La Unión Soviética y otros como Monseñor Pérez Castillo

Muchas personas, víctimas sin saberlo de un intenso lavado cerebral practicado por medios de comunicación venales y corrompidos, por medios al servicio del imperio más criminal y vesánico que jamás haya existido como son los Estados Unidos, cuando hablan de la Unión Soviética se refieren a ella diciendo que fue un imperio.

Nada más falso, porque la Unión Soviética no sojuzgó a nadie. Los imperios someten, esclavizan, explotan, como lo hacía el Reino Unido y lo hacen en nuestros tiempos los Estados Unidos, por ejemplo. Y nada de eso hizo la gloriosa patria de Lenin. Por el contrario, con una generosidad y desprendimiento como no se había visto nunca, y con riesgo incluso de su seguridad nacional, amenazada desde todos los ángulos, ayudó a independizarse del yugo colonial a muchos países del mundo, como los de África, Cuba, Vietnam, etc., a los que jamás les exigió nada a cambio por tan invalorables servicios .

Por otra parte, la Unión Soviética jamás se derrumbó. La derrumbaron los traidores mencheviques a cuyo frente se encontraba la pandilla de los tres, o sea, Gorbachov, el borracho del Yeltzin y Sheverdnadze, quienes una vez en el poder y al frente del Partido Comunista, se dedicaron a sabotear la portentosa obra realizada por Lenin y Stalin. Y no conformes con esto, a los pocos día de consumada la traición creyeron conveniente alardear de su "hazaña". Y para hacerlo lo más ostentosamente posible, se fueron a apresurados a rendirle cuenta a su jefe en la Casa Blanca, es decir, a Ronald Reaga. Cómo serían de desvergonzados estos canallas, que Gorbachov, después de haber sido expulsado a patadas por Yeltzin del gobierno, se fue a refugiar y a disfrutar del cuantioso pago recibido por la traición cometida nada más y menos que en Londres. Esto es, se fue vivir, en una especie de exilio dorado, en uno de los imperios más hostiles y antagónicamente contrarios a las ideas representadas por el "ilustre" huesped; huesped que hacía poco había sido el primer ministro y jefe del partido comunista de la URSS, es decir, por el ex jefe de la nación más odiada y combatida por la pérfida Albión. ¿Qué podría explicar este aparente absurdo como no sea que la caída de la Unión Soviética se debió a la conspiración urdida por sus enemigos del exterior en bastardo contubernio con los de adentro?

Pero la caída de la Unión Soviética fue particularmente lamentable, porque de no haber ocurrido esa defenestración, los bárbaros´y salvajes genocidios cometidos por la bestia estadounidense contra los pueblos de Irak, Libia, Yugoeslavia y en estos momentos contra Siria, donde la aviación gringa ha bombardeado incluso hospitales, esos genocidios, repito, jamás se hubieran cometido.

Y en cuanto a que la Unión Soviética fue una feroz tiranía, también en esto se falta descaradamente a la verdad. Eso se debe, porque al contrario de estas impúdicas afirmaciones, la URSS fue uno de los países más democráticos del mundo. Y por supuesto, mucho más que los Estados Unidos, donde lo que existe es una execrable plutocracia basada en la discriminación, la exclusión y la represión sistemática y permanente contra su propio pueblo. Y donde, además, se mantienen campos de concentración como Guantánamos, en el que se encuentran secuestrados sin fórmula de juicio y en pavorosas condiciones infrahumanas, un numeroso grupo de detenidos, los cuales son sometidos cotidianamente a un trato bestial, a un trato extremadamente cruel y despiadado.

No hemos creído conveniente terminar estas cortas líneas dictadas por la nostalgia, sin hablar de Cuba como un ejemplo muy elocuente de la generosidad sin límites de la Unión Soviética; de la inmensa pérdida que ha sufrido la humanidad con su lamentable y dolorosa desaparición. En efecto, al comienzo de la revolución, cuando se iniciaron las expropiaciones de bienes norteamericanos radicados en la isla, el gobierno de los estados Unidos, fuertemente hostil con la nueva situación surgida a raíz del triunfo de las huestes fidelistas, respondió con el embargo o suspensión de la cuota azucarera . Era un golpe mortal contra la frágil economía del país, pues ésta dependía exclusivamente de la exportación de ese rubro. Era como si a Venezuela de repente se le dejara de comprar el petróleo.

