Historia sabida

Cuando el presidente Chávez estaba por concluir su segundo período de gobierno, enfermó gravemente. A pesar de las advertencias médicas de guardar reposo y de reducir la actividad física, Chávez continuó en las calles haciendo campaña para su próximo período presidencial. Su popularidad y arraigo entre la gente eran tan abrumadores que, cuando la enfermedad se hizo más intensa, él forzó aún más la barra, llegando a inmolarse por su pueblo. Resultó ganador en las elecciones, pero su enfermedad se agravó y al poco tiempo falleció. Por ley, el entonces vicepresidente Nicolás Maduro le sucede en el cargo y la Asamblea Nacional llama a un nuevo período de elecciones, donde Maduro resulta ganador frente a su contrincante político por un escaso porcentaje de votos, y asume el desafío. La derecha había hecho su campaña afincada, sobre todo, en la idea de que el chavismo y toda la lucha emprendida por él y la mayoría del pueblo habían muerto con Chávez, y ahora había que cambiar el modelo. No se resigna la derecha ante su derrota, y comienza una feroz batalla para desconocer los resultados de los comicios, llegando incluso a decir que el Consejo Nacional Electoral había falseado las cifras reales de los votos para favorecer a Maduro, ignorando la voluntad mayoritaria y las opiniones neutrales de observadores internacionales, que consideraron al sistema electoral venezolano como uno de los más transparentes y confiables del mundo. Desde ese momento, los grupos de la derecha representados principalmente por Capriles Radonsky, Leopoldo López, Julio Borges, María Corina Machado y Antonio Ledezma, fundaron partidos mediante los cuales crearon organizaciones para sabotear las iniciativas del gobierno de Maduro, con la anuencia del entonces alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. Justamente en esos días crean la conocida "Mesa de la Unidad Democrática" buscando convalidar todos sus movimientos de calle, los cuales carecían de un mensaje político, de contenidos ideológicos, programáticos o económicos, y se redujeron solamente al sabotaje y la calumnia. Las proporciones de ese sabotaje fueron creciendo de tal modo, que llevaron a sus líderes a armar tinglados de calle para arengar a grupos de disidentes, e incitarlos a una rebelión contra lo que ellos llamaron y aún llaman "el régimen", identificándolo con el totalitarismo fascista o comunista. María Corina Machado acudió a Cortes Internacionales (ONU) para intentar desprestigiar al gobierno, donde fue desoída. No olvidemos que Machado, desde el seno de la Asamblea Nacional donde era diputada, animaba constantemente a la violencia en las calles y en los alrededores del Parlamento, lo cual le valió la expulsión justificada (estaba en las leyes) de esa institución. Mientras, Leopoldo López hacía lo suyo con el movimiento llamado "La Salida" donde incitaba directamente a los ciudadanos a un golpe de estado a través de la rebelión violenta de calle, usando bombas, granadas, gases tóxicos, barricadas, quemas de cauchos y basura, para luego dirigirse a construir las llamadas "guarimbas" las cuales proliferaron por todo país, y donde participaron francotiradores, asesinos y terroristas profesionales camuflados de estudiantes, grupos armados y pagados con fondos de organizaciones criminales del extranjero. Fue un sistemático acto de vandalismo que cubrió todo el territorio nacional, organizado y estimulado constantemente por Leopoldo López, quien en numerosas oportunidades incitó a la violencia en las calles, (secundado por Capriles, quien llamó "a descargar esa "arrechera" del mismo modo): hay incontables filmaciones, grabaciones, videos, llamadas telefónicas grabadas que funcionan como pruebas y documentos irrefutables, suficientes para inculparlos como los responsables intelectuales de estos actos de vandalismo criminal, que requirieron de las respectivas sanciones jurídicas. No haberlo hecho hubiera sido una enorme irresponsabilidad, incurrir en la impunidad ante un hecho delictivo comprobado; tal el caso de los supuestos "estudiantes" que actuaron como responsables directos de los cuarenta y tres ciudadanos muertos en las guarimbas; jóvenes disociados doblados en conspiradores cuando se les grabó en conversaciones directas con políticos como Álvaro Uribe y con empresarios ya conocidos por todos, para planificar asesinatos de líderes políticos del proceso, como Robert Serra. Ante los intentos de muchos familiares de los delincuentes presos y de la esposa de López, Lilian Tintori, de reivindicarle internacionalmente como líder o héroe de la oposición, se constituyó un Comité de Víctimas de la Guarimba que ha elevado sus denuncias a los respectivos tribunales, a fin de que se siga haciendo justicia.

