Arepas de sardinas, untadas con mantequilla de zanahoria

Asistí con mi chofera a un sencillo acto social en el que no hubo bombos pero sí platillos; estuve de lo mejor, o para decirlo de otra manera, pasé un ratico maravilloso.

La epónima mocosa cumplía cuatro años de traviesa vida, por lo que estaba feliz.

Todo fue de pronto, por lo que no estábamos preparados, es decir, eso de organizarle un regalito, pero yo quedé en mandarle una cartica al Niño Jesús, con la petición de que él le traiga una muñeca bien bonita; le zampé unos besitos, además de la promesa.

Más me valga cumplir porque si no, volver a probar tan rico manjar, arepitas de sardina, calientitas y untadas con mantequilla de zanahoria, con ese toque que Ramón, su abuelo y amigo mío, le da a la cocina, no será posible.

Me interesé en los detalles de la receta pero francamente no pude captar bien, únicamente recuerdo que de ingredientes hay un poco de harina de por medio y, por supuesto, la bendita licuadora, entre otros etcéteras.

Eso, respecto a la magnífica ultra arepa; y en cuanto a lo segundo, a la novísima especialidad de mantequilla, casera, naturalmente, perdí pista, pero encargué a la autoridad local, la misión de averiguar al detalle a ese respecto para yo hacer como hacen los japoneses, copiar y ejecutar.

Y, quien quita que mi asistente y yo inventemos o erremos, en ese sentido. Una vez que yo procure, en el laboratorio, analizar la fórmula del referido platillo, y comprobar, lo procedente sería dar a conocer las virtudes de tan fabuloso hallazgo.

¿Y, por qué no, hallacas de sardina? Tal como proclama "Caperucita Roja": ¿quién dijo miedo?

¡Preguntando se llega a Roma!



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Guillermo Guzmán


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