Sin embargo, tan pronto como se produjo el embargo, la Unión Soviética acudió en ayuda de la naciente revolución y, sin necesitarla, se hizo cargo de la compra de la citada cuota azucarera. Pero no sólo eso, porque si el precio internacional del azúcar caía, la situación no afectaba para nada a la pequeña nación caribeña, por cuanto el gobierno soviético se la seguía comprando al precio que existía para antes de esa caída. Lo mismo ocurría en otros aspectos de la vida de la isla, como en el campo de la medicina, por ejemplo, en el que la ayudó a preparar médicos, ya que la mayoría de los que había se largaron en busca de mercenarios beneficios.. Asimismo, le suministró medicinas y les ayudó también a modernizar los hospitales y clínicas del país, dotándolos con equipos hospitalarios de última generación. Pero esta actitud solidaria no sólo se manifestó con la patria de Martí, sino que también se puso en práctica con todo los países que, queriendo ser líbres e independientes, luchaban contra la dominación colonial de los países imperiales del mundo.

Pero aun hay algo más importante, porque si todavía existe la revolución cubana no se debe a otra cosa que al decidido apoyo que la Unión Soviética le prestó a Cuba en momentos en que los Estados Unidos estaban haciendo febriles preparativos para invadirla. De hecho, lo obligó a firmar un tratado mediante el cual se comprometía a respetar la integridad territorial de la pequeña nación antillana. Y no sólo eso, porque también hizo que desmantelaran los numerosos misiles con carga atómica esparcidos por casi todo el continente europeo, incluyendo Turquía. Sin embargo, Walter Martínez, impenitente admirador de la familia Kennedy, llegó a catalogar esto como una derrota de la nación eslava en el conflicto de los misiles. Llegó incluso al extremo de sugerir que el regreso de la escuadra de buques que el país comunista había enviado a Cuba para auxiliarla en caso de una agresión, fue producto de la cobardía de los dirigentes soviéticos. Ignoró de ex profeso el conductor de Dossier, el hecho de que mientras esa escuadra navegaba hacia su destino, se produjo la firma del tratado de no agresión, por lo que continuar con el viaje no tenía ningún sentido.

De manera que cabría preguntar: ¿quiénes fueron los más beneficiados con la crisis de los misiles? Si se toma en cuenta que desapareció la amenaza militar contra Cuba, que como una espada de Damocles pendía sobre esta nación, y si se considera además que los misiles atómicos que apuntaban al corazón de Moscú, fueron desmontados, no cabe duda que los beneficiados con el desenlace de esta crisis fueron Cuba y la Unión Soviética. Y en cuanto a los Estados Unidos, no les quedó otra que calarse que a sólo noventa millas de sus costas existiera un país comunista. Algo impensable en aquellos tiempos, porque por muchísimo menos que eso el imperio había perpetrado incontables invasiones militares contra nuestros países;: Honduras, Nicaragua, Panamá y pare usted de contar.

Pero en fin, ´se produjo la desaparición la Unión Soviética y el imperio ha creído llegado el momento de lograr su viejo sueño de esclavizar al mundo. Pero ahí esta Rusia, heredera de las portentosas hazañas logradas durante el anterior gobierno socialista para impedirlo, porque con Rusia y con su heroico pueblo, no podrán.

NOTA: Con motivo de la procesión de la Divina Pastora de Barquisimeto, un tal monseñor López Castillo, en lugar de una homilía a tono con el acto religioso que se efectuaba, lo que pronunció fue un furibundo discurso político contra el gobierno nacional. No habló de paz ni tampoco de invocar el auxilio de la virgen para que Venezuela pueda superar las dificultades por las que atraviesa en estos momentos, como correspondía a un ministro del señor que ama a su país y a su pueblo. No, lo que hizo fue pronunciar un discurso tan virulento contra el gobierno como no lo hubiera podido pronunciar ni siquiera ningún integrante de la oposición, que ya es mucho decir.