Al fracasar esta intentona por la vía violenta, la derecha ensaya un nuevo modo de sabotaje: una guerra económica por vías del acaparamiento de productos de primera necesidad por parte de la empresa privada, y la reventa ilegal de esos productos a precios hiperinflados por cadenas de comerciantes ilegales y contrabandistas, aunados al factor del descenso dramático de los precios del petróleo en el mercado, generaron inseguridad e inestabilidad anímica en los ciudadanos, pérdida de la confianza en el gobierno, produciendo un caos social en nuestro país que tuvo consecuencias nefastas. Cuando la derecha en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 alcanza una mayoría en la Asamblea Nacional, justo dentro de este escenario de desilusión y precariedad, presenta ahora como uno de sus proyectos para sacar al país de la ruina, la aprobación de una supuesta ley de amnistía para que todos los crímenes perpetrados durante las guarimbas sean perdonados, indultados y hasta olvidados, en pro de una hipócrita "reconciliación nacional". Desde la Asamblea, su presidente Ramos Allup ha calificado públicamente a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia como "criminales que deben estar presos y no haciendo sentencias". Para lanzar semejante improperio contra el máximo tribunal de la nación, este personaje debe estar contando no sólo con los votos de sus simpatizantes, sino de algún otro apoyo fuerte no sólo de empresarios y financistas, si no de gobiernos extranjeros poderosos que le apuntalen en la sistemática obsesión de deponer el gobierno de Maduro en un plazo de seis meses (ya sólo le restarían cuatro), promesa que hizo el mismo día de investirse como presidente del organismo.

Todos y cada uno de los capítulos de este proyecto de ley que se han dado a conocer por los medios, están redactados explícitamente para exonerar de culpa a los criminales de los actos cometidos en las guarimbas, cortados como trajes a la medida para sacar de la cárcel a sus culpables, haciéndolos aparecer como víctimas inocentes, cuando en verdad son ellos los victimarios. Otorgar validez a este proyecto de ley sería una traición a la moral ciudadana y a la dignidad de la República.

No se trata, por supuesto, de eternizar a un solo modelo o tendencia en el gobierno de este país, o de proclamar un fundamentalismo chavista a quemarropa, llamando traidores a personas que se atrevan a disentir; ni de justificar todos los errores que hemos cometido en materia económica. Si no aceptamos nuestros errores y creamos nuevos liderazgos, no iremos a ninguna parte. Debería haber una oposición responsable, con miembros honorables y probados, políticos serios y con criterios bien formados, profesionales con ideas reales en la cabeza, con una filosofía coherente cualquiera que ésta sea, pero coherente.

Se trata en todo caso de crear nuevas organizaciones que tengan proyectos humanistas y políticos serios, que dinamicen la sociedad a través de luchas colectivas, donde la teoría vaya concatenada con la praxis, una praxis sensata de acuerdo a las características socio-económicas, culturales y simbólicas de nuestro país. Porque un gobierno que no acepte la crítica y el debate, tampoco será un gobierno justo. Pero mientras las opciones sigan siendo los mismos ritornelos de una política neoliberal genocida, depredadora de la naturaleza basada sólo en la ganancia pecuniaria a toda costa, fundamentada en una supuesta libertad de empresa y heredada de la crisis mundial del capitalismo, tampoco iremos a ninguna parte.



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Gabriel Jiménez Emán

Poeta, novelista, compilador, ensayista, investigador, traductor, antologista

 gjimenezeman@gmail.com

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