¡No sé pa´ ti! ¡Pero pá mí, el gobierno como si tiró la toalla! ¿Los cauchos, la mantequilla, etc.?

                El bachaqueo, ese que Alí Primera hubiese llamado “Fundillúo”, se viene comiendo el país a dentelladas desde que los españoles nos invadieron. En la república, desde el mismo 1811, siguieron en la misma vaina, por algo antes cuando la colonia, les bautizaron “los grandes cacaos”. Cargaban sacos que depositaban en bodegas de grandes embarcaciones de entonces. Siguieron saqueando y llevándose nuestras riquezas mientras a lo largo de la segunda mitad del siglo diecinueve, ya consolidada esta nuestra precaria república, los venezolanos se mataban unos entre otros. Aquellos caudillos de pacotilla guerreaban, arrastraban hombres humildes a la muerte, mientras los más vivos, a quienes les cabe aquello sardónico de Herrera Luque de “Águilas Chulas”, aprendían a especular “pero creaban empleo”. Más de las veces, los caudillos no eran sino fichas suyas.

               Esos chulos, cuando los caudillos pasaron a la postal, se apoderaron del país y establecieron una alianza con el capital extranjero donde ellas manejaban las sobras, pero el festín era tan grande que todavía así acumularon por demás. Pero fueron segundones y se limitaron a la compra y venta en gran escala y muy poco a producir. Cuando esto hicieron, optaron por manejar una industria que procesa, arma o construye con “materia prima” que ellos mismos importan, pero eso sí, con dólares que les da el gobierno, de los venezolanos, pues los de ellos, se quedan afuera en cuentas secretas o simplemente en empresas que por allá montan para vendernos a nosotros. Al mismo tiempo, aquella industria internacional sustitutiva extranjera que aquí metió la IV República, hacía exactamente lo mismo. Lo ancho para ellos y lo angosto para nosotros. Y los gobiernos se dejaron joder. Para eso, los amos, siempre se ubicaban en las altas esferas del poder directamente o por interpuesta persona. Salvo este período de Chávez, siempre las “Águilas Chulas” y el capital venido de fuera, controlaron el gobierno y las instancias de poder económico, para empezar Banco Central, Ministerios de Finanzas, Planificación, etc. Pero con lo que llamamos el “Proceso Bolivariano” lo siguen haciendo aunque no aparezca ningún agente conocido de ellos. La estructura misma que crearon, los hábitos, lo que incluye lo alimenticio y de consumo en general, es una camisa de fuerza que, pese se dice, llevamos “18 años de revolución y estamos en transición al socialismo”, sin que uno entienda por qué y cómo  dicen eso si no hemos cambiado para tanto. Ni siquiera la camisa hemos lavado. “Es la misma camisa y el mismo pantalón”.

            La guerra económica a la que el gobierno le atribuye toda la responsabilidad de este período que, por boca de un amigo que hasta hace poco desempeñó un alto cargo en el aparato estatal nacional, “es más destructivo y cruel que lo que los cubanos llaman período especial”, no sólo la perdemos sino que, por algunos síntomas, aquel, el gobierno, parece haber tirado la toalla.

           Por un tiempo hemos venido diciendo que en esta curiosa guerra, un contrincante tira de todo y hasta deja de tirar algunas cosas, como producir escasez y con ella inflación y detrás de todo desesperanza y rabia, mientras el otro, curiosamente el único agredido, según él, siendo una guerra, sólo se lamenta y llora porque aquel “maluco” tan mal le trata. Pasa por alto, que los verdaderos agredidos por la saña de las “Águilas Chulas” y la ineficiencia del gobierno es el pueblo y futuro nacional.

          Es decir, los del gobierno se metieron en una guerra; porque haber propuesto la construcción del socialismo, acertada o no esa decisión, supone que el declarante debía saber a ciencia cierta las consecuencias que eso significaría y “guerra avisada no  mata soldado”. Por ejemplo, debió estar consciente que era necesario aprovechar el inusitado y torrentoso ingreso petrolero para empezar a romper las bases del rentismo y no lo hizo. ¡Verdugo no chilla! No ganas nada con lamentarte porque el adversario saca su artillería. Como estas obligado a sacar la tuya para llegar a tu meta. El rentismo no se rompe con llamar a sembrar en el balcón o el jardincito de la casa de uno, menos en un país donde sobran tierras de alta calidad y hay bastante agua pese al fenómeno “El Niño”. Como tampoco con discursos románticos. Todo eso revela la enorme debilidad gubernamental y el reconocimiento del derroche del tiempo y los recursos.

           El gobierno, en materia económica, pese al gran apoyo popular que todavía tiene, luce contra las cuerdas y actitud como para que su jefe tire la toalla. A los bachaqueros, estos nuevos, que por miles se apoderan de artículos de primera necesidad para revenderlos a precios súper especulativos, que en un primer momento el gobierno les toleró porque cómo que aumentó la cifra del empleo informal y bajó la adrenalina, ahora los percibe como lo que pareció desde el principio, un grave daño a la economía nacional, por distintos motivos y un acelerador del estado de ánimo nacional. Pero no halla forma y fórmula cómo combatirlo por la amplitud del fenómeno, la coincidencia de intereses políticos y económicos de estos y las “Águilas Chulas” y la complicidad de agentes del gobierno y fuerzas públicas. El bachaquerismo pudiera ser hasta una manera de vengar la injusticia, generando más injusticia, y crear ese como estado de ánimo que hace, pese todo lo que intenta la derecha, a Venezuela parecer un manso plato lleno de agua. Pero pudiera estar engendrando un estallido descomunal.

            Pero el desconcierto y debilidad del gobierno, que me indujo al título, “¡No sé pa´ t!i ¡Pero pa´mi, el gobierno como si tiró la toalla!, se pinta en una propaganda que ahora ponen con insistencia en televisión. Es ni más ni menos una confesión de incompetencia, declaración de impotencia, una lloradera. El Estado le confiesa al ciudadano,  quien espera aquél le proteja, su debilidad, imposibilidad de hacer algo a su favor y se limita a explicarle cómo le hacen daño.

             -“¿Sabes….”, dice un locutor mientras una mano escribe y pinta en pantalla un caucho  para automóvil o un envase de mantequilla, “por qué no consigues cauchos de medida pequeña?”. Luego la misma voz responde, “las empresas decidieron sólo producir los de medidas grandes porque les es más rentable. Así ganan más y hacen aparecer al gobierno como culpable”. El mismo guión lo utilizan para la mantequilla.

            Siempre he pensado y creído en el talento del lector. Quien escribe no debe pretender explicarlo todo. Siempre habrá cosas, hasta abundantes y muy obvias que a uno se le escapan, por eso preguntaré a usted amigo que lee esto:

          ¿No significa eso que el gobierno se declara incapaz de “disuadir” a los productores que hagan lo debido? ¿No es esa una hasta descarada renuncia a su responsabilidad como órgano para imponer el orden y la responsabilidad de quienes él mismo ha otorgado ciertas funciones? ¿No cree usted lector que el Estado de esa manera se limita a explicar el porqué de esas carencias y anomalías pero no se compromete a resolverlas? ¿Será acaso verdad que la incompetencia gubernamental es tal que no se atreve a admitirla? ¿Es impertinente haber dicho?: “¡No sé pá ti! ¡Pero pa´mi el gobierno como si tiró la toalla!



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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