Capital constante, capital variable y capital inorgánico

Los valores de cambio son abstracciones. Sólo los

valores de uso tienen una realidad concreta.

El trueque se da entre valores de uso,

el comercio, entre v. de cambio.

El valor de uso pertenece a

la producción; el v. de

cambio al mercado.

La idea es que el valor de cambio no se produce en la fábrica ni en el mercado; son abstracciones. Se produce valores de uso con cierta cantidad de trabajo humano; a esta cantidad media de trabajo realizado damos en llamar valor del valor de uso o bien producido. Cuando a este valor lo cuantificamos lo llamamos valor de cambio, mismo con el que llega al mercado transformado en precios de producción que luego se justarán al precio del mercado que facilita el intercambio de los valores de uso que son sus portadores. En este mercado suelen diferir los valores de los precios de mercado con lo cual el valor de cambio inicial suele apartarse en más o en menos del valor de mercado o precio de venta.

Digamos, pues, que los intercambios comerciales son intercambios de fuerza media de trabajo realizada en los centros fabriles. Esta es la idea del trabajo social, de que todos los trabajadores trabajan para todos sin que ellos mismos perciban esa socialidad laboral, habida cuenta de que trabajan en centros fabriles aislados en el espacio y, además, con medios de producción que en el sistema capitalista no les pertenecen, y donde, por el contrario, sólo fungen de propietarios de fuerza de trabajo de la cual se desprenden cuando se las compra con salarios el dueño de la empresa para la cual trabaja.

Al salir de la fábrica, el trabajador se desentiende de los bienes que elaboró, desconoce cuánto valen, y luego acude al mercado donde aquellos bienes parecen existir en nombre y a nombre de las empresas, y por consiguiente tendrán como "valor de mercado" un precio de mercado no vinculado cuantitativamente al valor trabajo que haya costado en fábrica.

Como si fuera poco, el valor dinerario de las mercancías será representado en el mercado por otras mercancías adecuadas, y propiamente por el dinero. Descubrir la esencia de este tipo de mercancía le llevó a los investigadores más de 2.000 años. Este hallazgo lo realizó Carlos Marx.

Este dinero, por su parte, podrá ser dinero fiduciario o admitido por la sociedad sin consulta alguna de los trabajadores que son los productores de todas las mercancías tanto como valores de uso como depositarios del valor trabajo. Inclusive, las monedas con valor per se, como las hechas con metales preciosos, terminan siendo mercancías fiduciarias ya que el mercado les asigna valores cambiantes con arreglo a la dinámica que se suscita entre una producción anarquizada, como lo es la producción capitalista, y la correspondiente demanda no menos anárquica.

Todo valor de uso es un valor, y este puede trocarse por otros, y es también un valor de cambio que lo capacita para ser intercambiado en el mercado como mercancía.

Es este precio de mercado el resultado de equilibrios y desequilibrios inevitables para la normal marcha de la sociedad burguesa, salvo que el poder de los capitalistas sea tal que termine injiriendo en la formación de ellos y doblegando al Estado rebelde, o el Estado se muestre intervencionista. Ambos, la burguesía y el gobierno de turno, son potencialmente perturbadores de la libre formación de los precios de mercado. Son librecambistas o proteccionistas excluyentemente cuando el Estado los fija para frenar los abusos que vive cometiendo todo empresario que por naturaleza propia jamás estará conforme con el precio de sus mercancías es decir, con el tamaño de sus ganancias anuales, o son ambos librecambistas de común acuerdo cuando el Estado sirve incondicionalmente a la burguesía y deja indefenso al consumidor. No hay otras salidas. Cuando el mercado se anarquiza, los diálogos son improductivos, la empresa privada se ajusta a la conveniencia popular por imperatiovo del Estado, o la burguesía destroza al país..



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Manuel C. Martínez


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