Entre “Inmaduros y Zocatos” políticos nos hallamos cantos de cisne

El descontento cunde en la calle. Pero como decía el Chapulín Colorado “que no panda el cúnico”. Como quien esto escribe anda metido entre la gente, empezando por la que va a los mercados, lo que hago con una frecuencia insospechada antes, por lo que todo el mundo conoce, escucho no un rumor sordo, es descontento y rabia que cada día crecen más con la misma velocidad de la inflación, la indolencia de lado y lado y eso es mucho decir. Ya no es un bramar sordo de allá arriba sino un cauce veloz y poderoso que se desplaza, oye, siente y hasta ve. Observar en la calle, en el mercado, en la ranchería de pescadores a alguien, aunque sea un hombre humilde con una franela asociada al gobierno como antes es muy difícil y extraño. Salvo no tenga otra cosa que ponerse. Se engañan esos que sólo van a las alcaldías, gobernaciones o marchas del sector oficial, creer que el país todo está uniformado, no tanto de franela y gorra, sino en la adhesión política.

            Pero también es verdad, que quienes hablan, que ahora es casi todo el mundo, no los pocos bocones clase media de antes en las colas de los bancos, sino entre los desharrapados, patas en el suelo, cuando manifiestan su rabia, desconsuelo, tampoco se identifican con el bando opositor. Quieren un cambio, de eso no hay duda, para que los beneficie, no para que más les hunda; tampoco parecen estar lo suficientemente claros para saber que el neoliberalismo que ofrece la derecha les afectaría y haría víctimas, pero se expresan como seguros que no puede haber nada peor que esto que ahora padecemos.

            “¡Pero si esto se parece tanto aquello!” Esto se lo oí ayer a un hombre humilde mientras hacía cola a mi lado para comprar masa de maíz a precio de oro.

            Lo peor es que mientras las multitudes claman por justicia, coto al robo, especulación, acaparamiento y algunos medios, hasta como aporrea, recogen con duda y hasta extrañeza, lo que dicen “los compradores del mercado de Catia”, sobre el precio de las hortalizas y productos agrícolas en general, los políticos y el gobierno parecieran vivir en otro mundo.

            Ahora no voy a hablar del “topocho”, como llaman los caraqueños al “zumbí”, a lo oriental, mencionado por el colega Evaristo Moreno, ni de la masa de maíz por  mí citada en artículo anterior, sino de algo que creo lo hago bien si le llamo de aseo. Hace menos de ocho días, compré en Farmatado un “spray” para afeitarme, de 400 gm,  por Bs. 985, lo que ya fue bastante caro. Esta mañana, ese mismo producto o envase costaba Bs. 2.100.oo. Es decir, en menos del lapso mencionado subió más del 100%. Antes, cuando uno pedía explicaciones, le respondían preguntando en tono hasta doctoral y engolado, como enrostrándonos nuestra presunta ignorancia, “¿bueno amigo, usted no sabe que el dólar paralelo que se utiliza para traer al país ese tipo de producto subió en estos ocho días ese mismo 100%?”. Pero resulta que según consulta que acabo de hacer, hoy lunes, 4 de julio, a las 6 y 40 minutos de la tarde, la divisa estadounidense, según “Dólartoday”, tiene un valor de 1.037,oo bolívares, casi el mismo y hasta menor de hace dos meses como mínimo. De donde la excusa para el alza astronómica del artículo que hablé no puede ser el precio del dólar, tratándose de una mercancía elaborada en el país y admitiendo que muchos de sus componentes sean importados. ¿Por qué esa tan brusca alza de precio?

            La misma pregunta se la hace uno por las alzas escandalosas y hasta criminales de todos los días en cuanto producto la gente necesita, sea básico o no. Sea zumbí o topocho o masa de maíz. Es verdad que en muchos casos las alzas se deben a razones de costo, como también es cierto que en este país, por el ansia de salir del gobierno, se ha armado y desatado todo un “despelote”, lo que luce contradictorio, pues más bien todo está planificado,  que aprovechan los simples especuladores para enriquecerse.

