A propósito de ser ciego

El micrófono de Hugbel

Cuando pensamos acerca de la relación de los objetos que nos rodean con nuestras experiencias personales de ello, nos vemos a veces tentados a decir que estas experiencias personales son el material en el que consiste la realidad

Wittgenstein – El libro azul -

Dentro de la cúpula del madurismo hay sólo dos corrientes, una ala mayoritaria y radical, que a su vez es explosiva, insensible, incongruente, incapaz, ineficiente, corrupta, mentirosa y violenta. Existe otra, que sigue los preceptos de orden político, pero se aparta de todas esas características ignominiosas, a través de la omisión, es decir, calla sobre tales acciones, porque en el fondo su pensamiento responde conforme con lo que habla su conciencia y la moral.

Sobre tales divisiones maduristas, tácito es afimar que la primera controla los principales reductos del poder y encasilla a sus derivados en el saboteo y la permanente confrontación. La segunda, aparece una que otra oportunidad en medios de comunicación social, llamando a la serenidad y al diálogo. Lamentablemente estos últimos, quienes aún son movidos por la sindéresis, se encuentran por lo general, en funciones oficiales en el exterior, y en honor a la verdad, son pocos, muy pocos, quienes manifiestan esa conducta.

Venezuela ha sido inundada en el lenguaje de la confrontación. El término "guerra" aunado con la semántica del odio, el revanchismo y hasta en recordarle la madre al prójimo en términos de anulación vivencial pareciera que es la "diplomacia" lingüística de la alta jerarquía política. Es obvio que esa "comunicación" es mutua tanto del gobierno como de la oposición. No obstante, resultaría evidente ver una cadena nacional para contar las palabras que se emiten desde esa tribuna y saber el origen del discurso de la violencia.

El madurismo se ha convertido en una doctrina neototalitaria, militarista, incapaz, corrupta, intolerante, acrítica, arbitraria y ramplona. Esa condición en su praxis política ha derivado que sólo éste rodeado en su centro de decisiones y acciones por individuos nefastos para la sociedad. Irónicamente, pretenden hablar de "socialismo" y "revolución" con todas las características oprobiosas que rechaza una población honesta y decente, sea cual sea su tendencia pensativa.

De hecho, resulta hasta contraproducente que un "diputado" en sus palabras condene a un recién designado cardenal venezolano por parte de El Vaticano, es decir, por un Estado cuya soberanía no está en discusión, y es parte de un trillado discurso madurista. Lo insólito de las declaraciones del "parlamentario" es que desde tiempos de Hugo Chávez, se levantaron las llamadas banderas por la igualdad de genéro, razón por la cual, en el supuesto negado (salvo que el diputado tenga las pruebas, y de no tenerlas, todo lo que dice lo desacredita en cualquiera de sus afirmaciones) que fuera verdad la acusación de homosexualidad contra Baltazar Porras (conociendo el juramento que tienen los sacerdotes sobre el voto de castidad, más allá de sí es o no cumplido), ¿cuál sería el delito? ¿O lo va a sentenciar por sus pecados? Habría que recordarle al protagonista de semejante discurso la máxima de Cristo: "quien este libre de pecado, que lance la primera piedra".

En consecuencia, lo manifestado por el integrante de la autollamada "bancada de la patria", nos obliga a hacernos una pregunta: ¿ser homosexual en este país, es motivo para condenar a cualquier hombre o mujer en la ejecución y exigencia de sus derechos constitucionales y legales? O es simplemente, el desprecio que en el fondo revela este "dirigente" madurista por quienes profesan una conducta sexual contraria sobre lo que él consideraría debe ser "moral". Verbigracia, sí algo comprueban las palabras del expresivo diputado, es su desprecio por la homosexualidad.

Tal vez por ello, Hugbel Roa, ante la réplica que hiciese otro de sus colegas en el hemiciclo parlamentario por sus expresiones en contra de Baltazar Porras, al carecer de cualquier otro argumento por su excesiva ignorancia y agotado discurso, prefirió lanzar un micrófono contra la integridad física de su reclamante. Ese tipo de conducta son propias de la barbarie. En el habla popular se dice que la violencia es el lenguaje de quien no tiene la razón. Probablemente, el micrófono de Hugbel, sea la respuesta del porque Venezuela está sumida en el caos, la miseria y la podredumbre política. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



 



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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