A Bolívar, "el pequeño capitán", nadie derrota. "Somos tantos hermanos que no los puedo contar"

A Lugo lo sacaron de la presidencia del Paraguay y no pasó nada. Por lo menos eso ha parecido hasta ahora. Es más, su apoyo se redujo a una pequeña fracción parlamentaria; pero todavía así, por lo que sabemos y lo que escuchamos pocos días atrás al ex presidente y obispo, la fuerza de la cual forma parte tiene serias posibilidades de retornar al poder, pues esta se viene ampliando con todo el descontento y los convencidos que fueron víctimas de otro engaño. Allá, los contrarios sólo ofertan y aplican lo mismo que Macri en Argentina. En Venezuela, pese lo crean un "secreto bien guardado" en un oscuro saco, se les ve las costuras y lo que hay dentro. Lo cierto es que, el gobernante que sustituyó al ex presidente paraguayo, tiene poco respaldo popular porque expresa fuerza y dirección contraria a la que trae la historia.

A Vilma en el Brasil, intentan sacarla mediante una artimaña que podría triunfar en el parlamento, entre pequeñas cúpulas alejadas del enorme movimiento popular que significa el PT de Lula, toda la gama de la izquierda y más allá de esta que, en aquel enorme país, sigue optando por una política favorable a los intereses de las grandes mayorías y también a la de extender los brazos para formar la ronda continental. Es probable que la derecha, confabulada con políticos, antes del lado de Vilma, pero hundidos en el fango de la corrupción, como el vicepresidente y Eduardo Cunha, actual presidente de la Cámara de diputados, fracase en su intento de deshacerse de aquélla por el enorme apoyo popular con el que cuenta y las serias denuncias contra los dos antes nombrados. Pero aunque lograsen mediante el ardid, la trampa legislativa, al margen de la voluntad popular, enjuiciar sin fundamento a la actual presidenta y hasta sacarla del cargo, tendrán que enfrentarse, tarde o temprano a la candidatura de Lula y al gigantesco movimiento popular que a este y la actual presidenta respaldan.

Todos los intentos contra Rafael Correa en el Ecuador y Evo Morales en Bolivia, han fracasado. He leído que sectores de la izquierda boliviana promovieron el voto contrario a la nueva reelección del actual presidente, pero eso no significa que hayan negado su respaldo a la política que este ha desarrollado pues, en fin de cuentas, es antiimperialista, procura que la justicia se imponga en Bolivia y se acabe la práctica de la acumulación excesiva de riqueza a cambio del aumento de la pobreza. Es difícil que allí retornen las prácticas ancestrales contra la población indígena y esta llegue a sentir alguna pequeña simpatía por quienes encarnan lo contrario al actual presidente. A los dos presidentes suramericanos antes nombrados, les han tirado de todo; el ya archiconocido guión del Departamento de Estado, que incluye las guarimbas, ha sido aplicado con detalles en los dos países ubicados en los límites y cercanía de la línea ecuatorial. No obstante, los movimientos que ambos representan, que en esencia buscan la unidad latinoamericana con todas las implicaciones que eso tiene, como el chavismo en Venezuela, siguen intactos y poderosos.

En Venezuela, la política que encarnó Chávez sigue vigente. El deterioro que pudiera haber sufrido la política que ejecuta el sector que gobierna, que no es sólo por los desaciertos, el inhibirse, dejar llevarse por las olas, ineficiencia, lo que incluye haberse dejado penetrar y hasta rodear por una secta amplísima de corruptos compuesta por agentes internos y externos, militantes estos de la derecha, sino también la planificación y ejecución de acciones de grupos políticos y económicos interesados en destruir y desacreditar la cultura y programa político del chavismo, no es suficiente para que a éste se le considere derrotado, en minusvalía y borrado de la mente colectiva. La idea que envuelve ese fenómeno llamado "Revolución Bolivariana" está viva y lo seguirá estando, pese todos los avatares que estamos confrontando, por eso mismo que dijimos antes, porque está y seguirá vigente. Por lo mismo que no es posible acabar con lo que ahora encarnan Lula, Vilma y Cristina Fernández.

Ese simplismo que dijimos antes lo conocen bien los gringos. Por eso, la política de ellos es esencialmente destruir en la mente colectiva todo lo que aquello significa. Inventar lo de corruptelas de Vilma, siendo los corruptos verdaderos quienes la intentan enjuiciar, y con ella a Lula, es procurar destruir todo lo que estos representan. La verdad la dijo Cristina Fernández, refiriéndose al asunto "The Panama Papers", buscando la ruta K, se refirió al apellido Kitchner – encontraron la ruta M – en este caso se trata de los Macri, quienes si aparecen, tres de ellos, el presidente, su padre y un hermano, entre quienes tienen inversiones ocultas en el paraíso fiscal canaleño.

En Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, hacen lo que les corresponde, de conformidad al guión del Departamento de Estado no para sacar a un presidente, como tantas veces lo hicieron en América Latina, sino volver cenizas una idea. Sacaron del poder en Argentina lo que Cristina representa, pero la idea está viva. Las políticas de Macri están generando fuerte resistencia justamente por aquello de las ideas de justicia y derechos del pueblo no derrotados.

A Bolívar, en su tiempo, creyeron haberlo destruido; tanto que le vieron morir solo y con una camisa prestada. Imaginaron que de sus ideales, con aquella infeliz muerte física en Santa Marta, se habían acabado todos; había fenecido también aquel sueño de la "Patria Grande" y de los cuerpos, manos, rostros nuestros, unidos hasta el final del espacio terrestre suramericano, allá en Cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes. Creyeron haber enterrado con camisa prestada, en la miseria absoluta y el olvido, aquella aspiración de verse iguales, hermanados y deseosos de unir sus fuerzas para levantarse a la altura necesaria y enfrentar a quienes quieren que sigamos arrodillados y dispuestos a cambiarles nuestras riquezas por pedacitos de platos trizados. El sólo hecho que usando los recursos de la nueva tecnología se hubiese elaborado una imagen de Bolívar distinta a la que de él sus enemigos se habían formado, la de un tipo débil, enfermo y acabado o parecido a la clase que siempre lo ha adversado, desató un alarmante estado ánimo que más que rechazo a la imagen se parece al miedo.

Pero Pablo Neruda, el grande poeta del sur, de este del cual somos todos nosotros, una mañana fría se lo encontró en una calle de Madrid, de cuando el Quinto Regimiento del general Modesto, tan modesto como su nombre y ser en verdad un obrero revolucionario que combatía el nazi fascismo y en favor de la república y la democracia, le llamó "pequeño capitán", le dijo "¿eres o no eres o quién eres?" y recibió como respuesta:

"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

Y por el poeta haber dicho aquello, por el grito "Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina", que se escucha en los confines de la "Patria Grande", recorre el lomo de las cordilleras andinas, las costas frescas del Caribe, cabalga sobre indomables olas, a lo largo degigantescas llanuras, espacios pletóricos de agua, pese el "El niño", las exuberantes selvas amazónicas, y por esta nueva imagen que ratifica que no hubo un Bolívar manso, maleable, irresoluto y derrotado, sus enemigos, quienes nada quieren de lo que él quiso, de repente se han aterrorizado y ese estado de ánimo les incita a pasar tabla rasa sobre todo y todos lo que con él se identifique.

Todo ese movimiento antiimperialista que desborda América la nuestra, no tiene parangón en nuestra historia. Podrán derrotar al movimiento popular aquí y allá con toda clase de maniobras; pudieran sacar a algún presidente ganado para la idea de la "Gran Patria", pero no podrán detener que ese sentimiento crezca porque no hay salida. Sólo tienen de su lado el gran poderío militar; esa su carta nada secreta y sus poderosos medios de comunicación que hacen que muchos vean el mundo al revés. Intentarán por todos los medios llevarnos a su terreno, al del toro, el de la bestia, donde esta embiste con fuerza y certidumbre. Lo nuestro es manejarnos como los buenos maestros de la tauromaquia; capotearlos, llevarlos con pasos largos y en redondo sin permitirles que usen su fuerza bruta y artera puñalada. Es el momento de los grandes estrategas de la política, como lo fueron de la guerra el mismo Bolívar y el Gran Mariscal de Ayacucho. Hacer que sus armas se apaguen.

Eso lo saben los grandes magnates de la política estadounidense y de la OTAN. Los pequeños, los de acá, suelen estar más enredados que la estopa y creen que sólo se trata de deshacerse de este o de aquel, como en los viejos tiempos. Olvidan que ya no es asunto de personas, personajes, mesías o líderes ocasionales.

Bolívar es un huracán de ideas por el cambio y está despierto. Su pequeña figura, encendida de una fuerza gigantesca, como un efecto telúrico y enorme talento, está por todas partes. En el tú, el nosotros y ellos. Está vivo y activo. Estos pueblos, como nunca antes se ven a la cara, se observan sus cuerpos y cicatrices; leen los pergaminos que cada uno carga y se descubren hermanos. ¡Somos hermanos! ¡Estamos "destinados por la providencia" a unirnos para defendernos de quienes quieren hundirnos en la miseria y arrebatarnos nuestras riquezas! ¡Es el mismo conquistador que regresa, con otro rostro, nuevas artimañas, ahora en los estertores de su agonía!

Cada derrota nuestra se volverá contra ellos; porque volveremos multiplicados en el número y la osadía.

Como canto el gran Atahualpa Yupanqui:

"Somos tantos hermanos

que ya no los puedo contar".



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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