Se vuelve a repetir el discurso de Castillo Lara. Aquel adminisitrador del Banco Amborsiano, banco del Vaticano, al que este señor llevó fraudulentamente a la quiebra; una quiebra que hasta asesinatos de personas produjo, pues estaban enteradas de los hechos irregulares que condujeron al fatal desenlace del banco. Con la muerte de estas personas, Castillo Lara salió sumamente beneficiado, pues al desaparecer quienes pudieran hablar acerca de los manejos dolosos en los que había incurrido el cardenal, y entre los cuales estaban sus relaciones con la Cosa Nostra y el asesinato de Juan Pablo Primero, quien se oponía rotundamente a esa alianza con la mafia, seguía apareciendo como un prelado de intachable conducta, casi un santo, pues. Sin embargo, debió haber explicado de dónde sacó el dinero para adquirir las enormes extensiones de tierra que poseía, y el suntuoso palacio que construyó en medio de ellas.

Lo cierto del caso es que la iglesia venezolana ha dejado de ser una organización religiosa para convertirse en un partido político. Lo cual ha quedado suficientemente demostrado, no solo con las constantes y continua intervenciones de altos jerarcas de la iglesia en este capo, sino también con la firma del decreto Carmona por parte de su más alto representante. Me refiero, por supuesto, al Cardenal José Ignacio Velázquez, jefe de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Hora bien, como se sabe, entre nuestro país y el Vaticano existe un acuerdo de Modus Vivendi que obliga al estado venezolano, entre otras cosas onerosas, a subvencionar las actividades religiosas de la iglesia y proveer los medios económicos para "garantizar una vida decorosa de sus más altos representantes". En el artículo segundo de ese acuerdo, se dice lo siguiente: "El estado venezolano reconoce el libre ejercicio del derecho de la Iglesia Católica de promulgar Bulas, Breves, Estatutos, Decretos, Cartas, Encíclicas y Pastorales, en el ámbito de su competencia y para la prosecución de los fines que le son propios". ¿Cuál es el ámbito de la competencia que le son propio a la iglesia católica? Desde luego que no podría ser otro que lo estrictamente religioso.Por lo que de esas expresiones no se puede inferir que lo político tenga algo que ver con esa iglesia.

Pero si a pesar de lo claro que es el la expresión "en el ámbito de su competencia" pudiera quedar alguna duda de lo que con ella se quiere significar, está la frase que de inmediato le sigue y que descarta cualquier interpretación rabulesca del artículo transcrito, o sea, el artículo I I, el cual agrega: "...y para la prosecución de los fines que le son propios." Y aquí es ineludible una pregunta: ¿es que acaso la intervención en la política es un fin propio de la iglesia católica? La respuesta por obvia es innecesario contestarla.

De manera, que los ensotanados venezolanos, con su reiterada y activa participación en la política, no han estado haciendo otra cosa que violar de manera insistente los términos del Modus Vivendis. Razón por lo cual el estado queda automáticamente exonerado del cumplimiento de las obligaciones contraídas en ese convenio, incluyendo, por supuesto, las establecidas en artículo XI. Este artículo establece lo siguiente: "El gobierno de Venezuela, dentro de sus posibilidades financieras continuará destinando un capítulo del Presupuesto (...) para el decoroso sostenimiento de los obispos, Vicarios, Generales y Cabildos Esclesiásticos". Les faltó agregar a Raimundo y todo el mundo. Obsérvese que al comienzo se habla de las posibilidades financieras para inmediatamente agregar: "para el sostenimiento decoroso de obispos, etc.". Este sostenimiento decoroso incluye, desde luego, constantes viajes a Roma y un tren de vida que nada tiene que ver con una existencia auténticamente cristiana.

Para finalizar, pregunto: ¿por qué si la iglesia católica venezolana se encuentra fuera de la ley, el gobierno nacional no denuncia el malhadado Modus Vivendi firmado con el Vaticano? ¿Hasta cuando vamos a seguir tolerando la intromisión en nuestros asuntos internos de gente que, no obstante haber nacido aquí, se encuentran al servicio de interese foráneos? ¿Hasta cuando vamos a permitir que gente tan descalificada como esta siga viviendo parasitariamente a costa del trabajo de los demás?



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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