Rosita al desnudo (sexo y TV)

Se trata de escenas que nunca más deberían repetirse en la tv venezolana. Rosita fue una dramatización racista de la esclava india que complacía los deseos de su dominante amo europeo. Protagonizada por la escultural modelo Jimena Araya, quien se apoderó de las redes sociales y los portales de internet en Venezuela.

Ver video en YouTube: El lado malo de Rosita, Jimena Araya y el portu https://youtu.be/aVNoc3juICI

Desde que apareció la noticia en 2012 de que esta joven era buscada por la justicia debido a su presunta participación en la fuga de un peligroso pran (Niño Guerrero), miles de internautas hicieron comentarios que fueron desde la ironía hasta la condena sin pruebas.

Ahora Jimena vive lejos en EEUU y dice que ya no es chavista, sin embargo hasta hoy acumula más de 900 mil seguidores en Twitter como huella de que cada domingo por la noche fue protagonista de uno de los programas humorísticos más vistos en la tv nacional.

Entre la admiración de muchos y la crítica (muchas veces destructiva) de otros, Rosita fue un producto de consumo masivo y una imagen comercial de la todavía machista sociedad venezolana.

Con su personaje de asistente en las tareas del hogar (mal llamada cachifa o sirvienta) Araya fue usada por la televisión para reforzar el viejo concepto de la mujer que es feliz siendo sumisa ante la autoridad del hombre abusivo.

Con el jefe portugués que le ordenaba recoger cosas del suelo para observar su cuerpo de afrodita, se cumplía la dramatización racista de la supuesta superioridad de los machos europeos y la pretendida inferioridad de las mujeres tercermundistas que mansamente "complacen" a sus amos para ganarse la vida. Todo como en los tiempos de Cristóbal Colón donde resultaron asesinados 70 millones de aborígenes a consecuencia de la invasión europea contra América.

Desde nuestra óptica feminista y humanista, Rosita fue simplemente un instrumento, no fue la jefa del negocio publicitario ni del lucro televisivo. Porque ya sea en la pantalla o en el mundo real, hay millones de respetables damas como Rosita, que voluntaria o involuntariamente, por ambición de riqueza o por necesidad real, participan en relaciones donde son tratadas como objeto sexual de personas explotadoras a cambio de dinero u otros beneficios materiales.

El asunto va más allá del chiste, el morbo carnal o la farándula. Porque la atención de las multitudes convirtió a este personaje en un símbolo cultural que fue capaz de influir en millones de personas y especialmente en los más jóvenes.

En varones que sólo desearían tener a una mujer con cuerpo voluptuoso y que buscarían (como fuese) el poder monetario para "comprarla", quizás siguiendo los pasos de un peligroso Pran o de su amo portugués en la TV.

De igual modo, en muchachas que "invertirían" millones en implantarse o moldearse busto, trasero, cintura, piernas y abdomen "perfectos" como los de Rosita porque se ha establecido socialmente que esas son las llaves del éxito, la fama, la fortuna y la conquista de un hombre adinerado.

Ante lo que probablemente ha sido el infeliz final de la carrera de Rosita (ex fugitiva de la ley y hoy extrañamente vetada por los medios televisivos), muchos y muchas que alguna vez por Twitter la llamaron despectivamente "malandra" o "prostituta" sin tener bases suficientes para tal afirmación, en el pasado fueron sus fans y hasta culto le rindieron.

Definitivamente, la sociedad parece estar enferma de hipocresía porque sólo aplica sus juicios morales a los vencidos, pero nunca a los vencedores.

Legalmente hablando, la inocencia se presume hasta que se pruebe lo contrario. Pero más allá de lo penal, es obligatorio tener en cuenta que Rosita, aunque ella misma pudiera no comprenderlo ni interesarle nuestra reflexión, es una de millones de víctimas de la sociedad mercantilista, sexista y fetichista, donde se fomenta la ambición de hacerse rico a cualquier precio y la perversa tentación de los caminos fáciles a través del comercio con el propio cuerpo.

En ese contexto, la prostitución, la pornografía, la trata y el tráfico de personas conforman una de las industrias delictivas más poderosas del mundo junto con el tráfico de armas y de drogas.



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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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