¡Alerta! El valor de cambio sólo rige para el trueque

El truque será algo inevitable al fin con las "bolsas de comida".

Ocurre que el valor de cambio es la medida de la cantidad de trabajo[1] que, con una productividad media o macroeconómica, ha insumido una mercancía, razón por la cual, cuando nos enfrentamos al comercio desarrollado y concretamente al mercado mediado por el dinero, y este es nuestro caso actual, el Estado haya dispuesto que con inclusión de las mercancías fabricadas por la empresa privada ellas se vendan al precio de costo-costo de producción-y al cual agregarían por ley política una tasa máxima de ganancia.

Sin embargo, el Estado ha dejado a un lado que en el mercado privado la ganancia priva sobre sobre el valor de uso[2], priva sobre sobre cualquier disposición política ya que la ganancia está subsumida, de hecho y de derecho en el mismísimo precio de mercado, y este precio de mercado no puede ser regulado por el Estado, salvo que él tenga un control directo, eficiente y nacional sobre toda oferta que salga al mercado, para lo cual y de perogrullo se impondría una economía plenamente socializada y planificada en todas sus partes tanto en la producción como en la distribución correspondiente.

Así, por ejemplo, CON LAS BOLSAS DE BIENES DE LA CESTA BáSICA que se hallan en pleno proceso de implementación, salvo algunas tardanzas en la provincia, podría darse el truque ya que si las bolsas vienen con cantidades estandarizadas, es muy posible que a algunas familias les falte algunos bienes y a otros les sobre. Ante estas discrepancias, las familias podrían perfectamente practicar trueque dentro de la comunidad y con sujeción a los precios justos que el mismo Estado habrá colocado en dichos bienes.


[1] Esta afirmación descansa en la versión científica, valga decir, la v. marxiana o marxista cuando los así identificados hayan asimilado plenamente y sin farsa alguna la v. ya citada.

[2] De allí que el Estado condene enfáticamente el hecho de que en el capitalismo todos los bienes sean tratados como mercancías y no sólo como bienes útiles a la sociedad de conjunto. Ahora bien, si a ver vamos, la sociedad capitalista no puede manejarse ni apreciarse como un todo sin tomar en cuenta que estamos frente a una sociedad clasista. Así, para la clase burguesa no existen consumidores a quienes se destine por trueque las mercancías producidas o importadas, sino clientes solventes a quienes venderles al precio más elevado posible, sin más restricción que la competencia reinante en el mercado. Para la clase burguesa no existen bienes satisfactorios de la cesta básica, existen mercancías y estas representan dinero, independientemente de que por razones técnicas y de mercadeo el valor de cambio y su precio de mercado deba ser soportado por algún valor de uso.



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Manuel C. Martínez


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