El por qué del corralito. Una montaña de billetes. Más bulla que cabuya

Cuando abrieron la puerta de la cava del camión, los guardias nacionales se asombraron, tanto que casi se infartan, al observar dentro una montaña de billetes. Según se dijo, el conductor del vehículo se dirigía a Brasil a comprar mercancías para vender en Venezuela. Es decir, pareciera se proponía contrabandear, lo que fue una como "inocente" confesión de un pecado, que ahora en nuestro país, inmerso como en un caos, no tiene pena. Atravesaría la frontera por Santa Elena, quizás llegaría a la Línea y allí mismo haría sus negocios y regresaría al país tranquilo, pues sería como hacerle un favor al gobierno, poniendo en los anaqueles de los abastos o manos de los revendedores y bachaqueros, lo que aquí cuesta encontrar. Quienes en el gobierno tienen que ver con ese asunto, el de asegurar que esos bienes lleguen a la gente, hasta podrían estar dispuestos a condecorar a quien aquello se proponía hacer.

Pero como andamos entre bomberos que si se pisan la manguera, al personaje le detuvieron en la alcabala de "Los Potocos", casi a la entrada de Barcelona, muy lejos de la frontera brasileña y le hallaron aquel arrume de billetes, tan grande como la montaña de coque que por allí cerca está en los espacios de la PDVSA de Jose. Y la noticia salió en la prensa, con su clásico tono alarmista, "Detuvieron camión con una carga de billetes equivalente a la cifra de diez millones de bolívares".

El leer el titular y ver la fotografía en la cual estaba reflejada la "carga", me produjeron grandes ganas de reír. No sentí el sensacionalismo e intención de alarmar del diario, menos de los funcionarios que aquello hallaron e informaron, sino como cosquillas y algo de morisqueteo. ¿Qué significa esa cifra, tratándose de alguien que va de negocios? ¿Cuánto es en el intercambio comercial internacional, relación dólar bolívar? ¿Es acaso una cifra espeluznante como para que alguien se alarme? ¿No se trata más bulla que cabuya?

Lo que alarma más bien es que el tipo, en su defensa, digo yo, podría ser, intentado justificar la posesión de aquella carga, confesó que iba a contrabandear y eso, a los guardias y a los periodistas, no llamó la atención sino la carga en sí. Como si le hubiesen hallado gran parte de las reserva en oro que están en el Banco Central o un enorme bulto de colmillos de elefantes.

Lo chistoso es que aquella enorme montaña de papeles, para la que hubo de usar un camión cava como transporte, apenas tiene un valor de diez millones de bolívares. Iba pues, como decimos los cumaneses, cargado de billetes "hasta los tequeteques", para regresar holgado, con el camión casi vacío; pues esa cifra no le serviría para traer mucha carga de regreso.

Finalizada la segunda guerra mundial, en Europa, sobre todo en Italia, se hizo famosa una figura según la cual un tipo iba al mercado a comprar la comida del día y llevaba una carretilla repleta de billetes y al regreso apenas portaba una pequeña bolsa con cuatro cosas. Hasta la carretilla había dejado en manos de algún vendedor a cambio de algo de lo poco que llevaba en la bolsa.

Así estamos en Venezuela ahora. Un pan, una pequeña canilla, para el consumo de una comida de dos personas de comer frugal, equivale a un pequeño promontorio de billetes de la más alta denominación. Tan grande que ya no tiene cabida o espacio en la billetera, para lo que hemos tenido que habilitar el bolso. ¡Y pensar que a nuestro signo monetario le llaman bolívar fuerte! Claro, por razones obvias, para no decir pena y vergüenza, ya eso no se dice; lo olvidamos. Es lógico, pues usar ese calificativo, sería por demás mordaz o irónico. Estaríamos como burlándonos de alguien.

Si alguna conducta es constante en el gobierno, lo es tanto que a uno hasta le parece admirable, es eso de andar siempre detrás de los acontecimientos. No es que reaccione lentamente, le cueste mover los remos, sino que parece convencido que así debe hacer las cosas. Veamos unos pocos ejemplos. Todavía sigue pensando qué hacer por aquellos que se robaron, no que están robando, aquella cuantiosa cifra de dólares de la cual hablaron Giordani, Sanguino y Jesús Farías. Aún no sabe o no ha decidido cómo recuperar lo que se llevó Eligio Cedeño, según ha dicho tanta gente. Tardó más de cuatro generaciones para decidirse a aumentar modestamente el precio de la gasolina, mientras mucho más de medio mundo, lo decimos así por la costumbre, pero es más, clamaba por esa medida. Cuando se inició, por allá por 1998, hace 18 años, anunció que se propondría acabar con el rentismo y ahora lo vuelve a ofrecer como quien está sacando el pan del horno. Lleva años deshojando la margarita en materia cambiaria, anuncian que vienen medidas y se achantan, mientras según sus propios técnicos, no hablamos de Víctor Álvarez, más bien de Jesús Farías, es necesario medidas en ese universo para lograr el ansiado equilibrio.

¡Bien le cuesta a ese muchacho cambiar o coger el carril!, suele decir el venezolano de los achantados y esos que van por la vida dando tropezones.

Todo el mundo piensa, hasta los carajitos que se ven obligados a llevar a la escuela una faja gruesa de billetes para apenas comprar un poco de merienda, saben desde hace meses que deberían entrar en circulación nuevos billetes de alta denominación para rebajar la carga y disimular el bulto. Tuvimos que llegar a este corralito, pues no hay manera de cubrir la demanda monetaria, en un país que ostenta el campeonato mundial de emisión de dinero inorgánico, para que cada quien reciba por lo menos algo; la pequeña cifra de diez mil bolívares, que dicho así parece la carga del camión, pese que Diosdado, todavía en "Mazo Dando" del pasado miércoles, negó eso estuviese sucediendo.

Según dicen, a mi no me lo crean, que gobierno al fin movió sus remos y decidió que en breve entren en el sistema circulatorio monetario billetes, que si no son fuertes, por lo menos de más alta denominación para que aliviemos la carga. Alguna gente que no cree, como sí este escribidor, en la lentitud del gobierno, piensa que el retardo de la medida se debe a que allá arriba se piensa que el venezolano, viéndose tantos billetes en las manos, en pacas enormes, se hace la ilusión que está rico. ¿Acaso no fue esa percepción la que causó la alarma que en un camión hallasen una montaña de billetes que apenas llegaba a una pequeña cifra, tomando en cuenta que el conductor o el poseedor de ella iba a un país vecino a comprar mercancías? ¿Por qué alarmarse ante la presencia de tanto billetes si por un kilo de azúcar hay que dar cambio 32 billetes de 100; en su defecto 64 de cincuenta; ó 160 de 20 y hasta, para no seguir, 320 de 10.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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