¿Por qué las empresas del Estado son ineficientes? "¿Dónde está el socialismo?"

Alguien que escribió a mi correo su punto de vista acerca de lo que pasa en las empresas del Estado que me obliga a completar mi nota de indignación con lo que pasa con PDVSA.

Lo más fácil y más sombrío de lo declarado por Eulogio del Pino es volver al pasado, o a lo que se creía superado. Privatizar las empresas del Estado no es una solución para la sociedad. Podrá ser una solución desesperada para producir divisas, y para calmar el hambre de los capitalistas y conspiradora. Pero no es una estrategia revolucionaria. Privatizar porque no podemos administrar una empresa es reforzar el espíritu de borrego, de esclavo, de flojo, de borrachos irresponsables. La idea que defendemos y que defendía Chávez era superar ese espíritu. La idea chavista de alcanzar el punto de no retorno en el socialismo se refiere a una victoria espiritual dentro de la población. El hecho de que este gobierno haya estimulado esa actitud irresponsable con la regaladera de cosas materiales sin exigir ninguna contraprestación moral a los trabajadores, disciplina, responsabilidad, no quiere decir que en el país no haya gente dispuesta a vencer ese estado mental en una auténtica revolución social y socialista.

La revolución es en el espíritu, fundamentalmente en el espíritu. El gobierno no lo entienden así y no lo ha entendido así. Se desespera dentro un juego donde las reglas las impuso el enemigo. Siguiendo su juego y termina por darles las empresas a los capitalistas de siempre. Por otra parte la soberbia en el alto gobierno y el hecho de creerse infalibles, los hace seguir el sentido común de las economías capitalistas y creerse los prejuicios capitalistas de que las empresas de Estado no sirven, no son eficientes, producen pérdidas, solo para no cometer errores ante el juicio del sentido común.

En el socialismo se debería aplicar la idea general de que siempre podemos empezar de nuevo. Que se puede empezar de nuevo y corregir los errores cometidos. Es fácil decir "vamos a devolver a los privados tales y cuales tareas o empresas" por no asumir la responsabilidad de ser eficientes pero dentro de los objetivos socialistas trazados por el comandante en el Plan de la Patria (original, no la Ley del Plan de la Patria). Lo que requieren las empresas del Estado es trabajo, es cierto, pero, sobre todo buenos ejemplos morales. El frente moral de Chávez, para hacer la guerra contra el capitalismo. ¡Trabajo!, pero sobre todo político, claridad política, definición política de los objetivos estratégicos. Buenas direcciones políticas. Los demás, viene por añaduría (los requerimientos técnicos, científicos y tecnológicos).

Los privados, los capitalistas, solo piensan en la ganancia, optimizar sus ganancias, de forma egoísta, eso los define, está en su naturaleza oponerse a la sociedad, trabajar contra los intereses del colectivo social. Un empresario que trabaje en función de toda la sociedad, no es capitalista, es socialista, así de simple. Y viceversa, alguien que se dice socialista que trabaje para los intereses privados no es socialista, trabaja para el capitalismo. Lo que vemos es que no hay son socialistas en el gobierno.

El fracaso de las empresas nacionalizadas, estatizadas no es del socialismo, es del capitalismo y de los que trabajan para el capitalismo, de forma egoísta y cobarde, es la derrota del adequismo encarnado en los gerentes, directores, obreros de esas empresas y sobre todo en nuestros líderes políticos y económicos. El fracaso es de la socialdemocracia de siempre, del espíritu pro capitalista y egoísta que nos gobierna.

Para mí Chávez, por ser un hombre honesto, muy cercano a la verdad, fue la esperanza socialista real y un modelo moral. Perdida esa esperanza, sin modelos morales (abandonando el Frente moral), sin líderes políticos claros de la estrategia socialista y de los métodos o tácticas adecuadas para alcanzarla, todo se pierde en la desesperación por no cometer errores, de ser juzgados por enemigos como ineficientes. Se suele decir que para los privados resulta más fácil producir porque los motiva la ganancia, y nosotros agregaríamos el egoísmo. Pero hacer rentable una empresa no garantiza ningún bienestar para la sociedad y mucho menos avanzar hacia el socialismo. Y el asunto está cómo funciona y en quién se queda con la renta de esa empresa. El asunto en el socialismo es hacer de la empresa un lugar de trabajo humano, una escuela política, y hacerla rentable para el desarrollo y bienestar de toda la sociedad, y eso no lo harán los privados capitalistas jamás. El reto es hacer el socialismo, pelear por él. Nadie dijo que fuera fácil, pero hay que intentarlo, hay que luchar por él.

La "contradicción principal" (a propósito de las argumentaciones de Néstor Francia) de la cual no podemos desviar nuestra atención jamás está a la base de las amenazas el imperio y de las conspiraciones de las derechas. Esta aparente contradicción no es la principal, si acaso es una contradicción, porque más que contradicción es una agresión. La contradicción principal es la que se genera dentro la sociedad capitalista, como la nuestra: las contradicciones de clases. Por eso lo primero que debemos tener en cuenta, antes que todo, es la lucha de clases, nuestra lucha de clases, dentro de cada uno de nosotros, y fuera de nosotros en lo otro y en el otro; en nuestro espíritu y en nuestras prácticas políticas, y en las políticas. Dentro de ellas, en la política económica: la lucha que define las formas de propiedad confrontadas: la que se corresponde al socialismo, es decir, la propiedad social frente a la propiedad privada. Formas de propiedad que definen a su vez las maneras de producir: la producción anárquica estimulada por la ganancia y la producción planificada estimulada por la satisfacción de las necesidades básica de toda la sociedad. Lo demás es distraernos de esta lucha de clases (que se da, inclusive, dentro de nuestro propio ejército), con batallas mal libradas, confundiendo al enemigo y confundiendo "las contradicciones".

Por último, renunciar a las conquistas políticas y espirituales del comandante Chávez no significa avanzar ni rectificar, es claudicar a favor del enemigo. Y perder la esperanza en el socialismo es claudicar ante los privilegiados y dominadores de siempre. Mientras haya una ínfima esperanza de derrotar al capitalismo hay futuro para sociedad, pero éste parece que gobierno perdió la fe en la revolución y en los revolucionarios.

 



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Héctor Baiz

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