¿Quiénes acaparan el oro que el pueblo vende para no pasar hambre?

¿Quiénes acaparan el Oro que el pueblo vende para no pasar hambre?

Atención Presidente y Directores patriotas del Banco Central de Venezuela. Los bachaqueros del oro deben ser mejor regulados.

Con todos los entaparados o deficiencias[1] que caracterizan al Título VI, Cap. I de nuestra Constitución actual, el Ejecutivo, el BCV y los demás funcionarios involucrados en la conservación de nuestros recursos naturales, y del oro en particular, deberían preocuparse, más que de cuánta falacia y calumnia llenan los espacios de la mediática adversaria, el destino final y los auténticos beneficiarios de esta suerte de callejón sin salida, por ahora, que representa para la población más vulnerable dentro de los trabajadores, de quienes para mitigar el hambre se ven o vieron obligados a desprenderse de sus más apreciadas prendas preciosas, de oro y plata.

En tiempos de dificultades o crisis económicas, que "normalmente" se hallan a la orden del día para los trabajadores, el pueblo suele echar mano de sus reservas en oro, aunque nunca las haya comprado con esos fines.

Es así como los más íntimos y escasos bienes de lujo-valores de uso-cargados de recuerdos como son los regalos recibidos de familiares, padrinos y madrinas, esposos y amigos, bien atesorados durante décadas, van a parar a las insaciables manos de los bachaqueros del oro. Sabemos que los compradores inmediatos son simples intermediarios que se quedan sólo con un margen prestablecido por los beneficiarios finales, muy posiblemente del comercio exterior. Aquellos se multiplican como plantas en primavera por doquier y hasta manejan precios monopólicos, constantes y uniformes*, para el remate del oro en gramos de quienes apremiados por el hambre optan por venderles prácticamente a precios de gallina flaca lo que tiempo atrás los comerciantes de prendas les vendieron como mercancías lujosas a precios de gallina bien gorda.

En alguna forma, el Estado burocrático debería tener prioridad en dichas compraventas periódicas, debería regular este tipo de comercio, particularmente en tiempos que nos amenazan con hambre creciente. ¿Por qué no abrir taquillas en el BCV para tales efectos con la garantía, por ejemplo, de que esas preciosas prendas, invalorables como valor de uso, pudieran hasta ser recuperadas cuando pase la crisis?

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*¿ A quiénes les consta que las balanzas se hallan siempre en buen estado?, ¿cómo saberlo el vendedor?

Jueves, 8 de diciembre de 2016


[1] Nos referimos a todas los resabios burgueses que no pudo evitar la Constituyente del caso. No podía esperarse otra cosa con constituyentistas como los Miquilenas,por citar los más "emblemáticos".

 



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Manuel C. Martínez


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