¿Qué justifica el alza diaria de los precios sin que el Estado los congele para restablecer un equilibrio transitorio?

Pensamos que hay una incongruencia entre la apreciación del Estado sobre las causas de la inflación inducida, la estructura de costos, los precios del mercado y el libertinaje comercial para irrespetar las paridades oficiales del dólar. Esto es grave. Debería, por lo menos, paliarse de inmediato.

La causa, a su vez, de ese grave error e incongruencia entre el Estado y el presente libertinaje o anarquía comercial radica en que el problema económico de fondo está siendo analizado como si fuera un problema técnico, diagnosticado e intentado remediarse según los inelásticos criterios de los honorables Ingenieros involucrados en esta temática nacional, económica y política por excelencia, más allá de los sencillos y cuantificables cálculos técnicos de cómo producir y qué producir. Hasta los empíricos suelen meter su cauchara en este problemón de alta exigencia profesional en lo político y en lo económico.

Los precios actuales tienen tiempo subiendo sin justificación económica alguna ya que el valor de las mercancías no suele cambiar de un día para otro, pero sí pueden hacerlos los precios del mercado ante una escasez inducida, una ralentización de la producción, y, con mayor fuerza, una lenidad pasmosa en la aplicación de medidas severas contra todo comerciante que viole las leyes vigentes. Entre estos violadores simultáneos se hallan por igual la alta burguesía fabril y comercial y los medianos y pequeños comerciantes. Esto se llama anarquía del mercado.

Es difícil entender cómo un comerciante sancionado por estas infracciones puede seguir operando y subiendo precios que a su vez le suban sus proveedores sin que estos sean fuertemente sancionados.

La excusa del dólar paralelo no encaja en la presente legislación ni en la Constitución. Por esta razón, estamos ante un comerciante y un fabricante subversivos frente al cual no pueden seguirse oponiendo medidas técnicas de cómo incrementar la oferta ni fijar tasa de ganancia.

Una medida, repetimos, más eficaz es una de índole política. La congelación de precios al mayor y al detal. La revisión y hasta exclusión comercial de todo comerciante que se le halle sumado a esta anarquía.

Es un hecho económico, no técnico, que cuando un comerciante alza su precio de reventa lo hace, más que por el incremento de su precio de compra, porque en ello le va una mayor ganancia por el mayor capital invertido; es como si la demanda le creciera en número de clientes, ya que bien podría reducir su tasa de ganancia sin dejar de seguir ganando. Este procedimiento está ya regulado y prohibido en las leyes vigentes. Sólo falta la sanción con la severidad que amerita un estado de anarquía comercial.

Los líderes políticos que vienen aupando esta anarquía entran en las causas de esta anarquía y su carácter subversivo queda evidenciado, razón por la cual hacer de sus actuaciones subversivas motivos de shows mediáticos y de parodias humorísticas resultan poco menos que estúpidas.

Otra medida sería la intervención de las empresas mayoristas y la de sus proveedores. Por ejemplo, la venta de mercancías importadas que sufran esas alzas ilegales debe ser prohibida.

De poco serviría seguir incrementando salarios que sólo servirían para que los precios anárquicos lo sigan haciendo: De poco servirían los diálogos y dialoguitos que no son ni serán atendido por comerciante alguno.

31/01/2016 11:01:10 a.m.



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Manuel C. Martínez


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