            Pero también es verdad que de manera deliberada, por razones políticas y puramente mercantiles, no se está produciendo al ritmo deseado porque priva desmesuradamente el deseo de ganar a costa del hambre de las multitudes que deben llegar al paroxismo. Políticos opositores juegan a ganar-ganar, desgastar al gobierno para una vez retomadas las posiciones perdidas volver a asegurarse los viejos negocios. Por supuesto, hay jóvenes, quienes no estuvieron personal y ni siquiera familiarmente atados a aquel pasado ominoso, pero ansían vivir y disfrutar la experiencia. Son los formados en la demoníaca escuela que el país no es más que una empresa que cada cierto tiempo se rifa para que el ganador o ganadores se la disfruten sin importar las mayorías. Ellos, unos y otros, participan, aúpan y hasta financian todas las trapacerías contra los trabajadores o venezolanos más humildes y en general contra los consumidores.

            Pero los políticos del gobierno, esos mismos que uno supone de la izquierda, iguales a los de aquella de cuando la IV República hizo y deshizo en este país, mientras aquellos se entre despedazaban por el mismo y estrecho lote electoral, no parecían vivir en este mundo, los de ahora no se percatan del hambre, escasez, dolor y rabia que prevalece en la calle. Para unos, son los humildes, esos que se ven obligados a hacer trampas para mitigar el hambre, los culpables. Los que el 6D dejaron de votar por razones distintas a las verdaderas. “Les falta mucha ideología”, dicen unos balurdos y analfabetas funcionales y como tales faltos de mucho. O el problema, como parece obnubilar a un alto dirigente, pese ser psiquiatra, consiste en que firmaron pidiendo revocatorio los muertos, menores, no inscritos en el registro electoral, extranjeros o que a él mismo, tramposamente, lo pusieron en una de esas listas.

            Para ellos lo que angustia es el revocatorio. Unos que no lo haya o de haberlo que sea cuando esto mejore, mientras por lo que uno ve, esos motores que no arrancan ni con manilla, una burocracia paralizada y ahíta, para mañana la cosa va a ser peor. Otros, los opuestos, que lo haya ya, “porque a mí me da la gana, lo ordena la embajada y si no le aplicamos la Carta de la OEA”. Con los gringos cantando, al son de sus fusiles y bombas matando a quien encuentren en camino, no importa el bando. Mientras tanto, como ofreció Ramos Allup, montarían un gobierno fusible, uno que hará que hambre y necesidad se multipliquen y salten rayos y centellas.

          A la calle, cada sector, saca su gente. Unas marchas son más nutridas que otras. Quienes marchan hacia la derecha según indica la flecha, dicen “Abajo la dictadura. Viva la libertad. Revocatorio ya”. Después, hasta quienes dicen ante los micrófonos y la televisión, lo que les dé la gana, tiran piedras, disparan, rompen, incendian, se van para su casa sin que la “dictadura” les allane la casa, como hacía sin motivo alguno el puntofijismo. Como tampoco nada sucede a especuladores, bachaqueros, cobradores de peaje de todos los tamaños, que no se mortifican ni siquiera por disimular su criminal delito. ¿Cuál dictadura?

          Quienes marchan, según la misma referencia hacia la izquierda, enronquecen diciendo que “estaremos rodilla en tierra”, “el revocatorio no será este año y socialismo o muerte”. Ahora mismo, como un parto de los montes, aparece un como zombi proponiendo que el presidente en función de sus poderes constitucionales disuelva la Asamblea Nacional. Este cristiano, con eco o no dentro de la cerrada cúpula, es como dije, un zombi, un muerto que camina pero no entiende un carajo ni por qué la gente está caliente y menos qué pudiera hacer, me hizo recordar a aquél mezquino que en 1992, en el Congreso Nacional, gritó “mueran los golpistas”, lo que fue su “canto de cisne” como político

          Pero ni un sector ni el otro, como atendiendo la orden de sendas cúpulas cerradas, marcha o protesta contra la desgracia que abate al venezolano; la relativa al salario; menos por los derechos a no ser explotado, especulado y hasta saqueado, a favor del comer y adquirir medicamentos, por sólo hablar de unos pocos, lo que ya es mucho.

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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