El diablo ta en los detalles

La realidad política nacional sigue marcada por el tema económico, no se equivocó Lenin al definir la política como: «la expresión concentrada de la economía»; lo cual, no debe interpretarse como una definición reduccionista, sino que la dialéctica va dando el valor que merece a cada variable que compone la expresión algebraica empleada por Lenin, lo que no deniega que en algún momento: «lo político», alcance supremacía sobre «lo económico». En los bosquejos de su artículo: «Las tareas inmediatas del Poder Soviético», Lenin escribió: «La tarea de dirigir el Estado, situada ahora en un primer plano ante el Estado Soviético, ofrece además la particularidad de que ahora –y, sin duda, por primera vez en la historia de los pueblos civilizados– se trata de tal dirección en que no es la política la que adquiere un significado predominante, sino la economía». No ha sido, sino después de la derrota del pasado 6D, que la Revolución Bolivariana entra en conciencia que: «la economía» y las tareas que ella encierra, en particular: las transformaciones de la estructura económica, aún vigente, de capitalismo rentístico parasitario, deben realizarse con extrema urgencia para la sobrevivencia de la propia Revolución y sus grandes conquistas históricas en lo social, cultural y reivindicativo para la clase trabajadora. Los tiempos, apuran las decisiones trascendentales que debieron tomarse mucho, pero mucho tiempo atrás. Peor aún, en un escenario en que las fuerzas de la contrarrevolución imperialista han seleccionado, precisamente ese, como el mejor escenario para derrotar a la Revolución Bolivariana y sus resultados están a la vista de todas y todos, en las cifras electorales del pasado 6D.

Si bien, la dialéctica trata de la «cosa misma», como dijera Kosik; la «cosa misma», no se nos manifiesta de manera inmediata, para captarla se requiere no solo hacer un esfuerzo, sino también darle un rodeo, hurgar en la búsqueda de la verdad del fenómeno que queremos darle una explicación. El concepto de la «cosa», es la comprensión de ella, y comprender lo que la «cosa» es, significa conocer su estructura. El rasgo más característico del conocimiento, afirmaba Kosik, consiste en la descomposición del todo: «El conocimiento se realiza como separación del fenómeno respecto de la esencia, de lo secundario respecto de lo esencial, ya que solo mediante tal separación se puede mostrar la coherencia interna y, con ello, el carácter de la cosa» (Dialéctica de lo Concreto, Karel Kosik). El que nuestro pueblo, no haya comprendido la naturaleza de esa «cosa» que nuestro gobierno ha dado en llamar como «guerra económica», se debe en mucho a la política reformista que ha caracterizado su actuación, inexplicable desde todo punto de vista, ya que si existe una burguesía en guerra contra todo un pueblo, y el gobierno que dice representarlo, le ha entregado tal cantidad de municiones (dólares) como nunca antes en toda nuestra historia para que bombardee precisamente a ese pueblo que dice representar, difícil entender tal «guerra». Cómo explicar, que siendo el Estado quien produce y maneja los dólares que circulan en nuestra economía, maneja nuestra principal industria: PDVSA, y cerca de un tercio del abastecimiento, además de los poderes públicos, al menos así era hasta diciembre pasado, el imperialismo de los EEUU, y sus agentes: Fedecámaras, la MUD, la Conferencia Episcopal, la AVERU, sus medios de comunicación impresa, digital, radial y televisiva, entre otros, hayan podido torcerle el brazo. Incapacidad para gobernar? Falta de claridad en cuanto a los objetivos trazados por nuestro Comandante Chávez, para garantizar la continuidad a perpetuidad de la Revolución Bolivariana? O se equivocó nuestro Comandante Chávez, en dejar el liderazgo del proceso Bolivariano en la persona menos indicada: un trabajador de la Patria?

La política reformista, nos coloca al borde de un abismo del cual solo es posible salir sobre la base de retomar la senda del sendero perdido: el Socialismo. No existe otra fórmula de salvación. Mientras los agentes del imperialismo, ahora disfrutan de su mayoría parlamentaria y amenazan al pueblo con expropiarlo de todos los grandes beneficios históricos que pudieron alcanzar gracias a la Revolución Bolivariana, y se debaten sobre el método de salir de Maduro a la mayor brevedad posible, con lo cual echan a un lado su principal promesa electoral, que les hizo ganar la benevolencia del pueblo: resolver la crisis económica; echando por la borda su gran capital político alcanzado en diciembre pasado. Las fuerzas de la Revolución, se diluyen en las llamadas soluciones macroeconómicas: declaratoria de la emergencia económica, decretar la unificación cambiaria, impulsar el sector exportador para generar divisas, incrementar el precio de la gasolina, restringir las importaciones. Así, mientras unos se encierran en las soluciones políticas de la crisis: salir de Maduro; otros por el contrario, van al abordaje del tema económico, el Gobierno, desde una perspectiva de la macroeconomía. Ni uno ni otro, abordan los problemas centrales que hoy aquejan con suprema dureza al venezolano o venezolana de nuestros tiempos. Insistimos, ambos actores políticos se han desvinculado de la dura realidad del pueblo venezolano.

