Fuente Literaria

Las Gaviotas bajan a picotear las sombras

Pasé, parte de mi vida en un eje territorial  cerca de la frontera con Colombia, la empresa eléctrica donde trabajaba mi padre le asigno una casa y era el primer mecánico Diesel, dentro del campamento convivían más de cincuenta soldados de la Guardia Nacional custodiando esas instalaciones, siempre bajaba a la portería a dialogar con ellos y tener oportunidad que me llevarán a que unas jóvenes que residían en la  trasandina y me dieran de comer pastelitos con carne, la termoeléctrica  era resguardada porque estaba a la derecha de un gran rio que movía sus turbinas para generar luz eléctrica.

En las tardes. Luego de mi llegada del colegio, corría al club para darme unos saltos de agua en la piscina, algunas veces mi padre le enviaba unas notas a las monjas del urbanismo de Táriba para que viniesen  al club, le pasasen películas de Cantinflas a las muchachas y llenarlas de regalos que provenían de Cúcuta.

Hace más de diez años, no doy una conferencia,  se basaban en oratoria y desarrollo de la personalidad, la idea central era formar jóvenes en el liderazgo político y llevarlos a las instituciones a trabajar. Era una labor de suma preocupación, compartía mi tiempo en Valencia entre la Universidad y la política, como entretenimiento  cumplía un horario rígido en el Polideportivo Misael Delgado practicando judo, natación, algo de pesas y atletismo. Allí llegaron unos norteamericanos de la Misión Alianza para el Progreso enviados por John. F. Kennedy para alimentar de ideologías funcionalistas a los nativos de Latinoamérica.

En mi época de joven estudiante, almorzaba en una pensión de San Juan de Colón y el comedor estudiantil del  Municipio. Salíamos a las tres de la mañana de La Fría, dos muchachos de las adyacencias y yo en un vetusto autobús para estar a la seis de la mañana en el liceo Tulio Febres Cordero. La orilla de la carretera estaban sembradas de lechuga y hortalizas, la comida siempre en ese tiempo de la vieja República  fue sana, nunca transgénica como ahora y, donde las transnacionales de alimentos le adhieren químicos a los alimentos para infectar de cáncer nuestros organismos.

Todavía, escribo sobre mis sueños infantiles. Los evangélicos me dieron la gran estocada final, me crié entre ellos, desde los tres años, conocí todos sus primeros misioneros irlandeses e ingleses que venían a ésta tierra a conquistar almas para Jesús, vinieron en grandes barcos con sus carpas extendidas para abrir cada noche la Biblia y explicarle a la gente, las bondades del evangelio, pero, ellos jamás comprendieron esa realidad.

Me hice escritor desde muy joven,  tenía las fantasías adecuadas para llegar a esa verdad. Logre una experiencia de vida en el periodismo a manos de José Aguilar López, Carlos Viso del Prette y Guillermo Antón Santana, a quién visité en sus últimos momentos en su vieja caso de Tocuyito, donde imprimía un semanario llamado Libertador, donde logré escribir algunas columnas.

Es el momento de soñar y escribir, ante un país que se hunde en el caos por incidencias de unos extranjeros que creen que estamos en el Dorado de los españoles y, que obviaron que el Estado Bolívar se extendía hasta  el Delta del Orinoco para ligarse al mar y formar una sola torrentera de agua.

Nunca he estado en negación, preparé mi supraconciencia a no fallar, sí me he sentido en algún momento deprimido es por incidencia de terceros, creen que soy un ultrahombre para resolverles problemas domésticos, eso incluye a mis seres más cercanos, es como una burbuja que infla y bota aire a granel. Nadie se preparo en América Latina para ésta era galáctica, en el campo político, solo uno, Evo Morales que es un indígena y no se alimenta de las transnacionales.

Tuve la oportunidad de realizar mis sueños infantiles, al lado de mi tío político, Juan Leones Bello. A mi primo Alexis y a mí nos llevaba siempre a la Base Naval Agustín Armario de Puerto Cabello, pude conocer todas las fragatas y destructores venezolanos hasta un submarino, es genial y espectacular vivir esa experiencia.  Cada experiencia se convertía en una expectativa  y ellas se convirtieron en una fortuna,

El dinero era frugal, nos adecuamos a él, Mi madre me compraba los mejores vestuarios infantiles de la época, mientras mi padre se encontraba en Cuba, hasta que se decidió venir a vernos y lo pusieron detenido en la vieja Cárcel Modelo de Caracas, la época de la IV República fue terrible, hubo muchos muertos inocentes que los barrían a metrallas limpia y la ciudadanía no tiene conciencia de ello, sigue votando por esa cuerda de delincuentes agazapados en el campo político e ideológico.

Siempre, tendré que decir la verdad, Somos buenos, como son nuestras palabras, la honestidad debe ser nuestro único recurso moral, es una cultura social y política, tenemos que revisarnos de nuevo. Fue un sabio consejo dado por el Comandante Hugo Chávez Frías en Mariara, cuando trabajaba en educación media en ese eje terrestre, siempre llegaba a un negocio y nos brindaba café y empanadas, solíamos reunirnos periódicamente en esa institución para hablar sobre las reformas constitutivas. Chávez, un hombre optimista ante la historia.

Hoy, la gente quiere todas las cosas con menos esfuerzo, pocos quieren trabajar y producir, las estrategias políticas y sociales deben hacerse a largo plazo, nunca a cortos plazos.

Lo importante no es mentir. La mayoría de los venezolanos mienten ante una realidad. A futuro, todo puede ser peor, si no se respetan los parámetros, nunca, hablemos mal de nuestro prójimo.

La gente ignora a la Venezuela de hoy, simplemente quieren ser del montón, no desean cambiar. Cuando, estemos en una condición de poder, debemos trabajar más, nunca pedir, sepamos canalizar nuestro escenario en éstos momentos críticos del Capitalismo, dañamos nuestra moneda sin razón y nuestra voz poco se mueve para explicar éstas realidades, el metro, transporte, tecnología y medicamentos. Solo pensamos en el Zika, Dengue y otras enfermedades provenientes del laboratorio de Los Rockefeller y Bush, quienes se alimentaron de Venezuela con sus ´pavones y haciendas.

Es el momento de seguir creciendo al lado de Bolívar y Miranda, Sucre. Sin olvidar a Zamora y el promotor de éstas ideas nuevas hacia la República, pero, nunca supimos valorarlo, le pagamos con la traición y falsedad, robando los dineros públicos.



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Emiro Vera Suárez


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