien cruces que yo las llevo, pero dame vida, porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo y por esta patria…no me lleves todavía, dame tu cruz, dame tus espinas, dame tu sangre que yo estoy dispuesto a llevarla pero con vida, Cristo mi Señor".

Un héroe, un prócer, un valiente, el libertador de la segunda independencia de Venezuela, la esperanza de los pobres, de los más necesitados, de los excluidos, un hombre de carne y hueso que soportó con dolor llevar la pesada cruz de hacer visible a los más desposeídos, a los maltratados, a los que nunca tuvieron voz.

Retumban todavía en mi mente -y sé que en la mente de todos los revolucionarios- esas palabras de El Gigante, que calcinan por dentro, queman el alma, arrugan el corazón, arden, pero que también sirven de combustible para seguir luchando de la mano del presidente Nicolás Maduro.

O ¿qué hacemos? ¿Dejamos perder la revolución?, pregunto a los chavistas de verdad, ¿dejamos sucumbir el proyecto revolucionario? ¿Retrocedemos a la IV República? ¿Dejamos que todo ese amor que Chávez sintió por nosotros se vaya con el viento de la sabana? ¿Dejamos que ese llanto de Chávez se vaya con las aguas del río? ¿Nos rendimos ante la bota gringa y los lacayos que en Venezuela y otras partes del mundo les hacen el juego a ese imperio criminal?

No sé ustedes camaradas, pero yo echo el resto por esta revolución; no soy un héroe, no soy un prócer, sólo soy un venezolano más que por Chávez, el hombre que dio su vida por mí, por ustedes, por todos nosotros, si tengo que llevar la coronas de espinas y todas las cruces que me imponga este proceso las llevaré si así lo dispone el Todo Poderoso, porque amor con amor se paga… No podemos permitir que la historia destierre al Comandante Eterno. Y eso, obviamente, depende de los revolucionarios auténticos.

Con Maduro victorioso ¡venceremos!



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Gian Carlo Di Martino

Politólogo, profesor, abogado. Ex-Alcalde de Maracaibo. Cónsul de Venezuela en Milán - Italia.

 giancarlodimartino2017@gmail.com

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