Marx inicia su obra más célebre, El Capital, con el análisis de la mercancía. ¿Qué es la mercancía? Pues, un objeto exterior y, a primera vista, una cosa simple. Es una «magnitud» con la que el hombre, la mujer, que vive en la sociedad capitalista tiene un contacto cotidiano, casi a diario. Y es, a partir de lo cotidiano, que Marx se eleva en su análisis de «la cosa misma», en su fenoménica, es decir, como valor de cambio y, solo después, procede al examen de su esencia: el valor. Esa forma de analizar «la cosa», ha faltado a ambos actores de la política nacional cuando intentan abordar las soluciones a la crisis que hoy afecta a nuestro pueblo de manera dramática. Recientemente, se quejaba un diputado oposicionista de Primero Justicia, José Antonio España, quien denunciaba a un medio de la burguesía: «Los aeropuertos y sobre todo los terminales de Venezuela, incluso los ferrys, están abarrotados, pero de bachaqueros, de gente que está haciendo negocios aprovechándose de la necesidad del venezolano que quiere pasar sus vacaciones en el interior…» (El Universal, 08-02-2016). Ocurría con el diputado oposicionista, lo mismo que con su amo del norte, una vez que creó al Estado Islámico, ahora se queja de sus atrocidades. Barbaridades que, por cierto, no son más que el producto acabado de un entrenamiento y capacitación inducida por sus fuerzas militares y de inteligencia, en especial: la CIA. ¿Quién creó y expandió el bachaqueo, y los bachaqueros, en nuestra economía? Acaso no fue la misma burguesía (Fedecámaras), recibiendo fuerte apoyo mediático que los presentó como inocentes «nuevos emprendedores», para lo cual, se valió del control casi que total que mantienen de las cadenas de distribución, como bien lo explica el camarada economista Carlos Lazo, director del Instituto de Investigación Bolívar-Marx: «Nosotros no controlamos la distribución de alimentos, porque la mayoría es privada; tenemos el 70 % del PIB privado, y significa que ellos tienen todas las redes de distribución, donde ejecutan las maniobras de escasez programada, ¿a través de qué? del acaparamiento».

«Le pregunté a la verdad, y la verdad me mintió, y si la verdad miente, en qué puedo fiarme yo…» (Atahualpa Yupanqui, Coplas de Bagual). Cuán difícil le ha costado al Gobierno del camarada Maduro, hacerle comprender a nuestro pueblo las causas y los causantes de sus penurias cotidianas. Más aún, cuando nuestro pueblo observa ahora con mayor nitidez, en cuanto las colas se han incrementado con mayor agudeza, que actores surgidos desde nuestras propias filas, son quienes les vienen haciendo su vida más dura, imposibilitándoles el acceso a sus alimentos, medicamentos, bienes de limpieza personal, entre otros muchos más e incluso, como lo señala el diputado, hasta sus boletos para poder viajar.

La economía venezolana como un todo, hoy se resiente del flagelo del bachaqueo. Una economía totalmente delictiva y parasitaria, ha resultado ser ese engendro del mal que ha creado la burguesía parasitaria en su desfiladero hacia el basurero de la historia. Por ello, estimamos que es hora ya, y de ello dependerá su continuidad al frente del Estado, que el Gobierno del camarada Maduro enfrente con toda la dureza y las armas que la República ha puesto bajo su conducción, al bachaqueo y al bachaquerismo a ello asociado. Éste es, quizás, el principal mal que aqueja nuestra población. Expresado, no solo en las conductas delictuales de un sector empresarial como Mendoza, que aún no se acostumbra a dejar de vivir –parasitariamente- del dólar ajeno, sino en el menudeo de un compatriota que siendo vecino del barrio, poco le importa sustraer del Mercal el alimento subsidiado, colocarle una bolsa transparente y revenderlo a mil veces su costo de adquisición a precios subsidiados, y mucho que está costándole al Estado venezolano mantener dicho subsidio. Igual de criminal, es el lumpenburgués que sustrae miles y millones de dólares de la Nación para estafarla, como el simple ciudadano que sustrae los alimentos subsidiados o cualquier otro producto para el pueblo para luego revenderlo al mil por ciento de su valor en los mercados municipales, las calles del Municipio o a través de las redes sociales.

Mal cálculo, hacen nuestros gobernantes municipales y estadales al cubrir con un manto de impunidad al bachaquero, creyendo que al hacerlo están garantizándose su futura reelección. Los resultados del pasado 6D, dan cuenta de cuánto daño hacen quienes han optado por esa forma de ejercer la economía delictivamente. Es hora ya, que Alcaldes y Gobernadores ejerzan sus responsabilidades en las zonas que están bajo sus jurisdicciones. El bachaqueo y los bachaqueros, debemos convertirlos en el símbolo más perverso de lo que fue la «guerra económica», tal como lo fue el Estado Islámico para los pueblos Sirio-Iraquí. No esperemos que los rusos vengan a solucionar ese grave problema, contamos con una Fuerza Armada Bolivariana y un pueblo, ganados ambos, para dar esa batalla decisiva. Tan solo falta, la dirección revolucionaria que la asuma y dirija. Tiene Usted la palabra Presidente Maduro. ¡Ahora o nunca! No habrá segundas oportunidades…

 

 



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Henry Escalante


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