El magnicidio de Chávez y la trágica muerte de los pusilánimes

…"¿Qué me queda? Veré que puede lograr el arrepentimiento. ¿Qué no podrá? Mas ¿Qué puede cuando uno ya no puede arrepentirse? ¡Miserable estado! ¡Conciencia más negra que la muerte!"… Rey Claudio: "Hamlet"

"Vuelan mis palabras, queda el pensamiento. Palabras vacías nunca llegan a Dios".

Rey Claudio: "Hamlet"

La muerte de Chávez se parece mucho a la muerte del Rey Hamlet. Es imposible dejar de pensar en eso. Al viejo Hamlet lo envenenó su propio hermano mediante un astuto método, dejando correr unas gotas de la pócima a través de su oído. La muerte de Chávez fue un homicidio igualmente astuto, también lo envenenaron con un método invisible.

La obra nos explica el valor y significado de la traición. La historia igual nos da cuenta de los motivos que llevaron al crimen perpetrado contra el Comandante Chávez.

A Hamlet lo matan por codicia. A Chávez también. Uno, apetecía poder y el amor de la Reyna. El otro, petróleo, riquezas, que es ¡Poder!. A Hamlet lo asesina su hermano. A Chávez, de seguro que alguien muy cercano, un alma vil, comprada, tarifada desde antes de ser comprada.

Pero el punto importante de comparación está en que el homicida de uno, y aquel que oculta al homicida (porque ya sabemos que la mano que los envenena vale unos cuantos dólares) comparten al arrepentimiento, como sentimiento trágico, sin embargo no pueden ya arrepentirse (si no, no podría ser trágico) y deben continuar con sus respectivas incontinencias… disimulando, mintiendo y asesinando, uno, y ocultando, disimulando y mintiendo, el otro. No hay posibilidad de regreso, de arrepentirse en sus actos porque si se arrepintieran, como lo explica el Rey Claudio, "¿Cómo puede haber perdón sin quitarnos el provecho?"… "La mano dadivosa del culpable desplaza a la justicia", dice el Rey Claudio, atormentado. Y vaya usted a saber que dicen los pusilánimes que se hicieron los pendejos con el crimen de Chávez ahora…

La literatura es conocimiento, y sirve para interpretar la realidad, comprender su valor humano. El arte (y la literatura) no tiene sentido sin ver en él conocimiento profundo y trágico de la vida. Lo demás es sentarse frente a la obra, de la misma manera que algunos contemplan la luna, dejarse llevar por su misterio y quedarse dormido, sin antes soltar una lagrimita… como siempre.

La corte de Dinamarca fue testigo de una tragedia. Pero hoy Venezuela puede ser testigo de la trágica muerte de los pusilánimes que esquivaron el compromiso de investigar e interpretar al asesinato de Chávez. Lo hicieron los palestinos con Arafat. Los pusilánimes se olvidaron del asesino de Chávez, lo dejaron pasar, ahora tienen que negociar la revolución con el mismo asesino y darle la mano, y quizá morir sosteniendo una mentira, morir por una mentira.

El asesino de Chávez no les perdonará nada, ni siquiera el arrepentimiento de algunos de haber trabajado a su lado. Pero tampoco el Destino perdonará la osadía de aquellos que traicionaron a su maestro, que lo abandonaron, aún después de muerto, cuando ya no les daba susto su presencia, por miedo a su recuerdo y al compromiso, por comodidad, sumergidos en la embriaguez de la bienestar.

Los arrepentidos corrieron desde el primer momento a solicitar el perdón del imperio, a lavar sus manchas socialistas y estar presentables ante él. Los osados, como judas, ahora vagan por el mundo, ancho y ajeno, sin nadie quién los quiera (Es triste)...

…Su muerte es moral, mucho peor que la muerte física, sobra decirlo. No fueron capaces de plantarse en tres y dos y exigir que se investigara el homicidio de Chávez, que se reaccionara ante un hecho tan atroz y absurdo, que nos ha debido obligar a reflexionar su significado. Porque Chávez era la revolución, y eso les ha costado a muchos, a casi todos los hijos de Chávez, admitirlo.

Unos petulantes se la robaron, la falsificaron; la calumnian todavía hoy. Otros lo admiten, que él fue la misma revolución, pero fueron incapaces de continuar con ella, justo desde el momento en que lo asesinaron. Antes, fueron unos expertos analistas, marxistas, intérpretes de los momentos históricos. Bastó que mataran a Chávez y los desplazaran del poder para que se les olvidara el método, la historia, el análisis, la revolución y se convirtieran en "constitucionalistas", legalistas, que volvieran a sus sentimientos más cálidos y a la seguridad pequeñoburguesa, y desde allí ubicarse y bautizar su fuego fatuo de "oposición de izquierda".

Para ellos y para los otros, pusieron su destino en manos del imperio y del capitalismo, y estos dos últimos (diabólica dualidad) no conocen la piedad; el corazón del diablo es tan frío como el dinero.

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Héctor Baiz

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