Ramos Allup y demás hierbas ¿Cómo dialogar con "el otro yo" del Dr. Merengue?

Por allá por 1945 ó 46, Guillermo Divito, destacado caricaturista argentino comenzó a publicar su tira cómica o sólo caricatura, con la personalidad del Dr. Merengue. Esto que ahora escribo es un simple recuerdo de mi niñez; era muy niño entonces, pero mi padre solía decir y de eso se ocupaba, "lo primero que debe entrar a la casa en la mañana es el pan y el diario". Como también decía que entre las cosas que no debían faltar en una casa eran "una máquina de escribir y un diccionario". Vainas propias de un loco, como le creían algunos, pero en verdad de un profundo intelectual y, como tal, personaje extraño en nuestro entorno.

Pues por mi padre comencé a leer el diario con devoción y de él hasta las tiras cómicas. Una de mis preferidas fue siempre esa del Dr. Merengue. El personaje pudiera ser, uso esta forma verbal por no estar calificado en ese campo, para decir otra cosa que no sea esa, eso que ahora llaman "hombre bipolar". Que pasa de un estado de ánimo a otro aunque en veces, no se le descubra fácilmente y era por demás hipócrita. Claro, cuando dos se mueven dentro de uno, es natural que tiendan a llevarse la contraria. De esos que decía y hasta hacía algo por conveniencia, pero para su fuero interno, el otro, estaba arrecho porque no era eso precisamente de su agrado. Divito, solía pintar, por encima de la atildaba y fingidamente equilibrada, la hasta elegante figura del Dr. Merengue, "su otro yo", dejando constancia de lo que en verdad pensaba o deseaba. Porque, sin ser uno psicólogo, ni presumir que algo sabe de eso, no es poco probable, que la decisión final la tome "otro yo".

Para más señas, es bueno recordar que el personaje de Divito era misógino. Su "otro yo", solía agredir a su excelente esposa y toda mujer que se le atravesase.

Para que haya posibilidad de diálogo es necesario que las partes, vamos a decir en pugna, estén ganadas para eso. Es más, que hayan internalizado la necesidad del mismo. Si uno de los contrincantes o hasta los dos, no reúnen esas cualidades, él no será posible. Uno de los peores errores, y hasta muestra de no querer diálogo, es poner condiciones sobre asuntos que pudieran discutirse a lo largo del proceso, como preámbulo para iniciarlo. Lo primero es lo primero. En nuestro caso acordar iniciar un diálogo es ponerse de acuerdo para hablar e ir elaborando o sacando conclusiones con paciencia y tolerancia. Porque ponerle fechas a los resultados, conclusiones y más, asumir el diálogo cómo quien está metido en una carrera contra el reloj, es manera nada sutil de sabotearlo.

Las encuestas están diciendo que la contundente mayoría de los venezolanos quiere paz; y para lograr esta se requiere dialogar, lo que significa que los contrincantes dejen la arrogancia y la absurda idea que son los amos del país. No se puede pensar de esa manera aun teniendo mucho poder económico o por creerse voceros de los santos del cielo, que como el Papa Francisco, claman por la paz y la justicia. De ambos lados hay que percatarse que la oposición venezolana no sólo está dividida o en disputa, sino que esta pudiera ser promovida y alentada por las fuerzas del más allá, no en el cielo sino en el infierno terrenal, pues para ellas es el mejor estado, para en caso de intervenir "por razones humanitarias", imponer su ley. Eso ya lo han hecho en muchas partes y el lector lo sabe. Crear un estado de disolución o anarquía es el mejor caldo de cultivo para apoderarse del país, al estilo que ansían quienes miran nuestros recursos con gula.

En este proceso venezolano tampoco es suficiente decir que quiero paz y por ende diálogo, si no doy los pasos que eso demuestren. Llamar a diálogo y quedarse en sólo eso y al día siguiente usar el hacha aunque sea verbal para hacer leña del contrincante, no es lo mejor para el diálogo.

Aquí, la mayoría de los venezolanos, la que pudiera no incluir a quienes dirigen de lado y lado, por aquello de los intereses y hasta compromisos con fuerzas poderosas que poco le importan si nos entrematamos, quiere diálogo porque ya se cansó de una confrontación de la cual sólo recibe "mamonazos". Pero aquí también, están muy identificados los "Dres. Merengue", esos que hablan de diálogo, mientras en la forma y fondo de lenguaje, aunque quieran ser sutiles, quieren lo contrario y sobre ellos y detrás de ellos, como en las caricaturas de Guillermo Divito, se les ve la verdadera figura o "el otro yo del Dr. Merengue". El misógino no comprenderá ni aceptará nunca el poder y los derechos que se la ha dado a la mujer en Venezuela; es tan nefasto como un racista.

Son aquellos que confunden el diálogo y el alcance de la paz como una victoria personal, que implica necesariamente que ellos queden al frente del "coroto" o les pongan ""dónde jaya".

No se necesitan lentes especiales ni mucha capacidad para detectarlos, pues en veces resultan demasiado ordinarios y sin el dibujo de Divito, el Dr. Merengue, se les sale por los poros. Observe, hay algunos que pese disimulan, se descubren ´fácilmente, no hace falta aquel gato de Voitex Jazni, de la célebre película "Un día un gato" para descubrirlos. Pero no se prejuicie; no crea están en un solo lado.

Me atrevería hacer una lista, pero también uno corre el riesgo de prejuzgar por distintos motivos y hasta ser injusto, pero sí puedo decir que en ambos bandos los hay. Sólo recomendaré para terminar esto, a los lectores, que lean con detenimiento, hilen fino, las declaraciones que a diario se dan sobre el asunto. El ex presidente Rodríguez Zapatero, que por sus recientes y abundantes declaraciones, aparte de parecerme pertinente para la tarea que ha asumido, parece tener claro la delicadeza, sutileza de su trabajo, llega hasta señalar como proclives para aceptar de buena fe el diálogo, a muchos que parecen copias del Dr. Merengue, podría ser cierto lo que él ha detectado, pero también una táctica para ganarlos para esa tarea difícil. Eso no es malo, Es un recurso inteligente de los buenos diplomáticos.

Y hay decir además, que el diálogo, no es tarea para elefantes, se trata de moverse en una cristalería.

Daré esto por terminado, advirtiendo que no basta llamar a diálogo, menos declararse partidario del mismo, sino es necesario hacer otras muchas cosas, como buscar amigos que ayuden a la fluidez del mismo, combatir a quienes ponen trabas para ni siquiera comience y ser paciente. Siendo partidario del mismo hay que estar dispuesto a buscarle cauces. La paz de Venezuela vale más que ese insignificante esfuerzo.

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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